LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

18 de marzo de 2018

AMÉN

Mateo 13, 44
   “El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo; lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno.
    
    Amados: Es fácil ser amoroso sin que el amor venga del Señor. Es fácil decir la verdad si es nuestra verdad o si es la verdad de Cristo, dicha con nuestra clase de amor. Es fácil obrar el bien y quedarse con los méritos más abajo del cielo. No hemos de dar vueltas a la vida espiritual, tenemos que lograr que el Espíritu Santo se encarne en todas nuestras cosas. 
     Mientras le arranquemos al bloque de nuestra consagración al Señor, una sola partícula, no seremos de Jesús Cristo, ni seremos felices porque la consagración ha de ser total. Cuando uno de veras se consagra entonces uno tiene el privilegio, de participar en el cambio del pan en cuerpo y del vino en sangre.
     Amados: Es triste que con demasiada frecuencia somos testigos de haber sido muy espléndidos, bondadosos y generosos en todo, menos en darnos nosotros mismos a Dios. De qué vale darse al universo, si ese regalo no parte de habernos dado nosotros a Dios. Porque es Dios el que puede poner en nuestro regalo la unción salvadora para el universo. Todo regalo que le demos al universo sin la unción de Dios, se queda debajo del cielo. Hay que salvar al mundo, no con un “amén” al mundo, sino con un “amén” a Dios. El Señor quiere lograr que tú y yo y todo lo nuestro seamos como un mensaje de Dios; un mensaje que llega con claridad a los hombres, no por haberlo hablado, sino por haberlo vivido.
     La santidad, la libertad, el amor, todo eso se origina en Dios. El regalo de amor o de verdad o de Evangelio que tú le hagas al mundo tiene que ser consecuencia de un “amén” a Dios. El plan de Dios es que por medio de ti la sed del mundo se sacie. Por eso es que tenemos que tener cuidado con cada palabra redentora que decimos a los demás, porque tiene que proceder del amén a Dios. 
   Amados: No juguemos con nuestra vida espiritual. No solamente porque es una falta con Dios, sino porque también no estaremos amándonos a nosotros mismos, como el Señor quisiera que nos amemos. Ámate mejor; ámate más.
Sé bueno contigo. Parece absurdo que para poder amarnos, que para poder ser buenos con nosotros mismos tendremos que pasar por el “huerto de los olivos”.
     Jesús fue muy bueno con Él mismo. Especialmente fue bueno consigo mismo, en el momento de la hora nona. Parece absurdo, pero el momento de más amor de Jesús con Él mismo, fue el momento de la muerte de cruz porque fue espléndido en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Y cuando uno es espléndido cumpliendo la voluntad de Dios, entonces el regalo que uno le hace al mundo es limpio. Porque es resultado del anonadamiento propio, que es el mayor amor que podemos tener a nosotros mismos. El mayor amor de Jesús fue cuando murió. El amor mayor que un hombre o una mujer puede tener es cuando se somete a la voluntad de Dios.
     ¿Por qué? Porque es Él, Dios, quien sabe todo lo que necesitamos, todo lo mejor para nosotros lo sabe Dios. Yo no sé lo que es mejor para mí, tengo que preguntárselo a Dios. Y para que Él me responda yo tengo que estar en Su voluntad. Porque alejado de Él no voy a escuchar Su voz, que no viene como un grito, sino como un susurrar tierno, cálido y suave, en medio del griterío del mundo. 

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