LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

27 de septiembre de 2011

EL CUERPO DE JESÚS CRISTO

Colosenses 1, 17-19
   Cristo existe antes que todas las cosas, y por Él se mantiene todo en orden. Además, Cristo es la cabeza de la iglesia, que es Su cuerpo. Él, que es el principio, fue el primero en resucitar, para tener así el primer puesto en todo. Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de Él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia Él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz.

Amados: Si Cristo Jesús es la Cabeza del "Cuerpo" y, de hecho lo es, entonces el "Cuerpo", la "Ekklesía", [tú y yo] deberemos asemejarnos a la "Cabeza". Pero, jamás podemos asemejarnos a la "Cabeza", Jesús Cristo, a no ser que el Espíritu Santo de Dios logre asemejarnos a JESÚS. Esa es, precisamente, la obra santificadora del Espíritu Santo. ¡Por eso mismo llegó Pentecostés! Esa fue la razón por  la que Jesús les advirtió a los discípulos, Hechos 1, 4: "Que no se ausentaran ni alejasen de Jerusalem, sino que esperaran Lo prometido por el Padre… "lo que  me escucharon decir: 'que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados dentro de poco con Espíritu Santo!'"

Ese "Bautismo en el Espíritu Santo" es un acontecimiento distinto al "Bautismo en las Aguas". El "Bautizarte en las Aguas" es un mandato que dio Jesús para que tomásemos una decisión seria de seguirLe en verdad y de vivir el Anuncio que es Él. Haciéndote bautizar, haces pública tu decisión de seguirLe. De manera que, en el Bautismo en las Aguas, el mandato de Jesús es, en  verdad – no "que te hagas inmergir en las aguas", sino – "que tomes una decisión por Él por seguir Sus caminos" y, así, incorporarte oficialmente a a Su Pueblo, a Su Ekklesía como "miembro vivo y dinámico". 

El "Bautismo" con y en el Espíritu Santo es un mandato también de Jesús, pero nos llega como don y regalo que imploramos al Señor para que nos santifique y nos haga madurar en la decisión de seguirLe que por Él tomamos. Cuando el Espíritu Santo llega por vez primera a tu vida, comienza la tarea de formar en ti la imagen de la "Cabeza": Jesús Cristo. Al comenzar a formar la imagen de Jesús Cristo en ti - si tú se lo permites - el Espíritu Santo comienza a llenarte hoy, mañana y pasado…del fruto del Espíritu del que habla Gálatas 5, 22-25: "amor, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, control de sí…y otros" [[[amor para el Señor y para cada ser en este mundo; gozo aun en medio de las grandes dificultades; paz interior y en relación a los demás; paciencia, al igual que genuina dulzura en el trato con los otros; amables y respetuosos con las demás personas; confianza plena en el Señor Dios; humildes para reconocer las debilidades y para vivir la verdad y la  valentía para decirnos "no" a nosotros mismos cuando nos acecha la tentación y decir "sí" al Señorío de Cristo Jesús…"]]] Cuando el Espíritu Santo comienza a llenarte de ese fruto, comenzamos  a parecernos a Jesús Cristo, la Cabeza. ¡No somos "la Cabeza"! ¡La "Cabeza" es Jesús Cristo! No podemos ser "la Cabeza", pero sí podemos y debemos llegar a parecernos a Jesús Cristo. ¡No somos "la Cabeza", pero sí somos Su Cuerpo! Como Pueblo de Dios y como Ekklesía hemos sido llamados a ser parte del Cuerpo de Jesús Cristo. 

Amados: En Gálatas 5, 22-23 hay un lista de los frutos del Espíritu Santo. Esa lista es sinónimo del "carácter" de Jesús Cristo. El "carácter" de una persona es el conjunto de rasgos, atributos y características, su manera de pensar, de sentir, de obrar y de vivir que le distinguen de todos los demás. ¡Jesús Cristo no reconoce otro cuerpo que aquél que se Le parece; Jesús Cristo no reconoce otro Pueblo o Ekklesía que aquél que tiene un carácter parecido al de Él!

Gálatas 5, 22-25
    En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús, ya han crucificado la naturaleza del hombre pecador junto con sus pasiones y malos deseos. Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe.

24 de septiembre de 2011

EL ESTILO DE JESÚSCRISTO

Hechos 2, 43-47
"Al ver los milagros y las maravillas que hacían los apóstoles, la gente se quedaba asombrada. Los seguidores de Jesús compartían unos con otros lo que tenían. …Además, todos los días iban al templo, y celebraban la Cena del Señor y compartían la comida con cariño y alegría. Juntos alababan a Dios…Cada día el Señor hacía que muchos creyeran en Él y se salvaran. De ese modo el grupo de sus seguidores se iba haciendo cada vez más grande."

