LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

1 de octubre de 2017

LUZ ENCENDIDA

MATEO 6, 22-23
   »Los ojos son la lámpara del cuerpo; así que, si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo tendrá luz; 
pero si tus ojos son malos, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra será la oscuridad misma!

   “Brille así la luz de ustedes para que vean y glorifiquen al Padre.”
 Amado, amada: La luz de tu vida no la enciendes tú, la enciende Jesús Cristo el Señor. Eso no viene de ti, eso viene de Él. Alguien podrá verte a ti en un momento de fervor, pero es un momento de fervor nada más, porque todavía no has aceptado el reto de vivir la plenitud del Evangelio. Alguien podrá verte y decir:”qué santo es esa persona”.  Probablemente lo dijo, pero vas a notar una cosa: que el haberte visto así, no produjo nada de obra del Señor en ella. No produjo que esa persona glorificara al Padre Dios. Te admiró, pero no produjo glorificación en ella. Y lo que dice el Señor es: “Brille así la luz para que vean y glorifiquen al Padre.” 
   Y Jesús es quien enciende la luz. Y Él no la enciende porque ve que tus brazos están en alto; Él no la enciende porque estás con una resolución de ser humilde hoy. No. Él espera para ver hasta donde tú llegas con tus esfuerzos. Él no enciende la luz porque tú te decides a ser como Él, solamente hoy. Tampoco es porque allí en aquel ministerio, en aquella Cena experimentaste aquello tan grande en tu corazón. Porque Jesús es el que enciende la luz de tu vida. Si los hombres por ti, llegan a glorificar al Padre, fue porque el Señor encendió la luz. Y la luz del Señor seguirá ardiendo en la medida de tu celo y de tu vivir plenamente el Evangelio. “Brille la luz de ustedes.” La luz en tu vida es efecto de la santidad y la santidad no es un momentito fervoroso la santidad es un nuevo modo de vivir. 
Amados: La luz que en ti vaya a encender el Señor, va a empezar a brillar un poco hoy; luego brillará más mañana; luego brillará más una semana y más y más, pero constantemente viviendo a plenitud el Evangelio. 

Señor, te pedimos que nos concedas escuchar Tu Palabra, de tal manera que no solamente la escuchemos, sino que llegue a ser Palabra viva para nosotros y así, poder vivirla. Destruye en nosotros -con tu Palabra- lo que tiene que ser destruido. Vivifica lo que tiene que ser vivificado. Que creamos con el corazón, pero que lo creamos y lo vivamos. Y entonces, profesará la boca nuestra lo que creemos. Entonces, el espíritu, vivirá plenamente la alianza que tenemos contigo. Para que los hombres cuando vean la vida nuestra probada, no verán la luz nuestra, sino a Ti, Jesús y comenzarán a glorificar al Padre que está en los cielos. Por ti, Jesús Cristo, el Señor de Quien es la gloria, por los siglos, de los siglos, Amén.

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