LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

4 de febrero de 2018

¿SERÉ YO?

Mateo 26, 17- 21
   Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la cena de Pascua. Y al caer la tarde se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían,  dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Ellos consternados empezaron a replicar uno tras otro: ¿Soy yo, Señor?  

    Amados: Nos dice La Palabra que antes de llegar la tarde, ya Jesús Cristo estaba inquieto y perturbado. Él, les había pedido a sus discípulos que le buscaran un lugar en donde Él pudiera comer la Pascua con ellos. Y entonces, cuando cayó la tarde, ahí a partir de las seis, Él estaba a la mesa con los discípulos. Y yo me lo imagino a Él, que está ahí comiendo con sus discípulos, pero, como cuando uno tiene una preocupación encima y está comiendo y como que come mecánicamente, pero no sabe lo que está saboreando. Jesús está preocupado y en silencio. Y de momento, en medio de ese silencio de Él, de ese silencio perturbado y perturbador, Él, rompe el silencio. Jesús Cristo rompe el silencio que los deja como atónitos, como que, entonces, son ellos los que empiezan a perturbarse. Y rompe el silencio para decirles: “Yo les digo solemnemente, les digo que uno de ustedes está a punto de traicionarme”. “Les digo, en verdad –solemnemente- que uno de ustedes está a punto de traicionarme”. Y dice La Palabra que ellos  empezaron a preocuparse, a angustiarse y empezaron -uno tras otro- a preguntarle, cada uno en su momento, empezaron a preguntarle: “¿Soy yo, Señor?, ¿Seré yo, Señor?  ¿Seré yo?”
  Amados: Cuando alguien -que supuestamente sigue al Señor- le pregunta al Señor: “Señor, seré yo?”, eso indica lo poquito que sabemos de nosotros mismos. Eso indica lo poco que estamos seguros de nuestra relación con el Señor. “¿Seré yo?”, como que no nos conocemos en relación al Señor. “¿Seré yo, Señor?” Podría haber sido que los discípulos preguntaron, parcialmente, para justificarse a ellos mismos, como para querer decir: “No, Señor, no podría ser yo, ¿verdad?”  La verdad es que ese, “¿Soy yo?”, rompe dentro de una profundidad mayor para querer significar que no hay hombre que esté seguro  de sí mismo. Ningún hombre o mujer está seguro de sí mismo. Y la psicología nos da a entender aquello de lo inconsciente, aquello del ser escondido que yace dentro de cada uno de nosotros. Ninguno puede estar seguro de sí mismo. Por eso es que hay que estar tan pegados a Jesús porque, ¡qué poquito sabemos de nosotros mismos! Tú, a lo mejor, y yo, queremos no pecar y no traicionar al Señor, pero, ¿podemos estar seguros de nosotros mismos? ¿Seré yo, Señor? Pero, también esa pregunta: “¿Seré yo Maestro?” ¿Soy yo?; eso también revela lo poquito que conocemos al Señor. Y ese es el problema más hondo que tenemos. Aquellos hombres amaban a su Maestro. Lo amaban, pero muy poquitito le comprendían, ¡ay, le comprendían tan poquitito!  Ellos querían que Él se pudiera ajustar a sus planes. No han aprendido todavía a entregarle a Él  la totalidad de sus planes. Aún dentro del ambiente, más o menos santo de aquel Aposento Alto, ellos no Le entienden. Es doloroso decir eso.  Pero en ese momento, dentro de la santidad de aquel misterio que se estaba realizando en aquel Aposento Alto ese día, ellos no lo entienden. En medio de aquella cena en el Aposento Alto estaban discutiendo, argumentando de que,  “¿Quién sería el mayor?”. Él les había lavado los pies y después Él tiene como que preguntarles: “¿Ustedes saben lo que Yo he hecho con ustedes? Ellos tendrían que haber sabido. Han estado con el Señor tanto tiempo y no entienden. No le comprenden a Él. Porque hay que comprender al Señor, además de comprender sus cosas y lo que Él dice. Hay que comprender al Señor. Uno puede entender todo lo que dice el Señor, conocer toda la Palabra que ha salido de la boca del Señor; pero aún le falta comprender al Señor. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.