Hechos 4, 32-35
"Todos los seguidores de Jesús tenían una misma manera de pensar y de sentir. Todo lo que tenían lo compartían entre ellos, y nadie se sentía dueño de nada. Llenos de gran poder, los apóstoles enseñaban que Jesús había resucitado. Dios los bendecía mucho, y no les hacía falta nada…"

Hechos 5, 12-16
"Por medio de los apóstoles, Dios seguía haciendo milagros y señales maravillosas entre la gente. Todos los días, los seguidores de Jesús se reunían en el Portón de Salomón, y los que no eran del grupo no se atrevían a acercarse, aunque todo el mundo los respetaba y hablaba bien de ellos. Cada día se agregaban al grupo más hombres y mujeres que creían en Jesús. …Mucha gente de los pueblos cercanos a Jerusalem también llevaba enfermos y gente influenciada por el poder del Maligno. Y todos eran sanados."

Amados: El conocimiento y la experiencia personal de Jesús Cristo deberá llevar, deberá conducir a que la Comunidad de Fe, la Ekklesía adquiera la forma de ser de Jesús Cristo y el estilo de ser de Jesús Cristo cuyas características fundamentales encontramos en los Hechos de los Apóstoles. 

¡Todavía nos falta mucho como individuos y como Ekklesía - Pueblo del Señor! Y en la Ekklesía, es a ti y a mí, a quienes el Señor ha hecho responsables del presente y de lo que esté por venir, porque como afirma Lucas 12, 48: "¡A quien mucho se le dio, mucho se le pedirá! ¡A quien mucho se le confió más se le exigirá!" Amados: Hay un paso gigante y de gente osada que muchos no se han atrevido a dar en cuanto al Señor se refiere a pesar de sus años siguiendo al Señor. Ese paso necesario, algunos lo siguen postergando "para más tarde", "para mañana".

La "Ekklesía" – tú y yo – el "Pueblo de Dios", la "Comunidad de Fe" adquiere la forma y el estilo de Jesús Cristo cuando se vuelve, en verdad, "Cuerpo de Jesús". Pero el "Cuerpo de Jesús" se compone de aquéllos – tú y yo – que nos decidimos a ser miembros dinámicos y santos de ese "Cuerpo" y anunciamos esa decisión de seguir de cerca a Jesús Cristo haciéndonos bautizar en las aguas. Únicamente son miembros santos y dinámicos del "Cuerpo" quienes, por dejarnos mover y guiar continuamente por el Espíritu Santo de Dios, vivimos – según la capacidad que nos ha regalado el Señor – vivimos llenos del fruto del Espíritu del que nos habla la Carta a los Gálatas capítulo 5, versos 22 y 23: "…El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio propio. Contra eso no hay ley que valga. Los que son de Cristo han crucificado el instinto con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, sigamos el Espíritu…"

Salmo 125, 1-2
    Los que confían en el Señor son inconmovibles; 
    igual que el monte Sión, permanecen para siempre. 
    Así como los montes rodean a Jerusalén, 
    el Señor rodea a su pueblo ahora y siempre. 

20 de septiembre de 2011

LA FINALIDAD DEL ANUNCIO

1 Pedro 1, 23-25
"…Pues ustedes han sido regenerados, no de semilla corruptible, sino por la PALABRA incorruptible y permanente del Dios vivo. Pues  'Toda carne es hierba y su belleza como flor del campo: se agosta la hierba, se marchita la flor…pero la PALABRA del Señor permanece siempre'.
Esa Palabra es la Buena Noticia que se les ha anunciado."

Amados: Jesús, el Cristo, no vino tan sólo para ser nuestro Salvador, Él vino a salvarnos de nosotros mismos para que seamos como Él es. 
Como ya te he dicho, uno se reproduce en los demás. De modo que, cuando uno hace discípulos, uno hace que los demás sean lo que uno es. Claro que lo que se quiere es que los discípulos sean como Jesús Cristo, pero si Jesús Cristo te llama a hacer discípulos, Él te llama a que ellos sean como tú eres pero ¿y si tú no eres como Jesús Cristo? Esto es maravilloso y horrible a la vez: el maestro va a hacer que los discípulos sean como él. Yo estoy convencido que cuando uno hace discípulos imparte a los discípulos además del Espíritu Santo, uno imparte el espíritu de uno a los demás. Por eso es imprescindible que tu ejemplo sea claro, tan claro como la luz.

