LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

15 de octubre de 2017

LA SEMILLA DE LA CONSTANCIA

Lucas 8, 4-8
   Muchos salieron de los pueblos para ver a Jesús, de manera que se reunió mucha gente. Entonces les contó esta parábola: «Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y fue pisoteada, y las aves se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras; y cuando esa semilla brotó, se secó por falta de humedad. Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y al nacer juntamente, los espinos la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra; y creció, y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.»

   Amados: Dios es quien único tiene el remedio para la inestabilidad del ser humano. Si tú conociste al Señor y tuviste una experiencia personal con Él, dice la Palabra que a ése, a ésa, el Señor le infundió la virtud de la constancia. Te lo voy a decir otra vez para que lo entiendas mejor: El problema del ser humano, muchas veces para seguir al Señor es ser constante. Cuando tú conociste al Señor, cuando tú tuviste una experiencia personal con el Señor, una de las cosas que sucedió y que todavía está ahí dentro de ti, es que el Señor infundió dentro de ti una virtud que se llama constancia. Yo lo creo porque así lo dice el Señor. Cuando tú conociste al Señor, el Señor infundió dentro de ti -entre muchas cosas que infundió- Él te infundió la virtud de la constancia. 

    Entonces te preguntarás: “Pero, ¿y por qué yo soy inestable?” Amado, amada: La virtud de la constancia que Él infundió, dentro de ti, está como una semilla y el Señor dispuso que esa semilla se desarrollara al tú disciplinarte. Como la semilla que se siembra en la tierra; así Él sembró la virtud de la constancia en ti. Pero, nada le sucede a esa semilla, si otras cosas no empiezan a suceder, si ella no empieza a recibir la disciplina del cuido y del Agua Viva de Dios. Cada vez que tú te disciplinas y luchas, luchas por mantener lo que te ha dado el Señor, esa virtud de la constancia se va desarrollando, porque se desarrolla con el ejercicio. Y, ¿cómo se desarrolla? Empieza a desarrollarse en los momentos difíciles, precisamente, porque en los momentos fáciles no hay necesidad de que se desarrolle la virtud de la constancia. En los momentos fáciles, no hay que hacer grandes sacrificios, ni disciplinarse, y precisamente, con la disciplina es que se desarrolla.  ¿Por qué tú te crees que un hombre o una mujer que ha conocido al Señor, pero que no ha tenido ninguna prueba nunca, que todo le ha ido fácil; por qué tú te crees que después de verle uno, dos y tres años en esa santidad, de momento le viene una prueba y cayó al piso como fruta madura? ¿Por qué tú te crees? Porque ahí no había profundidad, ahí lo que había era facilidad de vida. La virtud de la constancia se quedó en semilla para aquel hombre, porque esa semilla precisamente crece y se desarrolla en medio de la dificultad y la prueba. Si tú entiendes eso, habrás entendido una cosa muy grande de parte del Señor. ¿Por qué tú te crees que tantos que dicen seguir al Señor desde temprana edad, lo pasaron bien, diez, quince años pero vino un momento de prueba y perdieron la fe? Eso es algo muy triste, porque la virtud de la constancia se quedó en semilla; no fue puesta a prueba. No hubo ocasión para desarrollarla ni probarla.  

8 de octubre de 2017

LA GLORIA DE DIOS

Juan 8, 14-18
   Jesús les contestó:
—Mi testimonio sí tiene valor, aunque lo dé yo mismo a mi favor. Pues yo sé de dónde vine y a dónde voy; en cambio, ustedes no lo saben. Ustedes juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie; pero si juzgo, mi juicio está de acuerdo con la verdad, porque no juzgo yo solo, sino que el Padre que me envió juzga conmigo. En la ley de ustedes está escrito que cuando dos testigos dicen lo mismo, su testimonio tiene valor. Pues bien, yo mismo soy un testigo a mi favor, y el Padre que me envió es el otro testigo.

   Amado, amada: Un día de éstos, tú vas a experimentar aquella cosa tan grande que decía Jesús: “El Padre está conmigo; nunca me deja solo porque Yo hago siempre lo que le agrada a Él. Yo hago siempre lo que le agrada a Él.” Entonces, tú y yo, viviremos aquella realidad que Jesús les comunicaba a los fariseos: “Yo honro a mi Padre. Yo no busco mi gloria. No recibo de los hombres gloria”. Entonces, tú buscarás como Jesús, la gloria del Padre. Porque Jesús solamente busca la gloria del Padre y para glorificar al Padre Dios, tomó para sí la humillación más profunda. Se hizo vergüenza de lo humano y asco de todo el mundo. Despreció todo con tal y glorificar al Padre. Belén, Nazaret, Calvario: tres momentos grandes de la vida humilde y escondida de Jesús. Pero siempre en todo, Jesús glorificaba al Padre. Cuando realizaba milagros: “Miren que nadie lo sepa”. Era al Padre a quien quería glorificar  Se lo dijo a aquellos ciegos, a los que de un tirón les devolvió la vista. A Pedro, a Santiago y a Juan allá en la transfiguración: “no lo cuenten a nadie”. ¿Entiendes? En la multiplicación  de los panes, huyó para que no le aplaudieran. La gloria de Jesús, ¿sabes cuál es? Hacer la voluntad del Padre. La gloria de Jesús, ¿sabes cuál es? Ser hijo de Dios. Él no quiere otra. 
   Amado: No quieras para ti otra gloria que la de ser hijo de Dios. Aceptar otra gloria, aparte de ser hijo de Dios, es quitarle la gloria a Dios. ¿Entiendes? Así como el Padre, encontraba todas sus complacencias en su Hijito amado, así el Hijo se complace solo en Su Padre y en la gloria que el Padre le da. No quieras otra gloria que la que el Padre te ha dado y la que te ha dado es que seas hijo de Dios. Y los hijos están metidos en la voluntad del Padre. ¿Entiendes? Amados: Tú y yo, si queremos seguir a Jesús Cristo, buscamos la gloria de Dios. Estate en la voluntad de Él. No quieras para ti otra gloria que la de hijo de Dios.

   Amado, amada: Sé un trocitito vivo, una piedra viva en el cuerpo del Señor. Cuídate mucho de la inclinación al orgullo que con frecuencia lleva al corazón de uno a buscar la propia gloria, a buscar alabanza, gloria personal, en el vivir a Jesús. Cuídate de eso. Cuando hables con los demás, cuando le vayas a contar tus experiencias con el Señor, cuídate de todas esas cosas. El poder del Mal por ahí, está buscando quien busque su propia satisfacción, aún en las cosas más espirituales y más santas. Porque si alguno mira -aunque sea en cosas pequeñísimas- mira glorificarse a sí mismo, su gloria es nada.  Eso lo levantará delante de los hombres, pero lo abajará delante de Dios; lo disminuye y hasta puede poner en peligro su gloria de hijo de Dios. Porque la única gloria que tienes que tener es la de hijo de Dios. Busca cuidadosamente, siempre darle la gloria a Dios en todo: en tus palabras, en tus miradas, en tus gestos, en tu testimonio, en tu vivir a Dios; solamente la gloria de Dios. 

1 de octubre de 2017

LUZ ENCENDIDA

MATEO 6, 22-23
   »Los ojos son la lámpara del cuerpo; así que, si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo tendrá luz; 
pero si tus ojos son malos, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra será la oscuridad misma!

   “Brille así la luz de ustedes para que vean y glorifiquen al Padre.”
 Amado, amada: La luz de tu vida no la enciendes tú, la enciende Jesús Cristo el Señor. Eso no viene de ti, eso viene de Él. Alguien podrá verte a ti en un momento de fervor, pero es un momento de fervor nada más, porque todavía no has aceptado el reto de vivir la plenitud del Evangelio. Alguien podrá verte y decir:”qué santo es esa persona”.  Probablemente lo dijo, pero vas a notar una cosa: que el haberte visto así, no produjo nada de obra del Señor en ella. No produjo que esa persona glorificara al Padre Dios. Te admiró, pero no produjo glorificación en ella. Y lo que dice el Señor es: “Brille así la luz para que vean y glorifiquen al Padre.” 
   Y Jesús es quien enciende la luz. Y Él no la enciende porque ve que tus brazos están en alto; Él no la enciende porque estás con una resolución de ser humilde hoy. No. Él espera para ver hasta donde tú llegas con tus esfuerzos. Él no enciende la luz porque tú te decides a ser como Él, solamente hoy. Tampoco es porque allí en aquel ministerio, en aquella Cena experimentaste aquello tan grande en tu corazón. Porque Jesús es el que enciende la luz de tu vida. Si los hombres por ti, llegan a glorificar al Padre, fue porque el Señor encendió la luz. Y la luz del Señor seguirá ardiendo en la medida de tu celo y de tu vivir plenamente el Evangelio. “Brille la luz de ustedes.” La luz en tu vida es efecto de la santidad y la santidad no es un momentito fervoroso la santidad es un nuevo modo de vivir. 
Amados: La luz que en ti vaya a encender el Señor, va a empezar a brillar un poco hoy; luego brillará más mañana; luego brillará más una semana y más y más, pero constantemente viviendo a plenitud el Evangelio. 

Señor, te pedimos que nos concedas escuchar Tu Palabra, de tal manera que no solamente la escuchemos, sino que llegue a ser Palabra viva para nosotros y así, poder vivirla. Destruye en nosotros -con tu Palabra- lo que tiene que ser destruido. Vivifica lo que tiene que ser vivificado. Que creamos con el corazón, pero que lo creamos y lo vivamos. Y entonces, profesará la boca nuestra lo que creemos. Entonces, el espíritu, vivirá plenamente la alianza que tenemos contigo. Para que los hombres cuando vean la vida nuestra probada, no verán la luz nuestra, sino a Ti, Jesús y comenzarán a glorificar al Padre que está en los cielos. Por ti, Jesús Cristo, el Señor de Quien es la gloria, por los siglos, de los siglos, Amén.

17 de septiembre de 2017

DURAS PALABRAS

Juan 6, 61-68
   Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:
—¿Esto les ofende? ¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. Y añadió:
—Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
   Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. Jesús les preguntó a los doce discípulos:
—¿También ustedes quieren irse?
   Simón Pedro le contestó:
—Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.


   Amados: No basta haber elegido a Dios una vez y que para toda la vida. Eso tú lo hiciste una vez. Tú elegiste a Dios y aquella vez lo elegiste para toda la vida. ¿Tú recuerdas? Pero el Señor nos dice que eso no basta. Que no basta elegir a Dios una vez en la vida para toda la vida; sino que es preciso, elegirle a Dios todos los días, a cada instante, para que cada palabra tuya sea un resultado de haber elegido a Dios. Y si tú Le eliges a cada instante: todo lo que tú digas o pienses o hagas será para gloria de Dios. Pero si tú Le elegiste sólo una vez para toda la vida, en un momento grande o fervoroso, eso no sirvió. No te puedes olvidar ni un momento, de que en cada paso que tú das, estás eligiendo a Dios. En cada palabra que tú hablas estás eligiendo a Dios, en cada pensamiento que tú tienes, estás eligiendo a Dios. 
  Y duras son esas palabras. Lo mismo que sucedió aquella vez, cuando Jesús empezó a exigirle a sus discípulos y Él, empezó a decirles de toda Su exigencia y ellos empezaron a decir: “Duras son esas palabras.” Pero Jesús nunca cambia. Cuando los hombres empiezan a decir: “Pues no podemos tolerar eso, es muy duro, es muy fuerte”, el Señor no afloja. El Señor no lo hace más fácil. Te has dado cuenta que cada día que pasa, el Señor lo hace más difícil y más duro. Él no afloja. Él no se deja engatusar ni engañar por las voces de que: “Son duras estas palabras; nos vamos.”  Cuando el Señor empieza a escuchar de su pueblo que sus exigencias son duras, el Señor no afloja. Él lo que les dice es: ”Les falta fe. Tienen que creer más en mí. No se escandalicen, no discutan, crean, no valen argumentos ni excusas ni justificaciones.” Y muchos -dice La Palabra- cuando Él empezó a hablar, muchos discípulos -no gente común- eran discípulos, muchos discípulos, empezaron a irse. 
   Amados: Muchos discípulos se echaron atrás –y miren qué palabras más tristes- “y no volvieron a caminar con Él.” “Muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a caminar con Él.” Esto es muy impresionante: Cuando muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a caminar con Él, a mí me impresionó mucho el saber que el Señor no hizo nada por retenerlos. El Señor no hizo nada por retenerlos. Él se dio cuenta que eran como aquellos que teniendo capacidad, de fuerza y esfuerzo para cursar brillantemente la materia, por comodidad, por no querer sacrificarse, por no pasar largas noches orando y estudiando la materia, se dan de baja. Él no hizo nada por retenerlos, sino que, cuando vio que se fueron,  se volvió a los Doce que también eran discípulos de Él, y les preguntó: “¿También ustedes quieren marcharse?”
   Amados: El misterio de Jesús es único e indivisible. A Jesús se Le acepta íntegramente porque si se rechaza una partecita de Jesús, se está rechazando a todo Jesús. Por ninguna razón en el mundo podemos disminuir las exigencias del Señor. El Señor no disminuye sus exigencias para que no se le vayan, no. Él prefiere perder muchos discípulos a cambiar una sola de sus palabras. Quien se ha decidido por Jesús, tan sólo puede decir que no tiene otra alternativa, sino la de decir como Pedro: “¿Señor, y a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios.” Y conviene recordar, si no lo sabías, saberlo; conviene recordar con temor que fue en este momento, en ese momentito que Judas empezó a apartarse del Maestro. Fue en ese momento que vino el distanciamiento de él. Es que, si nos vamos de la compañía del Señor, ¿a quién iremos, a quién? ¿Entiendes? ¿A quién vamos a ir, si no hay nadie más? Pero no es porque no haya nadie más, es que aunque nos fuéramos, en ningún otro lugar seremos bendecidos. Otros podrán escuchar otras palabras, pero sólo con las palabras que el Señor ha escogido para mí y con las palabras que ha escogido para ti, es con las que tú y yo seremos bendecidos. 

  

10 de septiembre de 2017

UNA VISITACIÓN A TU ESPÍRITU

Colosenses 3, 1-4
   Por lo tanto, ya que ustedes han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo. Cristo mismo es la vida de ustedes. Cuando él aparezca, ustedes también aparecerán con él llenos de gloria.

   Amados: El propósito de Dios es siempre visitar tu espíritu. Es más, cuando tú necesitas al Señor porque tu cuerpo está enfermo y le pides al Señor, asegúrate que Él no quiere visitar tu cuerpo. Él quiere sanar tu cuerpo, pero no quiere visitarlo, Él quiere visitar tu espíritu. No te relaciones nunca con el Señor, sino estás dispuesto a que Él visite tu espíritu. Porque cada vez que tú quieras relacionarte con el Señor, pero no permites que Él visite tu espíritu, lo que va a suceder es que tu relación con el Señor, se va a volver artificial y plástica. Entonces tú estarás construyendo una vida con el Señor completamente falsa, sin fundamento y sin cimiento. Porque siempre que el Señor brega con uno es porque Él quiere visitar el espíritu. 
   Si tú no entiendes eso, que en cualquier cosa: cuando tú tomas La Palabra para leerla -que no es otra cosa sino querer que el Señor bregue contigo- si tú no permites que Él bregue con tu espíritu, la lectura de La Palabra se va a convertir en un ejercicio automático de un hombre o mujer máquina. Si cuando tú haces una tarea aquí o fuera y yo me imagino que la haces por el Señor- porque sería una pérdida de tiempo hacerla por otra razón-  y tú no dejaras que el Señor bregara con tu espíritu, entonces, cuando tú vuelvas a hacer esa tarea y vuelvas a hacerla sin dejar que el Señor bregue con tu espíritu, esa tarea se va a convertir en algo que te va a obstaculizar crecer en el Señor. Y no es que has de cambiar de tarea, es que has de cambiar tu actitud y tu proceder para entonces hacer nuevo tu corazón.  

   Amados: Todo el día, Él está llamando a tu espíritu; en lo que tú haces, en lo que dices, en lo que hablas, en tus trabajos, en tus tareas, en tu ir y venir, en todo eso es un bregar del Señor contigo en el espíritu. El que tú leas este corto mensaje, no es por pura coincidencia, es otro modo de bregar el Señor con tu espíritu. Es Dios bregando contigo - ya te dije-  que Él hace una llamada a tu espíritu. Y si el Señor no ha logrado llegar a tu espíritu por falta de esfuerzo tuyo, y su intención fue llegar a tu espíritu, entonces en ti ha quedado estéril y no ha  habido visita del Señor. Porque todo el bregar del Señor, tiene que resultar y conducir a una llamada al espíritu. Y cuando el Señor llama al espíritu, ¿qué hace el espíritu tuyo? Responde. Responde al Señor; responde con dignidad, con humildad, con sacrificio; con resoluciones serias y constantes esfuerzos. Responde con imitación de Él. Responde con aquello que el Señor nos decía: con hacerlo todo como Él, con vivirlo todo como Él. Responde con transformación. Esa es la respuesta tuya. El Señor ha llamado a tu espíritu. Falta ahora saber, no yo, sino el Señor, si tu espíritu ha respondido. 

3 de septiembre de 2017

LA EXPERIENCIA DE DIOS

MATEO 19, 13-15
   Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo:
—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.
   Puso las manos sobre los niños, y se fue de aquel lugar.

   Amado, amada: ¿Recuerdas quién dijo esto? “El que se haga pequeño como este niño, ese será el mayor.” Ese es el pensar de Jesús Cristo y Jesús Cristo no piensa distintamente al Padre Dios. Ese es el pensar del Padre Dios. Así lo han entendido los que se han acercado a parecerse a Jesús Cristo. Pero para eso, tú tienes que estar convencido de tu nada, de tu impotencia y de tu debilidad. Y al reconocer eso, tienes que dejarte guiar en todo y completamente, por la luz de Dios, por el mover del Espíritu y por la imitación de Jesús Cristo. Quien quiere ser pequeño, renuncia a confiar en él mismo, porque aun cuando cree tener la mayor verdad, no puede confiar en sí mismo porque se va a torcer y se va a salir de los planes, del detalle del Señor. El que no se deja guiar completamente - y al decir completamente- quiere decir, que no podemos andar en el juego de dejarnos guiar en parte y querer guiarnos en otra. 
   El que quiere ser pequeño no puede confiar en sí mismo ni apegarse a sí mismo. El que es pequeño, cree lo que le dice Dios; hace lo que le manda Dios, sin preguntar “¿por qué yo?” o “¿por qué no aquél?” o “¿por qué así?”. Obedece lo que se le indica, porque está lleno del amor de Dios y quiere vivir la experiencia continua del Señor y, a la misma vez, está lleno del espíritu de fe que le eleva por encima de todas las cosas, de todo razonamiento y de todo proceso de su mente y no se inquieta por el camino que ha de seguir, ni por el fin al que se le va a conducir. El que quiere ser pequeño no juzga por sí mismo, de nadie ni de nada. Se arroja en los brazos de Dios y de Su providencia. Se arroja a ser gobernado por Dios y sigue caminando, siendo guiado por el camino que tiene que seguir, sin pararse para ver si el camino es difícil o hay piedras en él. El que es verdaderamente pequeño, no duda si podrá, si va a seguir progresando, o si no; sino que descansa tranquilo en los brazos de Dios, dejándose guiar por ÉL. Descansa tranquilo en el corazón de Dios como un niñito recién nacido sobre el corazón y los brazos de los suyos, pero con la diferencia que tiene que ser y tengo que ser un niñito recién nacido que estoy viviendo conscientemente y gozosamente a Dios. Pequeños ante Dios, gozoso será el hombre que se dispone a ser un niño por la humildad. Sé un niño así y yo sé que el Señor se va a cuidar de ti; se va a cuidar de ti de una manera muy especial, como con predilección. 

   Él es el único que nos puede sobreproteger: el Señor. La sobreprotección de Dios, no nos causa traumas ni complejos. Si eres como un niño, Él te va a sobreproteger con predilección. Tú no te vas a tener que preocupar, Él lo va a hacer. No es fácil pues eso supone primero una decisión; segundo, el cumplirla, aunque te lleve a la muerte. Tal vez eso tiene que ser así, eso de llevar a la muerte, porque un adulto, tal vez tiene que morir para que nazca un niño que esté viviendo la experiencia de Dios. Porque si nos mantenemos adultos y sabedores, y sabios y entendidos, podremos correr el peligro de, siendo adultos y sabios y entendidos, que vivamos a un Dios pero pequeña y raquíticamente. Sin embargo, si somos niños- viviendo allá dentro la experiencia de Dios- viviremos como niños la experiencia de un Dios, no raquítico sino grande, poderoso e inmenso. 

27 de agosto de 2017

LA INHABITACIÓN

Juan 4, 30-34
  Entonces salieron del pueblo y fueron a donde estaba Jesús. Mientras tanto, los discípulos le rogaban:
—Maestro, come algo.
   Pero él les dijo:
—Yo tengo una comida, que ustedes no conocen.
   Los discípulos comenzaron a preguntarse unos a otros:
—¿Será que le habrán traído algo de comer?
   Pero Jesús les dijo:
—Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo.


   Amados: Jesús, al entrar en este mundo, dice Pablo que dijo: “Sacrificio y oblación no quisiste Dios; pero me has formado un cuerpo. Entonces dije: He aquí que yo vengo a hacer -oh, Dios- Tu voluntad.” Cuando Jesús el Cristo se enfrenta con quiénes no están metidos  dentro de esa realidad de vivir glorificando a Dios, guardando Su Palabra, metidos en Su voluntad, Él no puede tolerar religiosidad de esa índole. Eso Él lo rechaza. Eso es irreconciliable con Su ser. Jesús puede tolerar a los pecadores que no conocen a Dios; pero Él no puede tolerar a aquellos que supuestamente, han pasado de la tiniebla a la luz -que siguen a Jesús- pero que no están metidos dentro de la voluntad y de la verdadera glorificación del Señor, que se consigue viviendo La Palabra del Señor. “He aquí que vengo, oh Dios, ha hacer tu voluntad”. Esa es la disposición íntima y constante de Jesús, ante la voluntad del Padre. Los discípulos, después del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, le insisten, le instan a tomar un poco de alimento. Él les responde: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.” El alimento de Jesús es hacer la voluntad del Padre. Lo que le lleva caminando por la vida a Jesús, no era la energía física, resultado de una alimentación material. No: “Yo tengo un alimento que ustedes no conocen. Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra”. Lo que Jesús anhela, lo que Le consuela, lo que es Su gozo, es cumplir la voluntad del Padre. La mirada de Jesús está siempre fija ahí. Y no hace ni un movimiento que no esté conforme a la voluntad del Padre, que no esté conforme al querer del Padre. La voluntad de Jesús está siempre transformada y perdida en la de Dios de una manera plena y perfecta. Él obra solamente al impulso de la voluntad de Dios. “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me ha enviado. No busco mi voluntad, sino la del que me ha enviado.” Ese es el refrán, el estribillo, la copla constante que acompasa toda la vida de Jesús. Esa es la regla que gobierna toda su conducta. Ese es el motivo profundo de toda la acción y obra de Jesús.
     Y amados: Él no cumple la voluntad de Dios por necesidad. Jesús no cumple la voluntad del Padre, por necesidad, sino con una libertad gozosa y soberana, aún cuando le duela. “Padre, si es posible que pase de mí este cáliz. Pero no, Padre, por favor, no te vayas a imaginar nada.  No vayas a pensar que Yo estoy tratando de salirme de este atolladero por mí mismo. No creas que… no vayas a pensar que yo estoy tratando de buscar el modo más fácil.” Él cumple la voluntad del Padre, movido por el inmenso amor de Hijo con el Padre. Por eso le ama el Padre. “El Padre me ama porque doy mi vida. Nadie me la quita; Yo la doy gozosa y voluntariamente.” 
   Amado, amada: Esa es la misma vida tuya, porque tú eres hijo de Dios. Y para ti, el camino único de la santidad, ha de ser la voluntad del Padre. Igual que Jesús, tú y yo tenemos que alimentarnos de la voluntad santa y santificadora del Padre. ¿Y cuándo has de hacerlo? En todo momento, que no busques nada ni desees nada fuera de cumplir esa voluntad; que hagas de la voluntad del Padre, el único móvil de la vida tuya.
   Tú tienes que esforzarte continuamente porque es preciso llegar a la plena conformidad de tu propio querer con el querer de Dios. De manera que llegue tu vida  espiritual a tal profundidad, que no haya en tu voluntad, ninguna cosa contraria a la voluntad de Dios. Que tú estés conforme a la voluntad de Dios y la vivas. Y que tú sigas creciendo, por esa misma razón, en el amor. Eso es lo único necesario para la santidad y la vida de unión con Dios. A mayor conformidad de voluntad, corresponde mayor amor. Y al revés, a menos conformidad con la voluntad de Dios, menos amas al Señor. ¿Qué fue lo que dijo Jesús?  “Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a Él y haremos morada en Él.” El cumplimiento de La Palabra, de la voluntad de Dios es la condición necesaria, el requisito necesario para vivir y crecer en el amor y en la santidad; para poder gozar de la inhabitación  -como dicen los teólogos- de la Trinidad en la propia vida de uno.  Para que el Espíritu Santo encuentre morada en nosotros, hemos de estar metidos en la voluntad del Señor. Y en la medida que tú crees que haces cumplir el vivir en la voluntad del Señor, no solo tú vas a descubrir que no solo estarás viviendo para el Señor, las cosas grandes, importantes; sino que estarás viviendo todos los más mínimos detalles, porque estarás viviendo la más mínima expresión de la voluntad de Dios. Y no te vas a conformar con no pecar, con pecados mortales como decían antes; sino que no habrá la menor infidelidad voluntaria en ti. A medida que tú y yo empezamos a agradar a Dios porque estamos sometidos a Su voluntad; a medida que vayamos abrazando todo lo que Dios quiere o abrazando todo lo que Él permite -aunque sea doloroso-  iremos creciendo en amor y en gracia, y por su parte, toda la Trinidad te va a dar a ti y a mí, va a querer habitar en nosotros.

