LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

27 de agosto de 2017

LA INHABITACIÓN

Juan 4, 30-34
  Entonces salieron del pueblo y fueron a donde estaba Jesús. Mientras tanto, los discípulos le rogaban:
—Maestro, come algo.
   Pero él les dijo:
—Yo tengo una comida, que ustedes no conocen.
   Los discípulos comenzaron a preguntarse unos a otros:
—¿Será que le habrán traído algo de comer?
   Pero Jesús les dijo:
—Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo.


   Amados: Jesús, al entrar en este mundo, dice Pablo que dijo: “Sacrificio y oblación no quisiste Dios; pero me has formado un cuerpo. Entonces dije: He aquí que yo vengo a hacer -oh, Dios- Tu voluntad.” Cuando Jesús el Cristo se enfrenta con quiénes no están metidos  dentro de esa realidad de vivir glorificando a Dios, guardando Su Palabra, metidos en Su voluntad, Él no puede tolerar religiosidad de esa índole. Eso Él lo rechaza. Eso es irreconciliable con Su ser. Jesús puede tolerar a los pecadores que no conocen a Dios; pero Él no puede tolerar a aquellos que supuestamente, han pasado de la tiniebla a la luz -que siguen a Jesús- pero que no están metidos dentro de la voluntad y de la verdadera glorificación del Señor, que se consigue viviendo La Palabra del Señor. “He aquí que vengo, oh Dios, ha hacer tu voluntad”. Esa es la disposición íntima y constante de Jesús, ante la voluntad del Padre. Los discípulos, después del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, le insisten, le instan a tomar un poco de alimento. Él les responde: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.” El alimento de Jesús es hacer la voluntad del Padre. Lo que le lleva caminando por la vida a Jesús, no era la energía física, resultado de una alimentación material. No: “Yo tengo un alimento que ustedes no conocen. Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra”. Lo que Jesús anhela, lo que Le consuela, lo que es Su gozo, es cumplir la voluntad del Padre. La mirada de Jesús está siempre fija ahí. Y no hace ni un movimiento que no esté conforme a la voluntad del Padre, que no esté conforme al querer del Padre. La voluntad de Jesús está siempre transformada y perdida en la de Dios de una manera plena y perfecta. Él obra solamente al impulso de la voluntad de Dios. “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me ha enviado. No busco mi voluntad, sino la del que me ha enviado.” Ese es el refrán, el estribillo, la copla constante que acompasa toda la vida de Jesús. Esa es la regla que gobierna toda su conducta. Ese es el motivo profundo de toda la acción y obra de Jesús.
     Y amados: Él no cumple la voluntad de Dios por necesidad. Jesús no cumple la voluntad del Padre, por necesidad, sino con una libertad gozosa y soberana, aún cuando le duela. “Padre, si es posible que pase de mí este cáliz. Pero no, Padre, por favor, no te vayas a imaginar nada.  No vayas a pensar que Yo estoy tratando de salirme de este atolladero por mí mismo. No creas que… no vayas a pensar que yo estoy tratando de buscar el modo más fácil.” Él cumple la voluntad del Padre, movido por el inmenso amor de Hijo con el Padre. Por eso le ama el Padre. “El Padre me ama porque doy mi vida. Nadie me la quita; Yo la doy gozosa y voluntariamente.” 
   Amado, amada: Esa es la misma vida tuya, porque tú eres hijo de Dios. Y para ti, el camino único de la santidad, ha de ser la voluntad del Padre. Igual que Jesús, tú y yo tenemos que alimentarnos de la voluntad santa y santificadora del Padre. ¿Y cuándo has de hacerlo? En todo momento, que no busques nada ni desees nada fuera de cumplir esa voluntad; que hagas de la voluntad del Padre, el único móvil de la vida tuya.
   Tú tienes que esforzarte continuamente porque es preciso llegar a la plena conformidad de tu propio querer con el querer de Dios. De manera que llegue tu vida  espiritual a tal profundidad, que no haya en tu voluntad, ninguna cosa contraria a la voluntad de Dios. Que tú estés conforme a la voluntad de Dios y la vivas. Y que tú sigas creciendo, por esa misma razón, en el amor. Eso es lo único necesario para la santidad y la vida de unión con Dios. A mayor conformidad de voluntad, corresponde mayor amor. Y al revés, a menos conformidad con la voluntad de Dios, menos amas al Señor. ¿Qué fue lo que dijo Jesús?  “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a Él y haremos morada en Él.” El cumplimiento de La Palabra, de la voluntad de Dios es la condición necesaria, el requisito necesario para vivir y crecer en el amor y en la santidad; para poder gozar de la inhabitación  -como dicen los teólogos- de la Trinidad en la propia vida de uno.  Para que el Espíritu Santo encuentre morada en nosotros, hemos de estar metidos en la voluntad del Señor. Y en la medida que tú crees que haces cumplir el vivir en la voluntad del Señor, no solo tú vas a descubrir que no solo estarás viviendo para el Señor, las cosas grandes, importantes; sino que estarás viviendo todos los más mínimos detalles, porque estarás viviendo la más mínima expresión de la voluntad de Dios. Y no te vas a conformar con no pecar, con pecados mortales como decían antes; sino que no habrá la menor infidelidad voluntaria en ti. A medida que tú y yo empezamos a agradar a Dios porque estamos sometidos a Su voluntad; a medida que vayamos abrazando todo lo que Dios quiere o abrazando todo lo que Él permite -aunque sea doloroso-  iremos creciendo en amor y en gracia, y por su parte, toda la Trinidad te va a dar a ti y a mí, va a querer habitar en nosotros.

17 de agosto de 2017

ÁNGEL Y HERALDO



ÁNGEL Y HERALDO
Proverbios 31, 10-31
      ¡Qué difícil es hallar una mujer extraordinaria! ¡Hallarla es como encontrarse una joya más que preciosa!
      Quien se casa con ella puede darle toda su confianza; nunca nada le falta.
      Ella siente que todo le sale bien; nunca nada le sale mal.
Adquiere lana y lino, sus manos trabajan a gusto.
        Es como nave mercante que importa el grano de lejos y como dé lugar hay siempre comida sobre su mesa.
      Se levanta muy temprano, y da de comer a sus hijos y asigna tareas a quienes están a su derredor.
      Calcula el precio de un campo y con sus ahorros lo compra. Con el sudor de sus manos planta una viña y en ella trabaja de sol a sol.
      Se ciñe la cintura con firmeza y despliega la fuerza de sus brazos.
      Cuida de que todo marche bien en su familia cueste lo que le cueste y aún de noche no se apaga su lámpara.
        Con sus propias manos hace hilados y tejidos. Extiende la mano hacia el uso y sostiene con la palma la rueca.
      Siempre les tiende la mano a los pobres y necesitados.
      No teme por su familia cuando hace frío, pues mantiene a los suyos bien abrigados.
      Ella misma hace sus colchas, y viste a sus hijos con lo mejor que tiene. Ella se viste hermosa y sencilla.
      Su esposo es bien conocido en la ciudad, y ella se asegura que a él se le cuente entre los más respetados del país.
      Teje sábanas y las vende o las regala. Provee de  cinturones a quienes los quieran comprar.
      Se reviste de fuerza y dignidad, y el día de mañana no le preocupa; al contrario sonríe ante el día de mañana.
      Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas. 
      Está atenta a la marcha de su casa, y jamás come lo que no ha ganado.
      Sus hijos se levantan para felicitarla; su marido proclama su alabanza. Sus hijos y su esposo proclaman:
    «¡Mujeres buenas hay muchas, pero tú eres la mejor de todas!»
      Así que los encantos son una mentira, la belleza no es más que ilusión, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.
   ¡Alábenla ante todo el pueblo! ¡Denle crédito por todo lo que ha hecho!


