17 de diciembre de 2011
SOMOS CRIATURAS DE LA NAVIDAD
13 de diciembre de 2011
EL "LOGOS" PERSONIFICADO
11 de diciembre de 2011
EL "LOGOS" DE JUAN
6 de diciembre de 2011
EL NIÑO DEL MILAGRO
Lucas 2, 6-7
Y sucedió que, mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”.
Amados: Los relatos que se arraciman en torno al nacimiento de Jesús el Cristo, desbordan en idílico encanto. A Marcos más le preocupaba la personalidad preciosa y obra deslumbrante del Señor que las circunstancias y el lugar del Nacimiento. Lucas suspiraba por hacer un recuento más completo de la vida del Señor y le añade la hermosa narración de Su linaje, Su nacimiento y el anuncio de los pastores humildes de las cuevas de Judea. Mateo, en su deseo de vincular la persona del Mesías con los anuncios proféticos de antaño, nos ofrece un recuento independiente. De Juan no hemos hablado; lo haremos, pero se requiere un poco de tiempo para levantar las alas y alzarnos hasta el cielo.
Es difícil fijar con certeza la fecha exacta del Nacimiento de Jesús Cristo. Pero que quede claro: La fecha del nacimiento del Mesías carece de importancia fundamental. Sin embargo, cualquier cristiano informado no podrá negar que Jesús Cristo habrá nacido antes de la muerte de Herodes, año 4 antes de Jesús, es decir que Jesús habrá nacido por los años 8 ó 7 ó 6 ó 5 antes de la “era cristiana” que Dionisio el Exiguo, en el siglo VI, calculándola incorrectamente, la fijó años más tarde, de manera que el “antes” y “después” de Cristo al que estamos acostumbrados, por un error de cálculo dionisiano aún no corregido, tiene una diferencia de hasta, quizá, 8 años. El mes y el día del Nacimiento son también, afortunadamente, inciertos. Amados: ¡Que hermoso es saber que los misterios más profundos de la vida del Señor en nosotros todos quedan fechados en la incertidumbre! ¡Así podemos vivirlos a cada instante, todos los días! La incertidumbre de la fecha del Nacimiento del Hijo de Dios nos da la posibilidad de que nazcamos en ÉL todos los días.
Tampoco podemos precisar el lugar exacto en Betlem donde nació el Señor. Pero podemos estar seguros que fue en Betlem. Jamás se le olvida a una madre el lugar de nacimiento de sus hijos, sobre todo, a esta madre, María, sobre todo el nacimiento de este Hijo. Estaba poniéndose el sol cuando llegaron José y María al pueblo hormigueado por tantos que habían arribado para registrarse y dar cumplimiento al edicto del emperador. Quisieron alojarse en un Caravanserai, un mesón oriental, al estilo de un campamento de turistas con alojamientos para los animales en el patio abierto. No había lugar en los compartimientos –llenos a capacidad- y tuvieron los benditos viajeros que conformarse con la protección del patio abierto.
Y allí, en patio abierto, parió la Niña al Niño del Milagro y lo arrulló en el pesebre. ¡Gloria a Dios en los cielos y Paz a los hombres que viven en la voluntad del Señor! ¡Niño del Milagro concebido en el seno, en el vientre virgen de una humilde mujer; Niño del Milagro nacido después de nueve meses como cualquier hombre, rompiendo fuentes de agua en el cuerpo de una mujer hecha sagrario para volverse ÉL, manantial de agua viva que salta hasta la vida eterna! Decir esto no es lo mismo que incurrir en la absurdez de su “virginidad perpetua: antes, durante y después del parto”; puros inventos de una “teología” católica maternal que atenta contra la dignidad, santidad y nobleza de la maternidad, que acusa de poluto la belleza de un alumbramiento, que reduce a la mujer al terreno de lo inferior y que califica de chamagosa la relación delicada sexual entre los esposos.
