LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

6 de agosto de 2017

ATRÉVETE

Juan 8, 12
   Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo:
—Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad.

   Amado, amada: Si tú y yo no tomamos en serio la perfección, la santidad y la reproducción de Cristo en la vida, el mundo no va a creer. Cada vez que tú y yo nos apartamos de nuestra vida de vivir el Evangelio, se oscurece y se debilita el testimonio de Ekklesía, de Cuerpo de Cristo, que tienen que ver los demás para descubrir el amor al Padre Dios. En cambio, en la medida que tú y yo nos atrevemos a encarnar el Evangelio, sin respetos humanos, sin temores -no en un momento, sino continuamente- porque es muy fácil cerrar los ojos y dar un testimonio bonito y vivo en un momento determinado; pero, lo que quiere el Señor es que ese testimonio sea constante en cualquier momento y que nunca cambie. Y cada vez, en la medida que encarnamos el Evangelio, entonces, a la larga, se vuelve creíble Jesús Cristo en nosotros. El Señor nos quiere orando y ayunando; siendo amorosos y caritativos. Y a lo mejor, todo eso de orar, ayunar y ser caritativos, tal vez eso, tenemos que mantenerlo en lo secreto de la intimidad con el Señor, para que no sepa la mano derecha o la izquierda, lo que hizo la otra. Pero el Señor nos pide que todo el mundo pueda ver y descubrir el modo en que vivimos. Eso no se puede esconder: ”Que brille la luz de ustedes delante de los hombres para que vean las buenas obras de ustedes y glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.” El Señor, no está diciendo que tenemos que ser unos ostentosos. No. Es que no podemos brillar ante los demás, si no hay una santidad por dentro. Porque las palabras bonitas o los gestos intrépidos, osados y atrevidos de levantar los brazos y de glorificar al Señor, eso tendría que ser solamente una consecuencia natural de una vida entregada, sacrificada y de un heroísmo interno que estamos viviendo. Hay que guardarse de la ostentación, del “show off”. Pero hay que guardarse también del respeto humano, de cualquier otro motivo egoísta que contradice el que tú profeses abierta y valerosamente la fe tuya, tanto en tu obra y en tu vida como en tu palabra.
   Amado, amada: Porque tú tienes que ser, en pequeño o en grande: enviado, apóstol, luz, guía de los demás y representante de Aquel que dijo: “Yo soy la luz del mundo.” Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, Él te ha mandado a algo a ti en la vida. En este momento de tu vida, Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, te ha encomendado una tarea. ”Ustedes son la luz del mundo.” Pero Él también dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Entonces, ¿en qué quedamos, en que Jesús es la luz del mundo o en que nosotros somos la luz del mundo? En lo que quedamos es, que para que se haga eso realidad -porque para Jesús es una realidad ya - es un mandato en el que tenemos que vivir, es un mandato tan grande que ya no lo manda, que ya lo toma por sentado y dice: “Ustedes son la luz del mundo”. Y si Jesús es la única luz del mundo, de la única manera que tú puedes ser luz del mundo es siendo como Jesús. De manera que, eso de ser tú, luz del mundo, solamente se verifica en la medida en que íntimamente estés unido a Él -la única luz-  y que vivas lo que Él te ha enseñado a plenitud y ese vivirLo a plenitud se convierte en luz. Tú sabes que hay una cosa que hace que tú te conviertas en luz: eso es vivir lo que el Señor te ha enseñado a plenitud. 
   No es cuando se predica bonito, no es cuando tú estás en un momento grande de fervor, que tú eres luz. No. Entiende bien lo que el Señor te ha querido decir: Si tú haces eso de vivir a plenitud el Evangelio y a Jesús, sin dejarte pasar algo, entonces serás luz. 


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