AARÓN, HULDA, JUAN, FRANKIE DONDE QUIERA QUE ESTÉS, NIETOS, BISNIETOS, PUEBLO QUE AMA A LA HIJA AIDA CON SUBLIME AMOR:
Aida, hija Aida, Aidita, Nena, Sra o Srta Universo: Así la llamaba yo a ella. Ángel, Heraldo la estará llamando el Señor.
En estos momentos, mientras doy el Anuncio en nombre del Señor, sentimos dolor intenso e inmenso. Hemos perdido lo que ha ganado el Señor. Y porque la hemos perdido nuestras vidas nunca serán lo que eran cuando Aida, hija Aida, Aidita, Nena nos acompañaba en esta existencia. Lo que la gente llama “muerte” nos muele hasta los huesos, cancela nuestras agendas, revuelca nuestros planes y nos taladra con un dolor que se empeña en nunca alejarse. Llegó el momento de amurriarse, el momento de la congoja excepto para aquellos que aunque se amurrien y se acongojen poseen LA FE de que la muerte NO es el final, que poseen LA FE de que más allá del sepelio y del sepulcro NOS ESPERA un NUEVO CUERPO, UNA VIDA NUEVA y ETERNA, ¡GLORIA AL SEÑOR RESUCITADO!
La tristeza, el dolor, las lágrimas pueden ser saludables o dañinos, buenos o malos. Todo depende de LA FE del o de los afectados. Por tanto, es preciso – como bien afirma el apóstol Pablo – que NO DOLAMOS como quienes NO TIENEN FE: 1 Tesalonicenses 4, 13-14: “Acerca de los que han transitado de esta existencia, quiero no sigan en la ignorancia para que no se aflijan como los demás que NO esperan. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, lo mismo Dios, por medio de Jesús Cristo, llevará a los que parten de esta existencia a estar con Él.”
Nos ha llegado el dolor; aún dolemos por la ausencia de mami, de abuela, de bisabuela, de mi hija, de mi Aidita, de mi Nena PERO con LA FE en el Señor, LA FE en “como Él es”, LA FE en SU PODER y SU AMOR, tomemos la resolución de fortalecer nuestra FE en el ÚNICO DIOS VERDADERO mientras vivimos con nuestro dolor y atravesar a fuerza de trabajo nuestro congoja día a día sin echarnos encima el peso todo de nuestro dolor.
¿Cómo afrontar el tránsito a LA OTRA ORILLA de quien tocó nuestras vidas de modo permanente y quien, con su vida, hizo que el Señor nuestro Dios se volviera ALGUIEN MÁS REAL, MÁS PALPABLE, MÁS VERDADERO Y TANGIBLE? Lo digo por experiencia propia. ¡De ahí mi llamarle Aidita, hija, Nena!
Yo NO esperaba que – a pesar de sus 95 años y con su mente clarísima – yo NO esperaba que se nos fuera tan pronto, NI tú, Aarón, y menos tú, Hulda. Yo no esperaba que se nos fuera tan pronto. ¡Tampoco tú, Johnny! Y, tú, PUEBLITO MÍO y de ella, que la visitabas y la engreías todos los días visitándola y tú, ANA, hija amada, que fuiste como una hija quien te desviviste por ella.
Ciertamente, ¡NO LO ESPERÁBAMOS! Yo pensaba llamarla como cada dos semanas lo hacía, ¡este DOMINGO pero, como el Domingo quiere decir EL DÍA DEL SEÑOR, EL SEÑOR SE ME ADELANTÓ Y LA LLAMÓ!
Por cierto, aunque yo no creo que los  sueños tienen que ver absolutamente nada con revelaciones  ni ocho cuartos, el viernes, sábado y domingo mis sueños eran con mi mamá y la hija Aida. ¡IGNORO SI EL SEÑOR ME ESTABA PREPARANDO PARA LO QUE – SIN SABERLO YO – IBA A ACONTECER!
Ah, y tengo que decirles a ustedes dos, AARÓN y HULDA: Su mamá los amaba con locura; veía luces cuando hablaba de ustedes. Estaba tan orgullosa de ustedes dos, de Javier y “Bambi” [disculpa pero “YOU JUST CAN’T TEACH NEW TRICKS TO AN OLD HORSE”]; amaba tanto a sus bisnietos y a su bisnieta Sisa, “Anna, she loved Sisa, the blessed in the midst of all the other males”, she used to say, bendita entre todos los varones.
La hija, la Nena, Titi Aida, la Señorita Universo [como, a veces, le llamábamos] tenía una inteligencia no común, una claridad mental extraordinaria, una fortaleza sin par. De las cinco [5] hijas mujeres en el hogar, en quien ÚNICAMENTE mi papá confiaba era en ella, en Aida. Por eso, cuando mis papás querían que se hiciera algo BIEN HECHO, siempre recurrían a ella. La carga del hogar sobrecaía en sus hombros.
Son pocos los que saben CUÁNTO ELLA SUFRIÓ a partir de casarse. Un día – de esos hace muchos años atrás – un día me mandó a buscar con un grito desesperado y me dijo, como si se estuviese volviendo loca, “¡Padre, yo me arrepentí de haberme casado pero, tú me has enseñado que ¡para los que aman al Señor todo redunda en bien porque si no me hubiera casado, NO tendría a los dos hijos tan preciosos que tengo!”
Aarón y Hulda: Ustedes saben lo mucho que ustedes dos, también, sufrieron. No tenían con qué viajar a la escuela, a la Universidad. Menos mal que su mamá sabía sacrificarse por ustedes y si tenía que sacarse el pan de la boca para que ustedes no sufrieran hambre, lo hacía sin chistar.
También ayudaba el que Tío Juan – disimuladamente y conociendo la situación – iba a tomar café que le preparaba la hija Aida y le dejaba – para ustedes dos: Aarón y Hulda – algún dinerito para la transportación.
El primer juego de comedor que existió en el hogar  de ustedes fue uno que Lily, la mamá de la hija Aida, le regaló y los primeros muebles de sala que valiesen la pena, yo se los regalé.
Ella se daba a los demás siempre. En Villa Blanca, cualquiera hubiera dicho que era una sirvienta pues le hacía favores a los vecinos caminando desde su hogar en Villa Blanca hasta el pueblo de Caguas llevándole unas cartas a Fulana, comprándole un artículo a Mengana y ella, feliz de poder ayudar, se ponía unos zapatos “tennis”, unos “champions” y vestida con sencillez gustaba de ser niña de mandados.
En los años 1973 o ’74, cuando los momentos para Gloria del Señor se celebraban cerca del teatro Lido, yo me sorprendí diciendo públicamente: “¡Aida tiene una misión importante en este Pueblo!”
Ella estuvo apoyándome a mí SIEMPRE y yo a ella.
Se inquiete alguien entre todos ustedes o  no, debo decir que, aunque ella amaba a todos, hay tres personas a quienes ella amó de forma singular: A TI, AARÓN, A TI, HULDA y A MÍ. ¡DIGAN LO QUE DIGAN ES ASÍ. Y, el AMOR A MÍ, NO ERA COMO HERMANO, SINO COMO PADRE, COMO HOMBRE DE DIOS. Se parecía a nuestra madre quien me dijo antes de irse con el Señor: “¿Sabes por qué, siendo yo tu mamá, te llamo “PADRE? ¡Porque tú me llevaste a conocer al Señor!”
El 30 de mayo de 1981 se bautizó. Unos días antes, los hijos la encontraron sentada debajo de una de las palmeras frente a la que se llamaba LA PEQUEÑA JERICÓ – donde yo antes vivía – y la encontraron sentada, ojos cerrados, manos juntas como quien está orando después de haber tenido una experiencia íntima con el Señor y vino tan sólo para pedir, por favor, SER BAUTIZADA. Unos días después – el 30 de mayo de 1981, como ya les mencioné – se bautizó en la playa-mar de Arroyo.
En marzo de 1988 se mudó a Borinquen y comenzó su vida de nómada de casa en casa. En todas tuvo experiencias muy hermosas, en la de los hijos Timo y Celín, por ejemplo, excepto en una casa, en un hogar, el de Pepito y Mency. La trataron muy mal. Fue en ese momento cuando, con la sabiduría que me ha dado el Señor, YO LE OFRECÍ LA CASA DEL LIRIO, casa, por cierto, que nunca consideré mía aun cuando la hija María Susana me la había dejado en herencia.
AARÓN, HULDA, JUAN, FRANKIE DONDE QUIERA QUE ESTÉS, NIETOS, BISNIETOS, PUEBLO QUE AMA A LA HIJA AIDA CON SUBLIME AMOR:
Ella quiere que tú, Aarón y que tú, Hulda sepan que su mamá les ama indeciblemente.
Ella quiere, también, que sus nietos y bisnietos y bisnieta sepan que el amor de ella para ustedes no tiene fin.
Ella, también, quiere que tú Javier cuides a Jocelyn y a los muchachos y que tú, Joselyn, cuides a tu esposo, Javier y a tus muchachos.
She, also, wants you, Bambi, to cherish your wife, Anna, and your sweet daughter, Sisa and that you, Anna, devote yourself to your husband, Bambi, and to your lovely daughter, Sisa.
Ella, por igual, quiere que ustedes, el PUEBLO que la hizo feliz en el Señor, sepa que no tiene con qué pagar tanto amor como le dieron.
Ya, a ella, NADA LE DUELE, que ya puede caminar, que está como para correr en las próximas Olimpiadas, que está COMO COCO, que está NO como en la GLORIA sino que está EN LA GLORIA; que tiene un NUEVO CUERPO; que NO necesita ya silla de ruedas sino que más bien está sentada sobre un pequeño trono de luz al lado de Jesús Cristo que esta en SU AUGUSTO TRONO; que tiene las piernas hermosas como los Bonilla; que tiene NOVIO y se llama JESÚS, EL CRISTO.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte de su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
Ella tiene una mansión de casa, infinitamente más hermosa que la Casa del Lirio, una casa no construida por mano de hombre sino que se la tenía reservada EL NOVIO POR EXCELENCIA: JESÚS.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte de su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
La GLORIA ES UN LUGAR QUE ELLA  NO SABE DESCRIBIR PERO QUE, EN ÉL, SE SIENTE EN CASA y QUE NADIE SE LO VA A QUITAR; que NO está sola con Jesús, SU NOVIO, porque hay otros con ella que han sido fieles al NOVIO, JESÚS CRISTO. Ella, Aida, mi NENA, quiere y necesita que TODOS USTEDES sepan eso.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
Ella, hija y NENA mía, quiere que tú, Aarón cuides a Hulda y a Elizabeth y que tú, Hulda, cuides a Aarón.
Ella, hija y NENA mía, quiere que sus hermanos y hermanas en este EL PUEBLO DEL SEÑOR EN MÍ, SE AMEN UNOS A OTROS, QUE NO HAYA DISCORDIAS, QUE SE PERDONEN.
HIJOS DE MI LLAMADA Y DE TODA MI VIDA: ¡EN LA GLORIA DEL SEÑOR TENEMOS OTRO ÁNGEL, OTRA ESTRELLA Y ESE ÁNGEL Y ESA ESTRELLA ESTÁ DÁNDOLE GLORIA AL NOVIO: JESÚS CRISTO A LA VEZ QUE LE ESTÁ PIDIENDO QUE MI PUEBLO Y YO, ALELUYA, SEAMOS MÁS SANTOS Y MÁS ENTREGADOS  CADA DÍA!


13 de agosto de 2017

CONSTANTEMENTE

2 Tesalonicenses 2,13-17
   Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los escogió para que fueran los primeros en alcanzar la salvación por medio del Espíritu que los hace santos y de la verdad en que han creído. Para esto los llamó Dios por medio del evangelio que nosotros anunciamos: para que lleguen a tener parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
   Así que, hermanos, sigan firmes y no se olviden de las tradiciones que les hemos enseñado personalmente y por carta. Que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado consuelo eterno y esperanza gracias a su bondad, anime sus corazones y los mantenga a ustedes constantes en hacer y decir siempre lo bueno.   
   
   Amados: Todos estamos llamados a vivir la gloria del Señor aquí; más que la gloria del Sinaí, más que la gloria del Tabor; la gloria a partir de la obra completa y consumada por el Señor nuestro Jesús Cristo, vivir la gloria del Señor aquí. Pablo se da cuenta que eso es tan grande y tan increíble. Y, al ver que tal vez los tesalonicenses, al escuchar eso dirán: “Pero, pero es que esto, esto es maravilloso, esto… sí; esto… sí.”  Él les dice:”pero esto no se consigue así porque sí.” “Manténganse firmes.” Ahí es donde viene la parte tuya y mía. “Manténganse así pues…”, como diciendo: como ven que es de esa manera y que no es de otra manera. De modo que si vienen otros predicadores a decirles otra cosa, no les hagan caso. Como es de esa manera, “Manténganse firmes y conserven lo que han aprendido”, ¿de quién?, “de nosotros”. 
   Amados: Cuando Pablo dice nosotros, ese “nosotros” no es un plural majestático, no es un plural de majestad, ¿quién crees tú es “nosotros”? “Conserven lo que han aprendido de nosotros”. ¿Quién es nosotros? Yo creo que “nosotros” son todos aquellos, a quienes Pablo ha encontrado dignos de confiarle el misterio de Jesús porque están viviendo a Jesús Cristo en santidad. Y “nosotros”, es el mismo Jesús, el Padre y el Espíritu Santo. Esos son “nosotros”. “Conserven lo que han aprendido de nosotros”. Cualquiera diría que Pablo es soberbio, orgulloso, echón y vanaglorioso, pero no es eso. Él está consciente que ese “nosotros” es él; pero él está consciente que él no puede nada sin el Señor Jesús; que lo qué él les enseña de pie, lo aprendió arrodillado; que lo que él les enseña por medio de sus cuerdas vocales, dice: ”Conserven lo que han aprendido de nosotros…” ¿De qué manera? ¿De qué manera aprendieron? Y qué les dice: ”Cuando se lo hicimos saber por medio de…”, ¿qué? Él dice dos cosas: A viva voz, cuando estaban escuchando ahí, personalmente o cuando les escribí. Lo que aprendieron de nosotros, de cualquier manera que haya sido. Pero él se lo dice, él les dice que tienen que mantenerse firmes. Los tesalonicenses tenían problemas y dificultades. Y Pablo, en medio de todos los maestritos que estaban apareciendo por allí; en medio de todos los poderes demoníacos que querían lanzarse sobre ellos para quitarles lo aprendido; en medio de las espinas que en el cuerpo, que allá dentro en su vida estaban queriendo hincarles para que dejaran y abandonaran al Señor Jesús; en medio de la incomprensión de hermanos que se habían alejado; en medio de la crítica y la murmuración; en medio de familiares que no entendían las cosas de la misma manera; en medio de la tormenta y la tempestad, Pablo les está hablando de la gloria que tienen que vivir y de la santidad en el Señor, y les dice que se tienen que mantener firmes y vivir con delicadeza todo lo que él les ha enseñado en nombre del Señor. Como diciéndoles: ''Feliz el hombre que vive de esa manera, especialmente en medio de la prueba”. Porque si tú soportas la prueba, empezarás a recibir la corona de vida que te ha prometido el Señor. Sin constancia es imposible llegar a la santidad. Sin constancia, tú no podrás llegar a la santidad ni a esa salvación, a la que se refiere el Señor. 
  Te digo una cosa que tal vez te sorprenda: no basta ser virtuoso, paciente, amoroso, orante: un día. No basta ser virtuoso, paciente, generoso, bondadoso: un año; no basta. Hay que serlo siempre, en todo momento, siempre, hasta el fin. ¡Que viene el sufrimiento!, ya lo dice el Apóstol: “Hay que tener paciencia en el sufrimiento y gozo también, para poder cumplir la voluntad de Dios y conseguir lo prometido”. En todo momento, el hombre que le pertenece al Señor y le quiere seguir, tiene que vivir confiado en el Señor. ¿Qué dice el Apóstol Pablo? “Mi justo, mi santo vivirá por la fe, por la plena confianza en el Señor”. Si tú te echas para atrás en lo emprendido, si tú te echas para atrás en el camino de la fe, en el seguimiento de Cristo, vas a poner en peligro, la salvación y la santidad. 

  Tú sabes lo que dijo Jesús: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino”.

6 de agosto de 2017

ATRÉVETE

Juan 8, 12
   Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo:
—Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad.

   Amado, amada: Si tú y yo no tomamos en serio la perfección, la santidad y la reproducción de Cristo en la vida, el mundo no va a creer. Cada vez que tú y yo nos apartamos de nuestra vida de vivir el Evangelio, se oscurece y se debilita el testimonio de Ekklesía, de Cuerpo de Cristo, que tienen que ver los demás para descubrir el amor al Padre Dios. En cambio, en la medida que tú y yo nos atrevemos a encarnar el Evangelio, sin respetos humanos, sin temores -no en un momento, sino continuamente- porque es muy fácil cerrar los ojos y dar un testimonio bonito y vivo en un momento determinado; pero, lo que quiere el Señor es que ese testimonio sea constante en cualquier momento y que nunca cambie. Y cada vez, en la medida que encarnamos el Evangelio, entonces, a la larga, se vuelve creíble Jesús Cristo en nosotros. El Señor nos quiere orando y ayunando; siendo amorosos y caritativos. Y a lo mejor, todo eso de orar, ayunar y ser caritativos, tal vez eso, tenemos que mantenerlo en lo secreto de la intimidad con el Señor, para que no sepa la mano derecha o la izquierda, lo que hizo la otra. Pero el Señor nos pide que todo el mundo pueda ver y descubrir el modo en que vivimos. Eso no se puede esconder: ”Que brille la luz de ustedes delante de los hombres para que vean las buenas obras de ustedes y glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.” El Señor, no está diciendo que tenemos que ser unos ostentosos. No. Es que no podemos brillar ante los demás, si no hay una santidad por dentro. Porque las palabras bonitas o los gestos intrépidos, osados y atrevidos de levantar los brazos y de glorificar al Señor, eso tendría que ser solamente una consecuencia natural de una vida entregada, sacrificada y de un heroísmo interno que estamos viviendo. Hay que guardarse de la ostentación, del “show off”. Pero hay que guardarse también del respeto humano, de cualquier otro motivo egoísta que contradice el que tú profeses abierta y valerosamente la fe tuya, tanto en tu obra y en tu vida como en tu palabra.
   Amado, amada: Porque tú tienes que ser, en pequeño o en grande: enviado, apóstol, luz, guía de los demás y representante de Aquel que dijo: “Yo soy la luz del mundo.” Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, Él te ha mandado a algo a ti en la vida. En este momento de tu vida, Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, te ha encomendado una tarea. ”Ustedes son la luz del mundo.” Pero Él también dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Entonces, ¿en qué quedamos, en que Jesús es la luz del mundo o en que nosotros somos la luz del mundo? En lo que quedamos es, que para que se haga eso realidad -porque para Jesús es una realidad ya - es un mandato en el que tenemos que vivir, es un mandato tan grande que ya no lo manda, que ya lo toma por sentado y dice: “Ustedes son la luz del mundo”. Y si Jesús es la única luz del mundo, de la única manera que tú puedes ser luz del mundo es siendo como Jesús. De manera que, eso de ser tú, luz del mundo, solamente se verifica en la medida en que íntimamente estés unido a Él -la única luz-  y que vivas lo que Él te ha enseñado a plenitud y ese vivirLo a plenitud se convierte en luz. Tú sabes que hay una cosa que hace que tú te conviertas en luz: eso es vivir lo que el Señor te ha enseñado a plenitud. 
   No es cuando se predica bonito, no es cuando tú estás en un momento grande de fervor, que tú eres luz. No. Entiende bien lo que el Señor te ha querido decir: Si tú haces eso de vivir a plenitud el Evangelio y a Jesús, sin dejarte pasar algo, entonces serás luz.