Nació de la doncella el Niño del Milagro, el Dios que siempre fue, el Señor de la eternidad y los tiempos, la Piedra única sobre la que todo se edifica o tropieza. Y velaban unos pastores, velaban sobre el rebaño. Un mensajero divino les saludó y todo, a su alrededor, se llenó de esplendor: “Les traigo buenas noticias para los hombres malos y malas noticias para los hombres aparentemente buenos; y serán los malos quienes experimentarán la buena noticia de Paz porque se atrevieron a cambiar sus vidas y vivir en la voluntad del Señor.”
Isaías 7,14
Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal:
Miren: la joven está encinta y dará a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros.
3 de diciembre de 2011
OSCURIDAD Y LUZ
“Hubo un hombre que se llamaba Juan. Fue enviado por el Señor Dios para señalar y hacer notar a otros el sendero hacia la Luz y la Vida. Señaló el camino para que la gente supiera en quién creer. Juan no era la Luz. Él tan sólo se presentó para mostrarnos quién era la Luz. El Verbo – no Juan – el Verbo, que pronto nacería y que era la Vida, era la Luz verdadera, y la Luz verdadera es quien únicamente ilumina a toda persona que nace a esta vida.”
Amados: Oscuridad y Luz. Es como la diferencia entre el “no ser” y “ser”, entre “lo que no es” y “lo que es”, entre “la nada” y “el todo.”
La Palabra de Dios nos habla de una Luz muy especial. “La Luz” es otro nombre para Jesús el Cristo. Dice la Palabra de Dios que Juan el Bautista, vino a hablar a la gente acerca de “La Luz”. Por medio de Juan, la gente escucharía hablar acerca de Jesús y, si le escuchaban con el corazón abierto, creerían en el Anuncio que Juan les daba acerca de “La Luz”.
Medita sobre lo siguiente: ¡”La Luz” es Jesús el Cristo! ¡Jesús el Cristo es “La Luz”! Amados: ¿Qué hace a favor de nosotros la luz? O, mejor, ¿para qué necesitamos luz?
+ La luz nos ayuda a ver en la oscuridad.
+ La luz nos ayuda a encontrar el camino.
+ ¡La luz nos ayuda a no tropezar.
Amados: Con nuestra boca y cuerdas vocales, podemos…hablar; con nuestros oídos, podemos…escuchar; con nuestra nariz, podemos…oler; con nuestras manos podemos…palpar y tocar. Y, con nuestros ojos, podemos…ver. Sin embargo, si todo está totalmente oscuro porque no hay luz alguna, ni siquiera la luz del sol, ¿acaso podrás tú ver aun cuando tengas ojos? No. Si no hay luz, no se puede ver absolutamente nada aun teniendo ojos. Si yo no tuviera ojos para ver y tú sí tuvieras ojos para ver pero no hubiera luz, ni tú ni yo podríamos ver absolutamente nada. Sin luz no habría nada viviente. Si no hay luz, tampoco hay vida. Si ahora mismo desapareciera esa estrella inmensa que llamamos: ”sol”, todo se moriría, todo lo que está vivo dejaría de existir porque, como dice la Palabra de Dios “la Vida es la Luz” y “la Luz es la Vida de todo ser humano”.
De modo que sin luz no solamente que no podríamos ver ni encontrar el camino sino que sin luz no podríamos vivir. Amados: “La Luz” verdadera se llama Jesús Cristo. ¡Sin Jesús Cristo quien es la Luz, no podríamos vivir, no habría vida que valga!
Por eso es que celebramos el Nacimiento de Jesús Cristo quien es la Luz y la Vida. Y por el hecho de que Jesús, Luz y Vida, nació en la primera Nochebuena, por eso mismo tú y yo podemos siempre vivir iluminados por la Luz que es Jesús, podemos siempre caminar por el camino recto, podemos siempre vivir vivificados por la Vida verdadera que es Jesús Cristo, el Salvador, Señor y Rey: ¡Jesús, el primer nacido de la Primera Nochebuena!
Isaías 9,1
El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa,
los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz.