LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

15 de junio de 2017

EL PLAN ETERNO DE DIOS

Lucas 10, 13-14  
   Jesús también dijo:
«Habitantes del pueblo de Corazín, ¡qué mal les va a ir a ustedes! ¡Y también les va a ir mal a ustedes, los que viven en el pueblo de Betsaida! Si los milagros que hice entre ustedes los hubiera hecho entre los que viven en las ciudades de Tiro y de Sidón, hace tiempo que ellos habrían cambiado su modo de vivir. Se habrían vestido de ropas ásperas y se habrían echado ceniza en la cabeza para mostrar su arrepentimiento. Les aseguro que, en el día del juicio final, ustedes van a recibir un castigo mayor que el de ellos.
   
   Amados: Jesús Cristo, el Hijo de Dios, vino a traernos una vida distinta, un modo nuevo de vida. Un modo nuevo de vida que había sido echado a un lado pero que siempre fue y que estaba y estará siempre dentro del plan eterno de Dios. Él vino a traer algo completamente nuevo. Y lo que vino a traer, completamente nuevo, era la vida y la era de vivir en el espíritu. Desde siempre ese es el propósito del Padre Dios. El propósito de Jesús Cristo es que toda la vida sea comprendida como vida que tiene que vivirse desde el espíritu. Porque es ése el plan de Dios: que los hombres podamos estar en comunión con Él, de Espíritu a espíritu. El Hijo de Dios se revistió de carne para mostrarle a los hombres como tendrían que vivir si estuvieran viviendo dentro del plan de Dios. 
   Pero, cuando viene el Hijo de Dios y empieza a mostrar una vida completamente distinta, un estilo de vida diametralmente opuesto al estilo de vida consagrado por siglos y siglos, NO lo aceptaron. Cuando Jesús Cristo, el hombre que es Dios, vestido de humanidad, cuando Él empieza a vivir y a exigir que los demás que vivan la vida que únicamente podían vivir porque era la única aceptable por la voluntad del Padre y que estaba dentro del plan de Dios, NO Le aceptan. Cuando ÉL, vestido de carne empieza a hablarles a aquellos que tenían un espíritu inmortal, NO Le aceptan. Cuando Él desde Su espíritu, desde lo hondo de Su ser empieza a hablarles, no Le aceptan. No permiten ellos que la Palabra de Él llegue hasta desde donde Él Les está hablando que es a lo hondo del ser, al espíritu Y, entonces  -dice La Palabra- que Él tiene que reprocharles porque no se habían convertido; como diciendo que no habían permitido que el espíritu fuera el que empezara a gobernar. 
   Amados: Hay algo que también dice: dice que Él empezó a reprocharles porque no se habían convertido, pero dice que había razón y motivo para que Él esperase que se convirtieran. No era que no se habían convertido y que Él les reprochaba sencillamente porque no se habían convertido sino, que no se habían convertido después de que Él les dio razones plenas para que se convirtieran. Él reprocha a estas ciudades porque en ellas había hecho un caudal de milagros. No Le entendieron a Él o no le quisieron entender.     
   Ellos no quisieron aceptar el mensaje de Sus palabras ni de Sus milagros. ¿Por qué no quisieron aceptarle? Porque Él les hablaba desde lo hondo, para que llegara a lo hondo de ellos y ellos, insistentemente, hacían que sus palabras rebotaran cuando llegaban solamente a su carne. Ya no dejaban pasar La Palabra a lo hondo, rebotaban, chocaban; porque ellos sabían que si Su Palabra traspasaba la carne y pasaba por la mente y la voluntad y llegaba a lo hondo, entonces tenían que dejar las cosas terrenas y carnales que a ellos les gustaban. Ellos tan sólo Le aceptaban a Él, cuando Él no exigía nada, cuando Él les regalaba cosas para las que Él no exigía respuesta. “Danos pan. Cura a mi hijo; ayúdame. Deja que mis ojos vean y se deleiten con los milagros que Tú haces. Deja que mis oídos escuchen palabras lindas. Deja que mi mano toque tu cara bonita”. 
   Pero no pasaban de ahí. Ellos solamente estaban interesados en Él, por lo que Él podía darles sin que tuvieran que responder desde lo más adentro. Cuando Jesús brega con los hombres, Él siempre está haciendo una llamada a su espíritu. Siempre que el Señor brega contigo o conmigo, siempre el motivo, la intención del Señor es llamar a nuestro espíritu. Y si tu espíritu no responde, no te habrá visitado el Señor. El Señor solamente se sabe haber visitado a uno cuando al Él bregar con uno, de cualquier manera que bregue, ese uno comprende que es una llamada a su espíritu. Cuando Él hace milagros, cuando multiplica el pan, cuando te consuela en tu desgracia terrenal, Él está llamando a tu espíritu. Cuando tú sientes un fervor y un deseo, cuando Él te da un vaso de agua o te envía un trozo de pan, Él está llamando a tu espíritu. Nunca el bregar del Señor se limita a tu cuerpo o a tu alma; nunca. Siempre es un llamado a tu espíritu, para que tú te vuelvas a Él desde lo hondo de tu corazón, no solamente arrepentido y agradecido; sino transformado y dispuesto a glorificarle desde allí en donde Él llegó. Todo el bregar del Señor, cuando te reprocha, siempre el Señor- cuando hace cualquiera de esas cosas- la intención del Señor es bregar contigo, con tu espíritu, llamarte desde el espíritu.


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