LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

8 de octubre de 2017

LA GLORIA DE DIOS

Juan 8, 14-18
   Jesús les contestó:
—Mi testimonio sí tiene valor, aunque lo dé yo mismo a mi favor. Pues yo sé de dónde vine y a dónde voy; en cambio, ustedes no lo saben. Ustedes juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie; pero si juzgo, mi juicio está de acuerdo con la verdad, porque no juzgo yo solo, sino que el Padre que me envió juzga conmigo. En la ley de ustedes está escrito que cuando dos testigos dicen lo mismo, su testimonio tiene valor. Pues bien, yo mismo soy un testigo a mi favor, y el Padre que me envió es el otro testigo.

   Amado, amada: Un día de éstos, tú vas a experimentar aquella cosa tan grande que decía Jesús: “El Padre está conmigo; nunca me deja solo porque Yo hago siempre lo que le agrada a Él. Yo hago siempre lo que le agrada a Él.” Entonces, tú y yo, viviremos aquella realidad que Jesús les comunicaba a los fariseos: “Yo honro a mi Padre. Yo no busco mi gloria. No recibo de los hombres gloria”. Entonces, tú buscarás como Jesús, la gloria del Padre. Porque Jesús solamente busca la gloria del Padre y para glorificar al Padre Dios, tomó para sí la humillación más profunda. Se hizo vergüenza de lo humano y asco de todo el mundo. Despreció todo con tal y glorificar al Padre. Belén, Nazaret, Calvario: tres momentos grandes de la vida humilde y escondida de Jesús. Pero siempre en todo, Jesús glorificaba al Padre. Cuando realizaba milagros: “Miren que nadie lo sepa”. Era al Padre a quien quería glorificar  Se lo dijo a aquellos ciegos, a los que de un tirón les devolvió la vista. A Pedro, a Santiago y a Juan allá en la transfiguración: “no lo cuenten a nadie”. ¿Entiendes? En la multiplicación  de los panes, huyó para que no le aplaudieran. La gloria de Jesús, ¿sabes cuál es? Hacer la voluntad del Padre. La gloria de Jesús, ¿sabes cuál es? Ser hijo de Dios. Él no quiere otra. 
   Amado: No quieras para ti otra gloria que la de ser hijo de Dios. Aceptar otra gloria, aparte de ser hijo de Dios, es quitarle la gloria a Dios. ¿Entiendes? Así como el Padre, encontraba todas sus complacencias en su Hijito amado, así el Hijo se complace solo en Su Padre y en la gloria que el Padre le da. No quieras otra gloria que la que el Padre te ha dado y la que te ha dado es que seas hijo de Dios. Y los hijos están metidos en la voluntad del Padre. ¿Entiendes? Amados: Tú y yo, si queremos seguir a Jesús Cristo, buscamos la gloria de Dios. Estate en la voluntad de Él. No quieras para ti otra gloria que la de hijo de Dios.

   Amado, amada: Sé un trocitito vivo, una piedra viva en el cuerpo del Señor. Cuídate mucho de la inclinación al orgullo que con frecuencia lleva al corazón de uno a buscar la propia gloria, a buscar alabanza, gloria personal, en el vivir a Jesús. Cuídate de eso. Cuando hables con los demás, cuando le vayas a contar tus experiencias con el Señor, cuídate de todas esas cosas. El poder del Mal por ahí, está buscando quien busque su propia satisfacción, aún en las cosas más espirituales y más santas. Porque si alguno mira -aunque sea en cosas pequeñísimas- mira glorificarse a sí mismo, su gloria es nada.  Eso lo levantará delante de los hombres, pero lo abajará delante de Dios; lo disminuye y hasta puede poner en peligro su gloria de hijo de Dios. Porque la única gloria que tienes que tener es la de hijo de Dios. Busca cuidadosamente, siempre darle la gloria a Dios en todo: en tus palabras, en tus miradas, en tus gestos, en tu testimonio, en tu vivir a Dios; solamente la gloria de Dios. 

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