17 de agosto de 2017

ÁNGEL Y HERALDO



ÁNGEL Y HERALDO
Proverbios 31, 10-31
      ¡Qué difícil es hallar una mujer extraordinaria! ¡Hallarla es como encontrarse una joya más que preciosa!
      Quien se casa con ella puede darle toda su confianza; nunca nada le falta.
      Ella siente que todo le sale bien; nunca nada le sale mal.
Adquiere lana y lino, sus manos trabajan a gusto.
        Es como nave mercante que importa el grano de lejos y como dé lugar hay siempre comida sobre su mesa.
      Se levanta muy temprano, y da de comer a sus hijos y asigna tareas a quienes están a su derredor.
      Calcula el precio de un campo y con sus ahorros lo compra. Con el sudor de sus manos planta una viña y en ella trabaja de sol a sol.
      Se ciñe la cintura con firmeza y despliega la fuerza de sus brazos.
      Cuida de que todo marche bien en su familia cueste lo que le cueste y aún de noche no se apaga su lámpara.
        Con sus propias manos hace hilados y tejidos. Extiende la mano hacia el uso y sostiene con la palma la rueca.
      Siempre les tiende la mano a los pobres y necesitados.
      No teme por su familia cuando hace frío, pues mantiene a los suyos bien abrigados.
      Ella misma hace sus colchas, y viste a sus hijos con lo mejor que tiene. Ella se viste hermosa y sencilla.
      Su esposo es bien conocido en la ciudad, y ella se asegura que a él se le cuente entre los más respetados del país.
      Teje sábanas y las vende o las regala. Provee de  cinturones a quienes los quieran comprar.
      Se reviste de fuerza y dignidad, y el día de mañana no le preocupa; al contrario sonríe ante el día de mañana.
      Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas. 
      Está atenta a la marcha de su casa, y jamás come lo que no ha ganado.
      Sus hijos se levantan para felicitarla; su marido proclama su alabanza. Sus hijos y su esposo proclaman:
    «¡Mujeres buenas hay muchas, pero tú eres la mejor de todas!»
      Así que los encantos son una mentira, la belleza no es más que ilusión, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza.
   ¡Alábenla ante todo el pueblo! ¡Denle crédito por todo lo que ha hecho!


