LA PALABRA DE DIOS PARA HOY

LA PALABRA DIOS PARA HOY

30 de agosto de 2011

BAJO LA BENDICIÓN DE DIOS

Número 6, 22
El Señor se dirigió a Moisés y le dijo: "Diles a Aarón y a sus hijos que cuando bendigan a los israelitas lo hagan de esta manera: 'Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad; que el Señor te mire con amor y te conceda la paz.' "Así ellos pronunciarán Mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré."

Amados: Vivir constantemente cobijados por la bendición y dentro de la bendición del Señor nuestro Dios, significa que vivamos la vida teniendo al Norte, al Sur, al Este y Oeste de nosotros al Señor, que tengas al Norte, al Sur, al Este y Oeste de ti LOS VALORES ETERNOS.

Fuimos llamados por el Señor, por lo eterno para vivir de una manera diferente, para vivir de cara a LO ETERNO. De manera que porque nuestra vida – un día – tomó ese rumbo eterno, tenemos que vivirla con nuestros ojos y nuestra mirada siempre en la meta. La meta es Jesús Cristo. Tienes que vivir la vida con tu corazón fijo en la llamada que un día recibiste de parte de Dios. Esa llamada te la hizo Dios Padre en Su Hijo: Jesús Cristo. Tienes que vivir la vida con tu voluntad empeñada en el premio que, por cierto, se llama Jesús Cristo.

Cuando vives de esa manera, hay algo que en ti está diciéndote: "¡Cuánta bendición ha llegado hasta mí, pero lo mejor está por venir¡" Cuando vivimos de esa manera, todo plan en nuestra vida tiene finalidad, todo caminar tiene esperanza y toda nuestra vida adquiere sentido y significado.

Juan 6, 66-68

66 Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. 67 Jesús les preguntó a los doce discípulos:
  -¿También ustedes quieren irse?
68 Simón Pedro le contestó:
  -Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna.
69 Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

27 de agosto de 2011

"ERAN LAS CUATRO DE LA TARDE."

Juan 1, 35-39
"Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Cuando vio que Jesús pasaba por allí, Juan les dijo: '¡Ahí está el Cordero de Dios!'
Al oír esto, los dos discípulos siguieron a Jesús. Jesús se dio vuelta, y al ver que lo seguían, les pregunta: '¿Qué buscan?'
Respondieron: 'Rabí, Maestro, ¿dónde vives?'
Les responde Jesús: '¡Vengan conmigo y lo verán!'
Ellos fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde."

Amados: Jesús no les preguntó: "¿A quién buscan?" Y no lo hizo porque ya esa pregunta de "¿A quién buscan?" estaría insinuando lo que ellos debían responder. Y, ciertamente, Jesús no quería colocar en los labios de aquellos dos lo que, quizá, no se encontraba aún en sus corazones. Cristo Jesús no anda en busca de la pleitesía ni la alabanza de boca de nadie. Cristo Jesús solamente busca corazones con una entrega de vida. Entonces y sólo entonces, "¡De la abundancia del corazón podrá hablar y alabar la boca!"

Los dos [ex-discípulos de Juan el Bautista] que se habían ido detrás de Jesús, no se esperaban la pregunta. Y, no hubo tiempo para prepararse para la respuesta. Amados: Las respuestas más genuinas salen de los corazones más sencillos y espontáneos, corazones que no tienen nada que esconder, corazones que no esperan que se les haga preguntas. Así ocurrió con aquellos dos que seguían a Jesús.

Jesús les pregunta, verso 38: "¿Qué buscan?", y ellos responden, a simple vista no a lo que Jesús pregunta. No, sino que responden a lo que experimentan sus corazones: "Respondieron: 'Rabí [Maestro], ¿dónde vives?'" Sin aquellos dos saberlo, ellos estaban dando una respuesta que haría saltar de gozo lo profundo del corazón de Jesús Cristo: "Rabí [Maestro], ¿Dónde vives?'"

Amados: Cada uno de ellos respondió a Jesús: "Maestro, quiero saber ¿dónde vives? No me basta, Rabí, intercambiar unas pocas palabras contigo como si fueras Tú para mí o yo para Tí un ave de paso, un conocido más a quien saludo en el camino, no. Te Lo pregunto, Rabí, te pregunto: "¿Dónde vives?" Y cuando Jesús escuchó el corazón de aquellos dos discípulos preguntarLe: "Rabí, ¿dónde vives?", Su respuesta a ellos es la misma que nos da a todos los que queremos seguirLe: "¡Vengan conmigo y lo verán!"