 

La finalidad del Anuncio, del Kerigma es lo que afirma el Evangelio de Juan 17, 3 [[en palabras del mismo Jesús cuando  Le habla a Dios Padre en Su oración sacerdotal y en el contexto de la  Última Cena]]: "Que Te conozcan a Ti, el Único Dios verdadero, y a Mí, al que Tú  has enviado, Tu Hijo: Jesús Cristo" juntamente con Mateo 6, 9, también en palabras de Jesús: "…Para que sea respetada la santidad de Tu Nombre, para que Tú puedas volverte el Señor y se cumpla el designio Tuyo en la tierra como, de hecho, se cumple en el Cielo." La finalidad y la meta del Anuncio es el conocimiento y la experiencia personal de Dios en Su Hijo, Jesús Cristo. Por tanto, si tú anunciaras a Jesús – quien es el objetivo, la meta, la finalidad y la razón de ser del Anuncio – pero no vivieras a Jesús porque Jesús no ha podido hacerse Dueño y Señor de ti ni ha podido transformar tu vida y tu estilo de vida, quien va a llegar a los demás – cuando das el Anuncio o enseñas – serás tú, no Jesús Cristo. Porque en lugar de reproducir en otros a Jesús Cristo, te reproducirás tú a ti. El ser humano inevitablemente se reproduce. ¡Si es luz, reproduce luz; si es oscuridad, reproduce oscuridad! 

Amado, amada: Ni tú ni yo somos la finalidad, el objetivo o la meta del Anuncio; la finalidad, el objetivo, la meta y la razón de ser del Anuncio es Jesús Cristo. Jesús Cristo como experiencia personal y experiencia de vida. Y así, ese conocimiento y experiencia personal de Jesús Cristo debe conducirnos a que se forme Jesús Cristo en nosotros y a que nos apropiemos del estilo y la vida de Jesús Cristo. Así, el conocimiento y experiencia personal de Jesús Cristo deberá llevar y conducir a que la Comunidad de Fe, a la que doy y das el Anuncio de las múltiples formas que podemos darlo – deberá llevar, deberá conducir a que la Ekklesía adquiera la forma de ser de Jesús Cristo y Su estilo vida.

Gálatas 6, 7-9
   No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. El que siembra en los malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte. El que siembra en el Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna. Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos. 

17 de septiembre de 2011

PROCLAMAR SU ANUNCIO

1 Pedro 1, 23-25
"…Pues ustedes han sido regenerados, no de semilla corruptible, sino por la PALABRA incorruptible y permanente del Dios vivo. Pues  'Toda carne es hierba y su belleza como flor del campo: se agosta la hierba, se marchita la flor…pero la PALABRA del Señor permanece siempre'.
Esa Palabra es la Buena Noticia que se les ha anunciado."

Amados: El Señor nos llamó y nos escogió no sólo a vivir Su Palabra, Su Anuncio que es Él mismo, sino que nos llamó a proclamar Su Anuncio, a sembrar Su Palabra en la vida de los demás para que ésos - al igual que nosotros - puedan nacer de nuevo y de Dios a una vida que no termina. De modo que, para que podamos ser útiles y eficaces en el cumplimiento de esa llamada que hemos recibido de proclamar el Anuncio del Señor y de sembrar Su Palabra, es imprescindible que – de hecho y sin sombra de duda – que hayamos experimentado ese "nuevo nacer", es esencial que seamos personas nuevas. De otra manera, nuestro ministerio como "piedra viva y dinámica" del Pueblo de Dios, de la Ekklesía, se volvería un "ejercicio en futilidad", se volvería una "tarea intrascendente" veleidosa y frívola. 

Amados: El ser humano tiende naturalmente a reproducirse, a perpetuarse en lo que es. Lo que hay en ti y, sobre todo, lo que eres lo vas a tratar de reproducir en los demás. Sin tú proponértelo, va a suceder. En tu relación con los demás, es lo que tú eres lo que va a llegar a ellos, no lo que tú les digas, ni lo que tú les enseñes, ni lo que tú les anuncies. De la misma manera que "tú no puedes dar a otros lo que no tienes", de esa misma manera "tú siempre darás a otros lo que eres", aún cuando tu buena intención sea darles "algo distinto". Tú no puedes mostrar a otros a Jesús Cristo a no ser que poseas a Jesús Cristo. La única forma de poseer a Jesús Cristo es que Él te posea, mande y tenga Su señorío sobre ti. Cuando Jesús Cristo se vuelve, de facto, Señor de nuestras vidas y nuestros asuntos es que podemos y, de facto, mostramos a Jesús a los demás.