AARÓN, HULDA, JUAN, FRANKIE DONDE QUIERA QUE ESTÉS, NIETOS, BISNIETOS, PUEBLO QUE AMA A LA HIJA AIDA CON SUBLIME AMOR:
Aida, hija Aida, Aidita, Nena, Sra o Srta Universo: Así la llamaba yo a ella. Ángel, Heraldo la estará llamando el Señor.
En estos momentos, mientras doy el Anuncio en nombre del Señor, sentimos dolor intenso e inmenso. Hemos perdido lo que ha ganado el Señor. Y porque la hemos perdido nuestras vidas nunca serán lo que eran cuando Aida, hija Aida, Aidita, Nena nos acompañaba en esta existencia. Lo que la gente llama “muerte” nos muele hasta los huesos, cancela nuestras agendas, revuelca nuestros planes y nos taladra con un dolor que se empeña en nunca alejarse. Llegó el momento de amurriarse, el momento de la congoja excepto para aquellos que aunque se amurrien y se acongojen poseen LA FE de que la muerte NO es el final, que poseen LA FE de que más allá del sepelio y del sepulcro NOS ESPERA un NUEVO CUERPO, UNA VIDA NUEVA y ETERNA, ¡GLORIA AL SEÑOR RESUCITADO!
La tristeza, el dolor, las lágrimas pueden ser saludables o dañinos, buenos o malos. Todo depende de LA FE del o de los afectados. Por tanto, es preciso – como bien afirma el apóstol Pablo – que NO DOLAMOS como quienes NO TIENEN FE: 1 Tesalonicenses 4, 13-14: “Acerca de los que han transitado de esta existencia, quiero no sigan en la ignorancia para que no se aflijan como los demás que NO esperan. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, lo mismo Dios, por medio de Jesús Cristo, llevará a los que parten de esta existencia a estar con Él.”
Nos ha llegado el dolor; aún dolemos por la ausencia de mami, de abuela, de bisabuela, de mi hija, de mi Aidita, de mi Nena PERO con LA FE en el Señor, LA FE en “como Él es”, LA FE en SU PODER y SU AMOR, tomemos la resolución de fortalecer nuestra FE en el ÚNICO DIOS VERDADERO mientras vivimos con nuestro dolor y atravesar a fuerza de trabajo nuestro congoja día a día sin echarnos encima el peso todo de nuestro dolor.
¿Cómo afrontar el tránsito a LA OTRA ORILLA de quien tocó nuestras vidas de modo permanente y quien, con su vida, hizo que el Señor nuestro Dios se volviera ALGUIEN MÁS REAL, MÁS PALPABLE, MÁS VERDADERO Y TANGIBLE? Lo digo por experiencia propia. ¡De ahí mi llamarle Aidita, hija, Nena!
Yo NO esperaba que – a pesar de sus 95 años y con su mente clarísima – yo NO esperaba que se nos fuera tan pronto, NI tú, Aarón, y menos tú, Hulda. Yo no esperaba que se nos fuera tan pronto. ¡Tampoco tú, Johnny! Y, tú, PUEBLITO MÍO y de ella, que la visitabas y la engreías todos los días visitándola y tú, ANA, hija amada, que fuiste como una hija quien te desviviste por ella.
Ciertamente, ¡NO LO ESPERÁBAMOS! Yo pensaba llamarla como cada dos semanas lo hacía, ¡este DOMINGO pero, como el Domingo quiere decir EL DÍA DEL SEÑOR, EL SEÑOR SE ME ADELANTÓ Y LA LLAMÓ!
Por cierto, aunque yo no creo que los  sueños tienen que ver absolutamente nada con revelaciones  ni ocho cuartos, el viernes, sábado y domingo mis sueños eran con mi mamá y la hija Aida. ¡IGNORO SI EL SEÑOR ME ESTABA PREPARANDO PARA LO QUE – SIN SABERLO YO – IBA A ACONTECER!
Ah, y tengo que decirles a ustedes dos, AARÓN y HULDA: Su mamá los amaba con locura; veía luces cuando hablaba de ustedes. Estaba tan orgullosa de ustedes dos, de Javier y “Bambi” [disculpa pero “YOU JUST CAN’T TEACH NEW TRICKS TO AN OLD HORSE”]; amaba tanto a sus bisnietos y a su bisnieta Sisa, “Anna, she loved Sisa, the blessed in the midst of all the other males”, she used to say, bendita entre todos los varones.
La hija, la Nena, Titi Aida, la Señorita Universo [como, a veces, le llamábamos] tenía una inteligencia no común, una claridad mental extraordinaria, una fortaleza sin par. De las cinco [5] hijas mujeres en el hogar, en quien ÚNICAMENTE mi papá confiaba era en ella, en Aida. Por eso, cuando mis papás querían que se hiciera algo BIEN HECHO, siempre recurrían a ella. La carga del hogar sobrecaía en sus hombros.
Son pocos los que saben CUÁNTO ELLA SUFRIÓ a partir de casarse. Un día – de esos hace muchos años atrás – un día me mandó a buscar con un grito desesperado y me dijo, como si se estuviese volviendo loca, “¡Padre, yo me arrepentí de haberme casado pero, tú me has enseñado que ¡para los que aman al Señor todo redunda en bien porque si no me hubiera casado, NO tendría a los dos hijos tan preciosos que tengo!”
Aarón y Hulda: Ustedes saben lo mucho que ustedes dos, también, sufrieron. No tenían con qué viajar a la escuela, a la Universidad. Menos mal que su mamá sabía sacrificarse por ustedes y si tenía que sacarse el pan de la boca para que ustedes no sufrieran hambre, lo hacía sin chistar.
También ayudaba el que Tío Juan – disimuladamente y conociendo la situación – iba a tomar café que le preparaba la hija Aida y le dejaba – para ustedes dos: Aarón y Hulda – algún dinerito para la transportación.
El primer juego de comedor que existió en el hogar  de ustedes fue uno que Lily, la mamá de la hija Aida, le regaló y los primeros muebles de sala que valiesen la pena, yo se los regalé.
Ella se daba a los demás siempre. En Villa Blanca, cualquiera hubiera dicho que era una sirvienta pues le hacía favores a los vecinos caminando desde su hogar en Villa Blanca hasta el pueblo de Caguas llevándole unas cartas a Fulana, comprándole un artículo a Mengana y ella, feliz de poder ayudar, se ponía unos zapatos “tennis”, unos “champions” y vestida con sencillez gustaba de ser niña de mandados.
En los años 1973 o ’74, cuando los momentos para Gloria del Señor se celebraban cerca del teatro Lido, yo me sorprendí diciendo públicamente: “¡Aida tiene una misión importante en este Pueblo!”
Ella estuvo apoyándome a mí SIEMPRE y yo a ella.
Se inquiete alguien entre todos ustedes o  no, debo decir que, aunque ella amaba a todos, hay tres personas a quienes ella amó de forma singular: A TI, AARÓN, A TI, HULDA y A MÍ. ¡DIGAN LO QUE DIGAN ES ASÍ. Y, el AMOR A MÍ, NO ERA COMO HERMANO, SINO COMO PADRE, COMO HOMBRE DE DIOS. Se parecía a nuestra madre quien me dijo antes de irse con el Señor: “¿Sabes por qué, siendo yo tu mamá, te llamo “PADRE? ¡Porque tú me llevaste a conocer al Señor!”
El 30 de mayo de 1981 se bautizó. Unos días antes, los hijos la encontraron sentada debajo de una de las palmeras frente a la que se llamaba LA PEQUEÑA JERICÓ – donde yo antes vivía – y la encontraron sentada, ojos cerrados, manos juntas como quien está orando después de haber tenido una experiencia íntima con el Señor y vino tan sólo para pedir, por favor, SER BAUTIZADA. Unos días después – el 30 de mayo de 1981, como ya les mencioné – se bautizó en la playa-mar de Arroyo.
En marzo de 1988 se mudó a Borinquen y comenzó su vida de nómada de casa en casa. En todas tuvo experiencias muy hermosas, en la de los hijos Timo y Celín, por ejemplo, excepto en una casa, en un hogar, el de Pepito y Mency. La trataron muy mal. Fue en ese momento cuando, con la sabiduría que me ha dado el Señor, YO LE OFRECÍ LA CASA DEL LIRIO, casa, por cierto, que nunca consideré mía aun cuando la hija María Susana me la había dejado en herencia.
AARÓN, HULDA, JUAN, FRANKIE DONDE QUIERA QUE ESTÉS, NIETOS, BISNIETOS, PUEBLO QUE AMA A LA HIJA AIDA CON SUBLIME AMOR:
Ella quiere que tú, Aarón y que tú, Hulda sepan que su mamá les ama indeciblemente.
Ella quiere, también, que sus nietos y bisnietos y bisnieta sepan que el amor de ella para ustedes no tiene fin.
Ella, también, quiere que tú Javier cuides a Jocelyn y a los muchachos y que tú, Joselyn, cuides a tu esposo, Javier y a tus muchachos.
She, also, wants you, Bambi, to cherish your wife, Anna, and your sweet daughter, Sisa and that you, Anna, devote yourself to your husband, Bambi, and to your lovely daughter, Sisa.
Ella, por igual, quiere que ustedes, el PUEBLO que la hizo feliz en el Señor, sepa que no tiene con qué pagar tanto amor como le dieron.
Ya, a ella, NADA LE DUELE, que ya puede caminar, que está como para correr en las próximas Olimpiadas, que está COMO COCO, que está NO como en la GLORIA sino que está EN LA GLORIA; que tiene un NUEVO CUERPO; que NO necesita ya silla de ruedas sino que más bien está sentada sobre un pequeño trono de luz al lado de Jesús Cristo que esta en SU AUGUSTO TRONO; que tiene las piernas hermosas como los Bonilla; que tiene NOVIO y se llama JESÚS, EL CRISTO.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte de su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
Ella tiene una mansión de casa, infinitamente más hermosa que la Casa del Lirio, una casa no construida por mano de hombre sino que se la tenía reservada EL NOVIO POR EXCELENCIA: JESÚS.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte de su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
La GLORIA ES UN LUGAR QUE ELLA  NO SABE DESCRIBIR PERO QUE, EN ÉL, SE SIENTE EN CASA y QUE NADIE SE LO VA A QUITAR; que NO está sola con Jesús, SU NOVIO, porque hay otros con ella que han sido fieles al NOVIO, JESÚS CRISTO. Ella, Aida, mi NENA, quiere y necesita que TODOS USTEDES sepan eso.
De parte de la hija Aida, de parte de mi Nena, de parte su mama, abuela y bisabuela amada, de parte de la hermana de ustedes en este SU PUEBLO AMADO, necesito decirles también que:
Ella, hija y NENA mía, quiere que tú, Aarón cuides a Hulda y a Elizabeth y que tú, Hulda, cuides a Aarón.
Ella, hija y NENA mía, quiere que sus hermanos y hermanas en este EL PUEBLO DEL SEÑOR EN MÍ, SE AMEN UNOS A OTROS, QUE NO HAYA DISCORDIAS, QUE SE PERDONEN.
HIJOS DE MI LLAMADA Y DE TODA MI VIDA: ¡EN LA GLORIA DEL SEÑOR TENEMOS OTRO ÁNGEL, OTRA ESTRELLA Y ESE ÁNGEL Y ESA ESTRELLA ESTÁ DÁNDOLE GLORIA AL NOVIO: JESÚS CRISTO A LA VEZ QUE LE ESTÁ PIDIENDO QUE MI PUEBLO Y YO, ALELUYA, SEAMOS MÁS SANTOS Y MÁS ENTREGADOS  CADA DÍA!


