LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

16 de julio de 2017

LOS PEQUEÑOS DEL SEÑOR

MATEO 19, 13-15
   Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo: —Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. Puso las manos sobre los niños, y se fue de aquel lugar.
   Amados: Eso de ser “pequeños” para Dios, tiene que ver primero con reconocer nuestra propia nada. Y al reconocerla, que uno se arroje en los brazos del Papá bueno, del Dios bueno, nuestro Padre. Es que empecemos a sabernos que de verás somos nada. Es empezar a sentirnos tan pequeños, de manera que podamos arrojarnos sin reservas y sin dudas en los brazos de Dios. Es como entrar en una infancia espiritual. No inmadurez, yo no hablo de eso; no es eso lo que quiere el Señor. El hombre y la mujer verdaderamente maduros caben perfectamente entre los pequeños del Señor. Pero tenemos que entrar dentro de una infancia espiritual. Y eso es cuando el cuerpo no vale y el alma no vale, sino que es el espíritu el que esta valiendo. Por ejemplo, un niño cuando nace, para él, su cuerpo, no vale nada. Él no tiene conciencia de la protección de su cuerpo o de defender las verdades de su mente o los quereres de su voluntad. Lo único es que su espíritu tampoco ha tenido la experiencia de Dios. Pero, imagínate a un niño recién nacido a quien le sucediese el milagro de que su espíritu estuviera conscientemente en la experiencia de Dios. Eso tienes que ser tú, eso tengo que ser yo. Ahí es donde Dios es todo; donde tú y yo somos niños y somos nada. 
   Amados: Tenemos que volvernos pequeños, de tal manera que Dios no encuentre en nosotros ningún obstáculo porque Él logró que hiciéramos el esfuerzo tan grande de ser pequeños y el resultado fue, que nos hicimos niños ante Él. No esperes nada más sino a Él, el Señor. No te conformes con lo de Él, sino con Él y con nada más. Eso le place a Dios más que la creación de un millón de soles, de luz y de estrellas. Cuando el Señor puede conseguir que un hombre o una mujer lleguen a la madurez porque para ellos solamente está vivir a Dios como una experiencia continua, entonces es cuando el Señor se complace. 

   Amados: Nada cuesta tanto al hombre como hacerse sincero y verdaderamente pequeño. Y sincero no quiere decir, decir la verdad, ni verdaderamente pequeño quiere decir, estar caminando en inmadurez. Lo que quiere decir es una seriedad y una madurez tal, que uno se decidió a negarse a sí mismo metido en la voluntad amable de Dios. Y eso cuesta. Lo que te hace grande a los ojos de Dios no son tus grandes planes, ni siquiera tus planes de ser pequeño. Ni siquiera tus planes de negarte, ni de mortificarte. Lo que te hace grande ante Dios no es tu empresa, ni tu plan, ni tus grandes mortificaciones, ni tus grandes penitencias. Eso no es. Porque todo eso puede estar contaminado por orgullo; todo eso puede estar envenenado con vanidad. Todo eso puede estar saliendo de tu voluntad, de tu propio gusto y no del de Dios. Lo que te hace grande, lo que nos hace grandes delante de Dios es ser pequeños y humildes. Es lo que decía el Señor: “Yo soy manso y humilde de corazón”. Humildes como niños, pero como niños que dentro de su espíritu lo que están viviendo diariamente es la experiencia de Dios; la experiencia de Jesús Cristo; la experiencia del Espíritu Santo que como recio viento sopla en nuestras vidas. 

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