Colosenses 1, 17-19
Cristo existe antes que todas las cosas, y por Él se mantiene todo en orden. Además, Cristo es la cabeza de la iglesia, que es Su cuerpo. Él, que es el principio, fue el primero en resucitar, para tener así el primer puesto en todo. Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de Él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia Él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz.
Amados: Si Cristo Jesús es la Cabeza del "Cuerpo" y, de hecho lo es, entonces el "Cuerpo", la "Ekklesía", [tú y yo] deberemos asemejarnos a la "Cabeza". Pero, jamás podemos asemejarnos a la "Cabeza", Jesús Cristo, a no ser que el Espíritu Santo de Dios logre asemejarnos a JESÚS. Esa es, precisamente, la obra santificadora del Espíritu Santo. ¡Por eso mismo llegó Pentecostés! Esa fue la razón por la que Jesús les advirtió a los discípulos, Hechos 1, 4: "Que no se ausentaran ni alejasen de Jerusalem, sino que esperaran Lo prometido por el Padre… "lo que me escucharon decir: 'que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados dentro de poco con Espíritu Santo!'"
Ese "Bautismo en el Espíritu Santo" es un acontecimiento distinto al "Bautismo en las Aguas". El "Bautizarte en las Aguas" es un mandato que dio Jesús para que tomásemos una decisión seria de seguirLe en verdad y de vivir el Anuncio que es Él. Haciéndote bautizar, haces pública tu decisión de seguirLe. De manera que, en el Bautismo en las Aguas, el mandato de Jesús es, en verdad – no "que te hagas inmergir en las aguas", sino – "que tomes una decisión por Él por seguir Sus caminos" y, así, incorporarte oficialmente a a Su Pueblo, a Su Ekklesía como "miembro vivo y dinámico".
El "Bautismo" con y en el Espíritu Santo es un mandato también de Jesús, pero nos llega como don y regalo que imploramos al Señor para que nos santifique y nos haga madurar en la decisión de seguirLe que por Él tomamos. Cuando el Espíritu Santo llega por vez primera a tu vida, comienza la tarea de formar en ti la imagen de la "Cabeza": Jesús Cristo. Al comenzar a formar la imagen de Jesús Cristo en ti - si tú se lo permites - el Espíritu Santo comienza a llenarte hoy, mañana y pasado…del fruto del Espíritu del que habla Gálatas 5, 22-25: "amor, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, control de sí…y otros" [[[amor para el Señor y para cada ser en este mundo; gozo aun en medio de las grandes dificultades; paz interior y en relación a los demás; paciencia, al igual que genuina dulzura en el trato con los otros; amables y respetuosos con las demás personas; confianza plena en el Señor Dios; humildes para reconocer las debilidades y para vivir la verdad y la valentía para decirnos "no" a nosotros mismos cuando nos acecha la tentación y decir "sí" al Señorío de Cristo Jesús…"]]] Cuando el Espíritu Santo comienza a llenarte de ese fruto, comenzamos a parecernos a Jesús Cristo, la Cabeza. ¡No somos "la Cabeza"! ¡La "Cabeza" es Jesús Cristo! No podemos ser "la Cabeza", pero sí podemos y debemos llegar a parecernos a Jesús Cristo. ¡No somos "la Cabeza", pero sí somos Su Cuerpo! Como Pueblo de Dios y como Ekklesía hemos sido llamados a ser parte del Cuerpo de Jesús Cristo.
Amados: En Gálatas 5, 22-23 hay un lista de los frutos del Espíritu Santo. Esa lista es sinónimo del "carácter" de Jesús Cristo. El "carácter" de una persona es el conjunto de rasgos, atributos y características, su manera de pensar, de sentir, de obrar y de vivir que le distinguen de todos los demás. ¡Jesús Cristo no reconoce otro cuerpo que aquél que se Le parece; Jesús Cristo no reconoce otro Pueblo o Ekklesía que aquél que tiene un carácter parecido al de Él!
Gálatas 5, 22-25
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús, ya han crucificado la naturaleza del hombre pecador junto con sus pasiones y malos deseos. Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe.