LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

23 de julio de 2017

LA VIDA DESDE EL ESPÍRITU

Mateo 4, 23-24
   Jesús recorría toda Galilea, enseñando en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias. Se hablaba de Jesús en toda la región de Siria, y le traían a cuantos sufrían de diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, a los epilépticos y a los paralíticos. Y Jesús los sanaba.

 Amado, amada: La meta y el propósito de Dios siempre ha sido y siempre será tener una relación contigo de Espíritu a espíritu. Cuando el Señor brega contigo, de cualquier manera que Él escoja, por más tonto que tú creas, por más insignificante que tú lo juzgues, por más pequeño que tú lo consideres, lo que el Señor quiere es hacer una llamada a tu espíritu. Eso es lo que Él quiere. Por eso, tenemos que descubrir el misterio del bregar del Señor contigo y de tú vivir en el Señor y para el Señor. No hay ningún bregar del Señor contigo que se limite a la carne o al alma. Cada vez que el Señor brega contigo, Él está llamando a tu espíritu. Él no quiere relacionarse con tu cuerpo o relacionarse con tu mente o con tu voluntad; Él no quiere. Por eso, cuando Él le daba de comer a la gente, Él no estaba queriendo saciar el hambre física; de ninguna manera: Él estaba queriendo hacer una llamada a su espíritu. 
  Cuando Él brega en el espíritu, claro que sí que la carne se regocijará y el alma se regocijará, pero eso es solamente porque Él bregó contigo en el espíritu. Por eso es que Él reprocha a aquellas ciudades que no le recibieron. Él había hecho tantos milagros en ellas. Y los milagros de Él solamente se posaron en la carne; a lo más, en el deleite de una mente o en el regocijo de una voluntad. Pero en donde Él quiso llegar, no pudo llegar porque ellos estaban todavía apegados a lo terrenal. Ellos estaban todavía apegados a la carne, al alma, a la mente y a la propia voluntad. Ellos no dejaban que La Palabra llegase a donde Él tenía que llegar y a donde Él solamente quiere llegar. Porque cada vez que Él brega con el hombre o la mujer, Él brega con el hombre o la mujer para hacer una llamada a su espíritu. 
   Amado, amada: El Señor no quiere visitar tu cuerpo. Él no quiere visitar tu mente, ni tu voluntad. Él quiere visitar tu espíritu. No hay otra manera. Siempre que el Señor se inclina para mirarte, Él no quiere quedarse en tu cuerpo, ni en tu mente, ni en tu voluntad. La mirada del Señor es hasta allá dentro y si no te dejas mirar hacia allá dentro, nunca podrás decir que te ha mirado el Señor. Cuando el Señor alarga su mano hacia ti, no es para que tú le des la mano, es para que tú le des el corazón. Y Él se lo dice: ”Con ustedes Yo no he podido.” Y, por lo tanto, empieza a hacer una comparación bien dolorosa. ”Si en Tiro y en Sidón…” -como diciendo- si Yo hubiera ido a lo más horrible, a lo más sucio, a lo más duro, a lo más despreciable, a lo más pecaminoso y pecador; y hubiera hecho las cosas que Yo he hecho con ustedes, es posible que ellos, sí me hubieran dejado llegar hasta el corazón.” Porque Él estaba consciente que Su amor, Su misericordia y Su poder, habían sido tan abundantes con ellos, que se había derramado copiosamente el poder de Él sobre ellos, de que Él había tendido su mano en favor de ellos. 
   Amados: Si nosotros hiciéramos cuenta con lápiz y papel, de todo lo que ha venido a nosotros de mano del Señor, podríamos pensar en lo que hubieran llegado a ser otros, si hubiesen contado con todo lo que a ti y a mí nos ha dado el Señor. El Señor tiene razón en quejarse, en lamentarse, porque todo lo de Él o mucho de lo de Él, cuando Él ha querido que llegue hasta lo más adentro de nosotros, se tropezó con nuestro corazón duro, con nuestra mente brillante y con nuestra terca voluntad. ¡Cuántos deseos bonitos ha puesto el Señor en ti, que solamente llegaron a ser deseos bonitos! ¡Cuántos propósitos bonitos y resoluciones grandes has hecho tú, que ahora mismo -al mirarlas- son resoluciones nada más; se han quedado sin cumplimiento! Es una vergüenza para nosotros, tal vez, el pensar o el saber que otros en situaciones menos bonitas, han podido aceptar mejor lo del Señor. El Señor quiere que nos rindamos a lo de Él. Que no nos levantemos como aquellas ciudades, orgullosos; sino que la humildad nuestra sea la puerta grande y humilde por donde pueda pasar lo de Dios y llegar allí hasta donde Él solamente quiere llegar, a tu espíritu.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.