13 de agosto de 2017

CONSTANTEMENTE

2 Tesalonicenses 2,13-17
   Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los escogió para que fueran los primeros en alcanzar la salvación por medio del Espíritu que los hace santos y de la verdad en que han creído. Para esto los llamó Dios por medio del evangelio que nosotros anunciamos: para que lleguen a tener parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
   Así que, hermanos, sigan firmes y no se olviden de las tradiciones que les hemos enseñado personalmente y por carta. Que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado consuelo eterno y esperanza gracias a su bondad, anime sus corazones y los mantenga a ustedes constantes en hacer y decir siempre lo bueno.   
   
   Amados: Todos estamos llamados a vivir la gloria del Señor aquí; más que la gloria del Sinaí, más que la gloria del Tabor; la gloria a partir de la obra completa y consumada por el Señor nuestro Jesús Cristo, vivir la gloria del Señor aquí. Pablo se da cuenta que eso es tan grande y tan increíble. Y, al ver que tal vez los tesalonicenses, al escuchar eso dirán: “Pero, pero es que esto, esto es maravilloso, esto… sí; esto… sí.”  Él les dice:”pero esto no se consigue así porque sí.” “Manténganse firmes.” Ahí es donde viene la parte tuya y mía. “Manténganse así pues…”, como diciendo: como ven que es de esa manera y que no es de otra manera. De modo que si vienen otros predicadores a decirles otra cosa, no les hagan caso. Como es de esa manera, “Manténganse firmes y conserven lo que han aprendido”, ¿de quién?, “de nosotros”. 
   Amados: Cuando Pablo dice nosotros, ese “nosotros” no es un plural majestático, no es un plural de majestad, ¿quién crees tú es “nosotros”? “Conserven lo que han aprendido de nosotros”. ¿Quién es nosotros? Yo creo que “nosotros” son todos aquellos, a quienes Pablo ha encontrado dignos de confiarle el misterio de Jesús porque están viviendo a Jesús Cristo en santidad. Y “nosotros”, es el mismo Jesús, el Padre y el Espíritu Santo. Esos son “nosotros”. “Conserven lo que han aprendido de nosotros”. Cualquiera diría que Pablo es soberbio, orgulloso, echón y vanaglorioso, pero no es eso. Él está consciente que ese “nosotros” es él; pero él está consciente que él no puede nada sin el Señor Jesús; que lo qué él les enseña de pie, lo aprendió arrodillado; que lo que él les enseña por medio de sus cuerdas vocales, dice: ”Conserven lo que han aprendido de nosotros…” ¿De qué manera? ¿De qué manera aprendieron? Y qué les dice: ”Cuando se lo hicimos saber por medio de…”, ¿qué? Él dice dos cosas: A viva voz, cuando estaban escuchando ahí, personalmente o cuando les escribí. Lo que aprendieron de nosotros, de cualquier manera que haya sido. Pero él se lo dice, él les dice que tienen que mantenerse firmes. Los tesalonicenses tenían problemas y dificultades. Y Pablo, en medio de todos los maestritos que estaban apareciendo por allí; en medio de todos los poderes demoníacos que querían lanzarse sobre ellos para quitarles lo aprendido; en medio de las espinas que en el cuerpo, que allá dentro en su vida estaban queriendo hincarles para que dejaran y abandonaran al Señor Jesús; en medio de la incomprensión de hermanos que se habían alejado; en medio de la crítica y la murmuración; en medio de familiares que no entendían las cosas de la misma manera; en medio de la tormenta y la tempestad, Pablo les está hablando de la gloria que tienen que vivir y de la santidad en el Señor, y les dice que se tienen que mantener firmes y vivir con delicadeza todo lo que él les ha enseñado en nombre del Señor. Como diciéndoles: ''Feliz el hombre que vive de esa manera, especialmente en medio de la prueba”. Porque si tú soportas la prueba, empezarás a recibir la corona de vida que te ha prometido el Señor. Sin constancia es imposible llegar a la santidad. Sin constancia, tú no podrás llegar a la santidad ni a esa salvación, a la que se refiere el Señor. 
  Te digo una cosa que tal vez te sorprenda: no basta ser virtuoso, paciente, amoroso, orante: un día. No basta ser virtuoso, paciente, generoso, bondadoso: un año; no basta. Hay que serlo siempre, en todo momento, siempre, hasta el fin. ¡Que viene el sufrimiento!, ya lo dice el Apóstol: “Hay que tener paciencia en el sufrimiento y gozo también, para poder cumplir la voluntad de Dios y conseguir lo prometido”. En todo momento, el hombre que le pertenece al Señor y le quiere seguir, tiene que vivir confiado en el Señor. ¿Qué dice el Apóstol Pablo? “Mi justo, mi santo vivirá por la fe, por la plena confianza en el Señor”. Si tú te echas para atrás en lo emprendido, si tú te echas para atrás en el camino de la fe, en el seguimiento de Cristo, vas a poner en peligro, la salvación y la santidad. 

  Tú sabes lo que dijo Jesús: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino”.

6 de agosto de 2017

ATRÉVETE

Juan 8, 12
   Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo:
—Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad.

   Amado, amada: Si tú y yo no tomamos en serio la perfección, la santidad y la reproducción de Cristo en la vida, el mundo no va a creer. Cada vez que tú y yo nos apartamos de nuestra vida de vivir el Evangelio, se oscurece y se debilita el testimonio de Ekklesía, de Cuerpo de Cristo, que tienen que ver los demás para descubrir el amor al Padre Dios. En cambio, en la medida que tú y yo nos atrevemos a encarnar el Evangelio, sin respetos humanos, sin temores -no en un momento, sino continuamente- porque es muy fácil cerrar los ojos y dar un testimonio bonito y vivo en un momento determinado; pero, lo que quiere el Señor es que ese testimonio sea constante en cualquier momento y que nunca cambie. Y cada vez, en la medida que encarnamos el Evangelio, entonces, a la larga, se vuelve creíble Jesús Cristo en nosotros. El Señor nos quiere orando y ayunando; siendo amorosos y caritativos. Y a lo mejor, todo eso de orar, ayunar y ser caritativos, tal vez eso, tenemos que mantenerlo en lo secreto de la intimidad con el Señor, para que no sepa la mano derecha o la izquierda, lo que hizo la otra. Pero el Señor nos pide que todo el mundo pueda ver y descubrir el modo en que vivimos. Eso no se puede esconder: ”Que brille la luz de ustedes delante de los hombres para que vean las buenas obras de ustedes y glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.” El Señor, no está diciendo que tenemos que ser unos ostentosos. No. Es que no podemos brillar ante los demás, si no hay una santidad por dentro. Porque las palabras bonitas o los gestos intrépidos, osados y atrevidos de levantar los brazos y de glorificar al Señor, eso tendría que ser solamente una consecuencia natural de una vida entregada, sacrificada y de un heroísmo interno que estamos viviendo. Hay que guardarse de la ostentación, del “show off”. Pero hay que guardarse también del respeto humano, de cualquier otro motivo egoísta que contradice el que tú profeses abierta y valerosamente la fe tuya, tanto en tu obra y en tu vida como en tu palabra.
   Amado, amada: Porque tú tienes que ser, en pequeño o en grande: enviado, apóstol, luz, guía de los demás y representante de Aquel que dijo: “Yo soy la luz del mundo.” Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, Él te ha mandado a algo a ti en la vida. En este momento de tu vida, Ese que dijo: “Yo soy la luz del mundo, te ha encomendado una tarea. ”Ustedes son la luz del mundo.” Pero Él también dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Entonces, ¿en qué quedamos, en que Jesús es la luz del mundo o en que nosotros somos la luz del mundo? En lo que quedamos es, que para que se haga eso realidad -porque para Jesús es una realidad ya - es un mandato en el que tenemos que vivir, es un mandato tan grande que ya no lo manda, que ya lo toma por sentado y dice: “Ustedes son la luz del mundo”. Y si Jesús es la única luz del mundo, de la única manera que tú puedes ser luz del mundo es siendo como Jesús. De manera que, eso de ser tú, luz del mundo, solamente se verifica en la medida en que íntimamente estés unido a Él -la única luz-  y que vivas lo que Él te ha enseñado a plenitud y ese vivirLo a plenitud se convierte en luz. Tú sabes que hay una cosa que hace que tú te conviertas en luz: eso es vivir lo que el Señor te ha enseñado a plenitud. 
   No es cuando se predica bonito, no es cuando tú estás en un momento grande de fervor, que tú eres luz. No. Entiende bien lo que el Señor te ha querido decir: Si tú haces eso de vivir a plenitud el Evangelio y a Jesús, sin dejarte pasar algo, entonces serás luz. 


30 de julio de 2017

HASTA LA SANGRE

Josué 24,14-17
   Y añadió Josué:
   —Por todo esto, respeten al Señor y sírvanle con sinceridad y lealtad. Apártense de los dioses que sus antepasados adoraron a orillas del río Éufrates y en Egipto, y sirvan al Señor. Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Éufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.
   Entonces el pueblo dijo:
—¡No permita el Señor que lo abandonemos por servir a otros dioses! El Señor fue quien nos sacó a nosotros y a nuestros antepasados de Egipto, donde éramos esclavos. Él fue quien hizo tantas maravillas delante de nuestros ojos, y quien nos protegió y nos defendió durante el camino, cuando pasamos entre tantos pueblos.

   Amados: Siempre: “¡Hasta la Sangre!”
   Cuando el Pueblo de Israel escuchó las palabras de Josué, le respondieron: “Lejos de nosotros, no, imposible; no se te ocurra pensar que nosotros serviremos a otro que no sea el Señor, porque nosotros…” Y entonces, ellos mismos, empezaron a decirle a Josué las razones por las que ellos nunca abandonarían al Señor. Y empezaron ellos mismos, a reconocer y a confesar, públicamente, que no pueden abandonar al Señor; precisamente porque están ellos conscientes de las maravillas que el Señor ha hecho en medio de ellos, que Josué no tiene que recordárselo, que ellos mismos lo saben y lo recuerdan. Dicen ellos: “No podemos abandonar al Señor porque Yahwé nuestro Dios, Él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la esclavitud, de la servidumbre y Él, delante de nuestros propios ojos, obró tan grandes señales y nos guardó por todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por los que pasamos... Además, el Señor expulsó delante de nosotros a todos esos pueblos enemigos que habitaban en el país. También nosotros -al igual que tú, Josué- serviremos al Señor porque el Señor es el único Dios nuestro.” Entonces Josué, se da cuenta que sí, que ellos están conscientes de que no pueden abandonar al Señor.
   Amados: Entonces, Josué, él se da cuenta que sí es verdad, que ellos están muy conscientes de que no pueden abandonar al Señor; que sí, que están muy conscientes ellos de que de ninguna manera se pueden desviar ni un momento, ni un pasito del Señor. Se da cuenta Josué, además, que ellos están conscientes que no pueden abandonar al Señor y que saben las razones por las que no pueden hacerlo. Pero también, nota Josué, que esa conciencia de saber que no pueden abandonar al Señor, que esa conciencia de saber las razones, no les hace ignorantes, porque si fueran ignorantes, no serían responsables; pero Josué sabe que son completamente responsables de lo que están diciendo. Pero también se da cuenta Josué, que si no se esfuerzan hasta preferir la muerte antes de traicionar al Señor, que no van a poder cumplir aquello de: “Nosotros serviremos también al Señor porque Él es nuestro Dios.” No podrán. Josué se da cuenta, que en ese momento, hay una desproporción entre lo que ellos saben y saben qué tienen que hacer y la capacidad que hasta ese momento tienen para cumplir con aquello mismo que saben que tienen que hacer y vivir, con aquello mismo que ellos saben que es lo único que pueden hacer. Entonces, Josué les dice, ¡NO!, no que ellos no pueden cumplirlo, no; sino que solamente lo podrán, si la lucha es hasta la muerte, si la lucha es hasta la sangre.
   Entonces, cuando Josué,  les escucha decir a ellos: “Serviremos al Señor porque Él es nuestro Dios.” Él les dice: “Ustedes no podrán servir al Señor.” Esto, a simple vista, parecía un poco absurdo porque él, unos momentos antes, estaba diciendo que tenían que servir al Señor y ahora les dice: “Ustedes no podrán servir al Señor.” Y ahí, yo me imagino que ellos, el Pueblo de Israel, se habrán estremecido al ver qué es lo que él iba a decir, “¿por qué dijo aquello?”: “Ustedes no podrán.” Y él les dice: “No podrán servir al Señor porque el Señor es un Dios santo.” Él les estaba diciendo: “Tan sólo podrán ustedes servir al Señor, si toman ustedes la decisión de ser santos.” Porque a nuestro Dios santo hay que servirle siendo santo. Nadie puede servir al Señor a menos que no sea como el Señor: que esté participando de la santidad del Señor. Nadie que no sea santo puede servir al Señor. El servicio al Señor comienza cuando la obra de santidad se comienza a  realizar en ti. Tú puedes servir al Señor Santo únicamente si eres santo. Por eso Josué les dice: “No pueden servir al Señor porque el Señor es un Dios santo.”