Cuando el Señor Jesús, nos invita y nos dice: "¡Vente conmigo y lo verás!", lo que les estaba diciendo a ellos y lo que nos está declarando, Él es: "Si te vienes conMIGO te voy a mostrar un mundo nuevo, te voy a llevar al cielo aquí sobre la tierra, te voy a llevar conmigo a las verdes praderas aun en medio del más árido desierto, te voy a mantener lleno, llena de mi Luz en medio de la más densa tiniebla."

Para la vida de aquellos dos discípulos fue tan dramático y trascendental, tan impactante y transfigurador lo que experimentaron de la persona de Jesús que jamás olvidaron ni un solo detalle de aquella tarde bendita. Nos dice el verso 39 que "eran las cuatro de la tarde" cuando ellos tuvieron la experiencia maravillosa que cambió toda sus vidas. Me imagino que no sólo habrán recordado el detalle de "las cuatro de la tarde" sino que habrán recordado cada segundo, cada minuto y cada respiración de aquel día cuando se encontraron con Jesús, el Cristo y se quedaron junto a Él. ¡A las cuatro en una tarde de primavera en Galilea aquellos dos comenzaron a experimentar vida verdadera!

Amados: Al igual que a aquellos dos discípulos, Jesús te invita diciéndote: "¡Ven conmigo y lo verás!" Esa invitación de Jesús te abre puertas que solamente Él puede abrir, puertas maravillosas por las que tú hallarás todo lo que completa y llena tu vida, todo lo que te impartirá dicha auténtica, todo lo que te conducirá por el camino recto, todo lo que te guiará a la verdad única, al amor que no se acaba y al gozo que no termina.

Salmo 103, 1-2
1Bendeciré al Señor con toda mi alma;
bendeciré con todo mi ser su santo nombre.
2Bendeciré al Señor con toda mi alma;
no olvidaré ninguno de sus beneficios. 

23 de agosto de 2011

LIBRES DE CONDENACIÓN

Romanos 8, 1-4
1Así pues, ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, 2porque la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, te liberó de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no pudo hacer, pues no era capaz de hacerlo debido a la debilidad humana: Dios envió a su propio Hijo en condición débil como la del hombre pecador y como sacrificio por el pecado, para de esta manera condenar al pecado en esa misma condición débil. 4Lo hizo para que nosotros podamos cumplir con las justas exigencias de la ley, pues ya no vivimos según las inclinaciones de la naturaleza débil sino según el Espíritu.

La carta a los Romanos llega a su cumbre cuando el autor inspirado exclama victorioso: "¡En conclusión, no hay condena para los que pertenecen al Mesías Jesús!" Amados: Es una de las páginas más ricas y bellas de Pablo, una página excelsa de la literatura religioso-espiritual de la humanidad. "¿Quién me librará…?", gritaba al final del párrafo precedente, refiriéndose a la naturaleza humana inclinada a la flaqueza y a la transgresión, aludiendo a lo que el ser humano es sin Dios y sin Su Unigénito, Jesús Cristo. Ahora, el autor inspirado responde a su grito: "Me librará Jesús Cristo, el Mesías, infundiendo en mí un nuevo principio más poderoso que la flaqueza de mi naturaleza humana, más potente que su instinto. Esa Fuerza Poderosa no aniquila mi instinto sino que lo somete y supera. Ese "Δύναμις: Dϋnamis", ese Poder es el Espíritu Santo."

Como podrán constatar: Están en oposición dos poderes: Espíritu e instinto [la carne; el ser humano como ser débil y caduco, los bajos instintos]; son contrapuestos "Pneuma" y "sarx".

Amados: El "instinto" es un dinamismo en nosotros, los humanos, que inspira y promueve acciones. Sin embargo, dejado a sí, se opone a Dios y conduce a la muerte definitiva – aun en vida. Pero el Espíritu de Dios en Jesús Cristo se instala en nuestro espíritu como principio de una vida nueva. Primero nos inspira acciones acordes con el Señor; después extiende Su poder hasta vivificar nuestro cuerpo mortal. En fin, es vencedor sobre nuestra debilidad ética y caducidad orgánica, y acaba salvando al hombre entero.

¡Qué gozo indecible! Antes vivíamos a merced de nuestro instinto desembridado. Las prohibiciones desafiaban nuestros bajos instintos y nos movían a la transgresión e íbamos de mal en peor, vencidos y frustrados. Pero, nos encontró la Persona Preciosa del Salvador, Jesús Cristo, e invadió nuestra vida el Poder pujante del Espíritu Santo.

Desde entonces – prescindiendo de la naturaleza de los acontecimientos temporales – nuestra vida, en la del Mesías, ¡es una vida de victoria!
El Señor Dios nos llamó a vivir bajo la constante bendición de Él. Es como únicamente se puede vivir para poder afirmar que vivimos, para que puedas afirmar que fuiste por Él llamado, llamada.

Romanos 8, 28-30
28Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito. 29A los que de antemano Dios había conocido, los destinó desde un principio a ser como su Hijo, para que su Hijo fuera el primero entre muchos hermanos. 30Y a los que Dios destinó desde un principio, también los llamó; y a los que llamó, los hizo justos; y a los que hizo justos, les dio parte en su gloria.

20 de agosto de 2011

LA PREGUNTA FUNDAMENTAL DE LA VIDA

Juan 1, 35-39
"Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Cuando vio que Jesús pasaba por allí, Juan les dijo: '¡Ahí está el Cordero de Dios!'

Amados: A sus discípulos, Juan el Bautista les señala a Jesús, el Cristo: "¡Ése es el Cordero de Dios!" Y, aquellos dos discípulos – nos dice la Palabra de Dios – siguieron a Jesús. ¡Acontecimiento memorable! Jesús va caminando y estos dos discípulos de Juan – después que el Bautista les señala a Jesús – se van detrás de Él…¡Jesús delante y ellos detrás…guardando la distancia de unos pasos! Asustadizos y tímidos, se habrán, quizá, dicho: "Ay, y ahora, ¿qué hacemos? ¿Qué Le decimos? Y, si nos pregunta Él algo, ¿qué Le vamos a contestar?" Al instante Jesús hizo algo que, por lo menos, yo esperaría que Él hiciera, algo que es característico de Jesús. ¿Qué hizo? Se volteó, se volvió, dio media vuelta y les habló...ÉL. Por decirlo así, Jesús facilitó el "encuentro" pues se encontró con ellos "a mitad del camino". Cuando Jesús se volvió y les dirigió la palabra, era el modo que Jesús tenía de abrirles la puerta para que ellos entraran.

Amados: El Señor nuestro Dios es quien, siempre, toma la iniciativa.

Cuando tú suspiras por el Señor y, por fin, te decides a buscarLe de verdad, el Señor no espera sentado a que tú - en la búsqueda – te canses demasiado buscándoLe y buscándoLe, no. El Señor – como sucedió con los discípulos de Juan, se voltea, sale a tu encuentro y se encuentra contigo a mitad del camino. Es más, tú nunca hubieras podido ni siquiera comenzar a buscar a Dios, el Señor, si no hubiera sido porque Él ya te había encontrado.

Al darse cuenta que Le estaban siguiendo, Jesús se voltea y les hace a estos dos una pregunta, la pregunta más fundamental y cardinal de esta vida, de esta existencia, verso 38: "¿Qué buscan?" Amados: Yo no puedo precisarte el ¿porqué?, o los ¿porqués? de Jesús al hacerles esa pregunta a aquellos dos. Pero lo cierto es que Jesús se voltea y les pregunta: verso 38: "¿Qué buscan?"

Amados: Sería, en extremo, saludable que – de vez en cuando – te colocaras un semáforo rojo en tu camino y te preguntaras: "¿Qué es lo que persigo yo en esta vida?", "¿Cuál es mi meta?" "¿Cuál es el blanco al que tira mi vida?" "Desde que me levanto por las mañanas hasta que toca mi cabeza la almohada, ¿qué es lo que, en verdad, estoy buscando allá en mis adentros?"

En esta vida, hay quienes se dan a la búsqueda de una seguridad material. Andan en busca de un puesto, de un trabajo relativamente seguro y estable que les devengue un sueldo, por lo menos mínimo, que baste para suplir las necesidades básicas, y poder ahorrar algo para los días malos. La meta de la seguridad material no es, en sí, mala o equivocada, pero es una meta inferior porque lo material es asunto insuficiente e inadecuado como para que gire alrededor de ello toda nuestra vida, o para que "apostemos" toda nuestra vida en busca, tan sólo, de lo material. Porque al fin de cuentas, en esta vida no hay ninguna seguridad en lo material. En esta vida, no hay tal cosa como seguridad material realmente segura.

Salmo 27, 4
     Una cosa pido al Señor, es lo que busco:
     habitar en la casa del Señor
     todos los días de mi vida;
     admirando la belleza del Señor,
     y contemplando su templo.