Juan 1, 6-9
“Hubo un hombre que se llamaba Juan. Fue enviado por el Señor Dios para señalar y hacer notar a otros el sendero hacia la Luz y la Vida. Señaló el camino para que la gente supiera en quién creer. Juan no era la Luz. Él tan sólo se presentó para mostrarnos quién era la Luz. El Verbo – no Juan – el Verbo, que pronto nacería y que era la Vida, era la Luz verdadera, y la Luz verdadera es quien únicamente ilumina a toda persona que nace a esta vida.”
Amados: Para muchos, esta es la época más hermosa del año; la más ansiada, la más esperada. A veces, pienso que nos pasamos gran parte del año pensando y esperando a que llegue la Navidad: Como dice uno de nuestros cánticos navideños: “El 24 en la noche, sí, estaremo’allá, cantando los aguinaldos que son de la Navidad, cantando los aguinaldos que son de la Navidad.”
De inmediato – después de Acción de Gracias – arrancamos los motores y en lo único que podemos pensar es en el Arbolito, las guirnaldas, los regalos; en los villancicos y aguinaldos; en el Pesebre, los Pastores, San Nicolás y los Magos y adornamos nuestro hogar y sus alrededores. Y, en medio de la oscuridad de las noches, comienzan a saltar a nuestros ojos cientos de lucecitas de colores: “Rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, azul turquí y violeta. Un bello arcoiris es mi Jesús Cristo…” ¡Jesús Cristo! Esa es la razón de tanta hermosura: ¡Jesús Cristo! Tenemos ya a Jesús Cristo, pero, aun teniéndoLo, queremos más de Él. Por eso lo ansiamos todos los años y, por eso, cantamos: ”¡Manda el Salvador de Israel…! Porque aunque Le tenemos, lo que tenemos no nos basta.
Durante esta época Navideña es tan hermoso salir a pasear con la familia – sobre todo cuando ya se ha dormido el día y despertado la noche – tan sólo para ver el espectáculo de luces y colores en medio de la oscuridad. Amados: Es ya un pequeño milagro el que – con cada guirnalda de luces que colocas en el árbol o en las afueras de tu hogar - experimentar un gozo misterioso que se siembra ahí en tu pecho y que te susurra: “¡Que aun en medio de la oscuridad y crueldad, que aun en medio de las luchas fratricidas que nos rodean, sabemos que hay alguien todopoderoso, hermoso y precioso que tiene poder para hacer que todo marche bien en mi vida, en la vida de los míos, en la vida de mi pueblo y en la vida de este mundo!” ¡Gloria a Dios en los cielos y que gocen de paz y dicha quienes Le viven aquí en la tierra!
Amados: En medio de la oscuridad de la noche, miles de luces impactan nuestros ojos y se llena nuestro ser de un resplandor, de una luminosidad, de una viveza de color; corre por nuestro pecho un bálsamo de bondad y amor, y un fervor sobrenatural corre por nuestras venas. Hay una sola razón por la que experimentamos algo siempre nuevo y misterioso en esta época. Esa razón tiene un nombre: “¡Jesús!” ¡Jesús, el Niño Dios nacido en Betlem; Jesús, el Señor y Salvador! ¡Gloria a Dios en el cielo y, en la tierra, que haya paz para quienes toman la decisión de entregarLe a Jesús, el corazón!
Lucas 1, 35
El ángel le contestó:
- El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por eso al que va a nacer lo llamarán “Consagrado”, Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses; para Dios no hay nada imposible.
María contestó:
- Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho.