LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

17 de septiembre de 2017

DURAS PALABRAS

Juan 6, 61-68
   Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:
—¿Esto les ofende? ¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. Y añadió:
—Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
   Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. Jesús les preguntó a los doce discípulos:
—¿También ustedes quieren irse?
   Simón Pedro le contestó:
—Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.


   Amados: No basta haber elegido a Dios una vez y que para toda la vida. Eso tú lo hiciste una vez. Tú elegiste a Dios y aquella vez lo elegiste para toda la vida. ¿Tú recuerdas? Pero el Señor nos dice que eso no basta. Que no basta elegir a Dios una vez en la vida para toda la vida; sino que es preciso, elegirle a Dios todos los días, a cada instante, para que cada palabra tuya sea un resultado de haber elegido a Dios. Y si tú Le eliges a cada instante: todo lo que tú digas o pienses o hagas será para gloria de Dios. Pero si tú Le elegiste sólo una vez para toda la vida, en un momento grande o fervoroso, eso no sirvió. No te puedes olvidar ni un momento, de que en cada paso que tú das, estás eligiendo a Dios. En cada palabra que tú hablas estás eligiendo a Dios, en cada pensamiento que tú tienes, estás eligiendo a Dios. 
  Y duras son esas palabras. Lo mismo que sucedió aquella vez, cuando Jesús empezó a exigirle a sus discípulos y Él, empezó a decirles de toda Su exigencia y ellos empezaron a decir: “Duras son esas palabras.” Pero Jesús nunca cambia. Cuando los hombres empiezan a decir: “Pues no podemos tolerar eso, es muy duro, es muy fuerte”, el Señor no afloja. El Señor no lo hace más fácil. Te has dado cuenta que cada día que pasa, el Señor lo hace más difícil y más duro. Él no afloja. Él no se deja engatusar ni engañar por las voces de que: “Son duras estas palabras; nos vamos.”  Cuando el Señor empieza a escuchar de su pueblo que sus exigencias son duras, el Señor no afloja. Él lo que les dice es: ”Les falta fe. Tienen que creer más en mí. No se escandalicen, no discutan, crean, no valen argumentos ni excusas ni justificaciones.” Y muchos -dice La Palabra- cuando Él empezó a hablar, muchos discípulos -no gente común- eran discípulos, muchos discípulos, empezaron a irse. 
   Amados: Muchos discípulos se echaron atrás –y miren qué palabras más tristes- “y no volvieron a caminar con Él.” “Muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a caminar con Él.” Esto es muy impresionante: Cuando muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a caminar con Él, a mí me impresionó mucho el saber que el Señor no hizo nada por retenerlos. El Señor no hizo nada por retenerlos. Él se dio cuenta que eran como aquellos que teniendo capacidad, de fuerza y esfuerzo para cursar brillantemente la materia, por comodidad, por no querer sacrificarse, por no pasar largas noches orando y estudiando la materia, se dan de baja. Él no hizo nada por retenerlos, sino que, cuando vio que se fueron,  se volvió a los Doce que también eran discípulos de Él, y les preguntó: “¿También ustedes quieren marcharse?”
   Amados: El misterio de Jesús es único e indivisible. A Jesús se Le acepta íntegramente porque si se rechaza una partecita de Jesús, se está rechazando a todo Jesús. Por ninguna razón en el mundo podemos disminuir las exigencias del Señor. El Señor no disminuye sus exigencias para que no se le vayan, no. Él prefiere perder muchos discípulos a cambiar una sola de sus palabras. Quien se ha decidido por Jesús, tan sólo puede decir que no tiene otra alternativa, sino la de decir como Pedro: “¿Señor, y a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios.” Y conviene recordar, si no lo sabías, saberlo; conviene recordar con temor que fue en este momento, en ese momentito que Judas empezó a apartarse del Maestro. Fue en ese momento que vino el distanciamiento de él. Es que, si nos vamos de la compañía del Señor, ¿a quién iremos, a quién? ¿Entiendes? ¿A quién vamos a ir, si no hay nadie más? Pero no es porque no haya nadie más, es que aunque nos fuéramos, en ningún otro lugar seremos bendecidos. Otros podrán escuchar otras palabras, pero sólo con las palabras que el Señor ha escogido para mí y con las palabras que ha escogido para ti, es con las que tú y yo seremos bendecidos. 

  

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