Por tanto, lo que tú quieras que llegue a los demás – por ejemplo a tus hijos, a tu familia, a tu Ekklesía – lo que tú quieras que se siembre en los demás, tienes que estar viviéndolo. Tú podrás enseñar a otros la grandeza de Jesús, pero lo que va a a llegar a ellos es lo que tú, en verdad, eres. Si lo que tú eres es Jesús Cristo, es a Jesús Cristo a quien transmitirás. Si lo que tú eres, es algo distinto o contrario a Jesús Cristo, entonces lo que transmitirás será algo distinto y contrario a Jesús Cristo. Mateo 7, 16: "¡Por sus frutos los conocerán!" No es por los dones que el Señor nos reconocerá; no es por los dones o talentos que Él nos aprobará: Mateo 7, 21-23: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor, Dueño mío!', entrará en el Reino. ¡Eso no le bastará! ¡Tiene que ése, ésa ser dócil al querer de mi Padre del Cielo! Cuando llegue el día de rendir cuentas, muchos me dirán: '¡Señor, Señor, Dueño nuestro! ¡Nosotros anunciamos de parte Tuya el mensaje! ¡En Tu Nombre pudimos echar fuera demonios! ¡En Tu Nombre obramos milagros!' Pero Yo entonces tendré que decirles: '¡Ni  siquiera sé quiénes son ustedes! ¡Apártense de Mí pues no han vivido dignamente! Amados: No es por los dones o talentos que seremos útiles o que seremos aprobados por Dios sino por los frutos, pues la semilla de reproducción está en el fruto. ¡Tenemos que ser lo que enseñamos! La Llamada que de Dios hemos recibido, así lo exige.

1 Pedro, 2, 21
 "Pues para esto han sido llamados, ya que también Cristo Jesús padeció por ustedes y les dejó el gran ejemplo para que ustedes sigan Sus huellas."

13 de septiembre de 2011

EL ANUNCIO: LA PALABRA DE DIOS

1 Pedro 1, 23-25
23 Pues ustedes han vuelto a nacer, y esta vez no de padres humanos y mortales, sino de la Palabra de Dios, que es viva y permanente. 24 Porque la Escritura dice:
    "Todo hombre es como hierba,
    y su grandeza es como la flor de la hierba.
    La hierba se seca y la flor se cae,
 
25 pero la palabra del Señor permanece para siempre."

    Y esta Palabra es el Evangelio que se les ha anunciado a ustedes.


Amados: En otras palabras y parafraseando, el Espíritu Santo nos recuerda: verso 23 que "El Señor Dios ha querido obrar en ustedes [en cada uno de nosotros] un "vivir nuevo". Es exactamente – dice el autor inspirado de Pedro – como si ustedes hubieran vuelto a nacer, no como cuando nacieron del vientre materno, no como cuando nacieron de sus padres humanos, quienes, al fin y al cabo, por ser humanos, irremediablemente mueren, sino que el Señor ha querido obrar en cada uno un "vivir nuevo", completamente nuevo, en virtud de la Palabra de Dios. Amados: Relacionado a lo que dice el autor de la Primera Carta de Pedro, afirman Mateo 24, 35; Marcos 13, 31 y Lucas 21, 33: "¡El Cielo y la Tierra pasarán, pero Mi Palabra no pasará!" Y, no pasará porque la Palabra de Dios – tú bien lo sabes – es una Persona y esa Persona es Jesús Cristo. La Palabra de Dios - Jesús Cristo - da vida, nos lo asegura Juan 1, 4-5 al hablar de la Palabra hecha humanidad, Jesús Cristo y, continúa diciendo el evangelista Juan, que nada ni nadie puede destruirla [La Palabra] porque la Palabra, Jesús Cristo, es Vida: Juan 1, 4-5: "En ella [La Palabra] estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no pudieron vencer sobre ella [sobre La Palabra].
 Esa Palabra – continúa el autor inspirado de la Primera Carta de Pedro – es el Anuncio que el Señor Jesús Cristo nos ha proclamado y que es Jesús Cristo mismo. De manera que, en nosotros, no hay nada que podamos ofrecerle al Señor Dios, nada sino, desde luego, lo que somos, y lo que somos es: flores que se mueren y caen o hierba que se mustia y se seca. Todo eso, no obstante, cambia hermosa y dramáticamente, y debiera cambiar substancialmente, cuando Jesús Cristo, cuando Su Palabra, cuando Su Anuncio que es Él mismo se siembra en nosotros. Entonces, si permitimos que Jesús Cristo vivo se siembre en nosotros, en nosotros, como resultado de esa siembra habrá algo inmenso que sí podremos ofrecer y entregar al Señor Dios. Ese algo inmenso es el Jesús Cristo que el Espíritu Santo haya ido formando en ti y en mí por el dinamismo y poder del Anuncio, por el dinamismo y poder de la Palabra. 

Apocalipsis 21, 2-4
  Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de la presencia de Dios. Estaba arreglada como una novia vestida para su prometido. Y oí una fuerte voz que venía del trono, y que decía: "Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir."