LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

12 de noviembre de 2017

NAVIDAD: EL AUTOR INSPIRADO

Lucas 1, 1-4
“Puesto que muchos emprendieron la tarea de contar los sucesos que nos han acontecido, al como nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales, puestos al servicio de LA PALABRA, también yo he pensado, ilustre amador del Señor, escribirte todo por orden y exactamente comenzando desde el principio; así comprenderás con certeza las enseñanzas que has recibido.”

Amados de la Natividad: LUCAS, el autor inspirado del Tercer Evangelio, fue un ser humano sociable y compasivo. Antes de conocer a Jesús Cristo había sido pagano, buen hombre, pero pagano. Lo podemos comprobar, por ejemplo, por el tipo de personas que conocía. También lo podemos cerciorar en el modo en cómo nos presenta la humanidad de Jesús en su Evangelio.
Mateo, por su parte, nos define a Jesús como el heredero legítimo del trono de David, como el Rey de los Judíos, como el Mesías por tanto tiempo esperado.
Marcos describe a Jesús como el todo-relevante Hombre Quien, del Cielo nos llega para servir y dar LA VIDA por muchos [Marcos 10, 45].
Juan, por lo que le toca, sobre enfatiza el misterio de la Divinidad de Jesús y Le Anuncia como el tangible avatar, como la tangible Encarnación de la Verdad Divina y comienza su ANUNCIO desde el mismo Cielo.
Sin embargo, LUCAS, como suelen ser los galenos, los médicos, en su frustración por la Ciencia limitada de su época, se habrá – sin duda alguna – identificado con la imperiosa necesidad y menester de la humanidad, y se habrá maravillado por el hecho de que el Señor Dios, por puro amor, se hubiese hecho vulnerable hasta más no poder.
Es LUCAS, el Evangelista, quien nos muestra al Todo-Poderoso Creador Quien, por razones de la Salvación del hombre, se reviste de por dentro y por fuera de mortalidad. El Evangelio de LUCAS nos presenta a un hombre, Jesús, Quien nunca se mostró tan deificado como para tener que distanciarse de nosotros o de preocuparse de nosotros y lo nuestro. Al contrario, el hombre que LUCAS describe – a saber: a JESÚS – Quien se anonada, Quien abandona Su Trono Real para inmiscuirse en el reguero, para involucrarse en el desorden, en el desbarajuste, en el caos, en el maremágnum, en el pandemónium, en la acumulación de cosas de nosotros los humanos quienes nos sentíamos infelices pero conformes con nuestra vida y nuestro mundo anímico y caído. LUCAS nos muestra a este JESÚS Quien – con todo y propósito divinos – Se somete a nuestras deficiencias, a nuestras fallas, a nuestra insuficiencia, a nuestras debilidades y endebleces, a nuestros dolores y pasiones, a nuestras angustias y enfermedad.
Es en LUCAS y en ningún otro cuando escuchamos el desvalido, el inerme llorar del TODOPODEROSO, Lucas 19, 41-42: “Cuando llegó cerca de Jerusalem, al ver la ciudad, Jesús lloró por ella, diciendo: “¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo. Pues van a venir para ti días malos, en que tus enemigos harán un muro a tu alrededor, y te rodearán y atacarán por todos lados, y te destruirán por completo. Matarán a tus habitantes, y no dejarán en ti ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el momento en que Dios vino a visitarte.” 
Es en LUCAS, en LUCAS, el Evangelista, en donde LUCAS nos muestra a JESÚS parearse, con su ingenio, a las mentes teológicas más respetadas, eminentes, esclarecidas e insignes de Su tiempo y cuando JESÚS inicia – en algo – a descubrir la dualidad de Su naturaleza humano-divina…pero tan sólo, en algo, tan sólo en algo.
EN ALGO y, confusamente, JESÚS – sabiéndose de carne y hueso como cualquiera – comienza a descubrir Su origen divino, Su meta divina, Su sino divino.


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