LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

3 de septiembre de 2017

LA EXPERIENCIA DE DIOS

MATEO 19, 13-15
   Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo:
—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.
   Puso las manos sobre los niños, y se fue de aquel lugar.

   Amado, amada: ¿Recuerdas quién dijo esto? “El que se haga pequeño como este niño, ese será el mayor.” Ese es el pensar de Jesús Cristo y Jesús Cristo no piensa distintamente al Padre Dios. Ese es el pensar del Padre Dios. Así lo han entendido los que se han acercado a parecerse a Jesús Cristo. Pero para eso, tú tienes que estar convencido de tu nada, de tu impotencia y de tu debilidad. Y al reconocer eso, tienes que dejarte guiar en todo y completamente, por la luz de Dios, por el mover del Espíritu y por la imitación de Jesús Cristo. Quien quiere ser pequeño, renuncia a confiar en él mismo, porque aun cuando cree tener la mayor verdad, no puede confiar en sí mismo porque se va a torcer y se va a salir de los planes, del detalle del Señor. El que no se deja guiar completamente - y al decir completamente- quiere decir, que no podemos andar en el juego de dejarnos guiar en parte y querer guiarnos en otra. 
   El que quiere ser pequeño no puede confiar en sí mismo ni apegarse a sí mismo. El que es pequeño, cree lo que le dice Dios; hace lo que le manda Dios, sin preguntar “¿por qué yo?” o “¿por qué no aquél?” o “¿por qué así?”. Obedece lo que se le indica, porque está lleno del amor de Dios y quiere vivir la experiencia continua del Señor y, a la misma vez, está lleno del espíritu de fe que le eleva por encima de todas las cosas, de todo razonamiento y de todo proceso de su mente y no se inquieta por el camino que ha de seguir, ni por el fin al que se le va a conducir. El que quiere ser pequeño no juzga por sí mismo, de nadie ni de nada. Se arroja en los brazos de Dios y de Su providencia. Se arroja a ser gobernado por Dios y sigue caminando, siendo guiado por el camino que tiene que seguir, sin pararse para ver si el camino es difícil o hay piedras en él. El que es verdaderamente pequeño, no duda si podrá, si va a seguir progresando, o si no; sino que descansa tranquilo en los brazos de Dios, dejándose guiar por ÉL. Descansa tranquilo en el corazón de Dios como un niñito recién nacido sobre el corazón y los brazos de los suyos, pero con la diferencia que tiene que ser y tengo que ser un niñito recién nacido que estoy viviendo conscientemente y gozosamente a Dios. Pequeños ante Dios, gozoso será el hombre que se dispone a ser un niño por la humildad. Sé un niño así y yo sé que el Señor se va a cuidar de ti; se va a cuidar de ti de una manera muy especial, como con predilección. 

   Él es el único que nos puede sobreproteger: el Señor. La sobreprotección de Dios, no nos causa traumas ni complejos. Si eres como un niño, Él te va a sobreproteger con predilección. Tú no te vas a tener que preocupar, Él lo va a hacer. No es fácil pues eso supone primero una decisión; segundo, el cumplirla, aunque te lleve a la muerte. Tal vez eso tiene que ser así, eso de llevar a la muerte, porque un adulto, tal vez tiene que morir para que nazca un niño que esté viviendo la experiencia de Dios. Porque si nos mantenemos adultos y sabedores, y sabios y entendidos, podremos correr el peligro de, siendo adultos y sabios y entendidos, que vivamos a un Dios pero pequeña y raquíticamente. Sin embargo, si somos niños- viviendo allá dentro la experiencia de Dios- viviremos como niños la experiencia de un Dios, no raquítico sino grande, poderoso e inmenso. 

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