Juan 3, 3-8
3 Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios." 4 Dícele Nicodemo: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?" 5 Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7 No te asombres de que te haya dicho: Tienes que nacer de nuevo. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu."
Amados: No podemos entrar al Reino de Dios con las cosas y las costumbres del hombre y la mujer viejos. En la Primera Carta de Pablo a los Corintios el Señor nos da una pequeña lista de impedimentos que nos excluyen ahora y nos excluirán siempre del Reino de Dios, de la Ekklesía, de Su Comunidad y Su Pueblo. Corintios 6, 6-11: 6 Sino que pleitean hermano contra hermano, ¡y eso, ante los que no creen en el Señor! 7 De todos modos, ya es bastante desgracia que tengan pleitos entre ustedes ¿Por qué no se deciden a soportar las injusticias? ¿Por qué no se dejan más bien despojar? 8 ¡Al contrario! ¡Son ustedes los que perjudican y despojan a sus propios hermanos! 9 ¿No saben acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No sigan engañados! Ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni homosexuales, 10 ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni calumniadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios. 11 Al contrario, antes, ustedes eran de ésos; pero ustedes fueron lavados, han sido consagrados, han sido absueltos en el nombre del Señor Jesús Cristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
Amados: A veces pensamos que porque pedimos perdón a Dios, que porque sabemos que Él es misericordioso, que porque, además de nosotros, los demás a quienes ofendemos también se dan cuenta de que "somos humanos", pensamos que todo eso nos exime del cambio que se debe operar en nuestras vidas. Pero, no es así. Al contrario, todas esas razones exigen el cambio para que se pueda afirmar de cada uno de nosotros Colosenses 3, 9-10: "… pues ustedes se han despojado de la vieja condición con sus prácticas y se han revestido de la nueva, que por el conocimiento se va renovando a imagen de su Creador."
Amados: Como el gusano de seda sale del capullo convertido en mariposa, la acción del Espíritu de Dios realiza el cambio que es imposible para nosotros. Sólo tenemos que dejarnos llevar de la mano y el Espíritu Santo del Señor, nos señalará la dirección a seguir y logrará arrastrarnos, si es que no rechazamos la oportunidad que Él nos ofrece. Puede ser que desconozcas la forma en que actúa el Espíritu Santo o quizá crees saberlo, y piensas que es sólo con manifestaciones externas o físicas: levantar brazos, danzar, hablar en lenguas etc. Pero, aun cuando todo lo mencionado es legítimo como parte externa de una vida expresiva de alabanza, los efectos del Espíritu Santo son mucho más profundos. El hombre, la mujer, el joven o la joven en quienes el Espíritu Santo ha obrado el nacimiento de nuevo y de arriba son diferentes a todos los demás, no por sus gestos sino por sus obras. Ésos son, al fin y al cabo, nuevas criaturas y no son ya la misma persona. Nos lo dice Jesús en forma de poesía en Juan 3, 8: porque "El viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu."
En el evangelio de Juan 3 vemos que Nicodemo se retiró de su visita a Jesús, sin duda, impresionado. Ya hemos señalado dos gestos de su admiración hacia el Señor: ante los fariseos y ante la tumba. Ahora conocía directamente al Salvador. Pero, amados: Nicodemo: ¡Nunca fue contado entre los discípulos...nunca! Parecería que nunca quiso romper con su pasado. ¡Qué desgracia!
Amados: Todos necesitamos nacer de Arriba y de Nuevo. Los re-nacidos somos hijos de Dios: Juan 1, 12: "Pero a los que Lo recibieron les hizo capaces de ser hijos de Dios, a los que creen en Él, los que no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne ni del deseo del varón, sino de Dios." Es una nueva forma de vivir por, para y en el Señor nuestro Dios, llevados y movidos por Su Espíritu. Efesios 4, 22-24: "Ustedes - exige el Señor por medio del Apóstol: despójense de la conducta pasada, de la vieja humanidad que se corrompe con deseos falaces; renuévense en espíritu y mentalidad; revístanse de la nueva humanidad, creada a imagen de Dios con justicia y santidad auténticas."
Amado, amada: Decídete a caminar y a vivir como criatura y humanidad nueva, como verdadera posesión de Dios. Y todos se darán cuenta de que eres nacido de Arriba. Se darán cuenta de que eres posesión de Dios y de que eres "una antorcha encendida" que, en Jesús, te atreves a iluminar a este mundo.
Mateo 5, 14
14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte.
15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa.
16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.
26 de julio de 2011
RE-NACIDOS
24 de julio de 2011
NACIDOS DEL ESPÍRITU
Juan 3, 5-9
5Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7No te asombres de que te haya dicho: Tienes que nacer de nuevo. 8El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu." 9Respondió Nicodemo: "¿Cómo puede ser eso?"
Amados: Jesús, el Cristo, da una revelación a Nicodemo: La Revelación del rompimiento con el pasado. Jesús le exigió a Nicodemo y nos exige una calidad de vida inalcanzable para el ser humano porque no viene de nosotros. Sencillamente viene de Arriba, de Lo Alto, de Dios, del Espíritu y eso se consigue con la acción regeneradora del Espíritu Santo. Nacer de nuevo es un cambio radical que da una nueva identidad y una nueva relación con Dios y con Sus criaturas. Como magistralmente lo dice la Segunda Carta a los Corintios 5, 17: "Por tanto, el que está en Cristo, es una Nueva Creación; pasó lo viejo, todo es nuevo." Es por la acción regeneradora de darnos un nuevo ser, de darnos una nueva humanidad simbolizada en el binomio, en el conjunto de agua y Espíritu que recibimos la nueva calidad de vida propia del Reino de Dios. El Reino de Dios es una comunidad de vida en la que se cumple la voluntad de Dios del mismo modo que se hace en el cielo. Esto es la verdadera Ekklesía: una sociedad según el plan y proyecto de Dios y Su Santo Espíritu interiorizado en la vida de la criatura nueva. Es la dependencia en Dios, como el Padre amoroso, tal como lo presenta Jesús Cristo: Marcos 10, 15: "Yo les aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en Él." Por ello, cuando pronunciamos esas sentencias personales a Dios conocidas como, el "Padrenuestro" y llegamos a la sentencia que dice: "Venga a nosotros Tu Reino", es imprescindible añadir el paralelismo aclaratorio que dice: "Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el cielo." El que "venga el Reino de Dios sobre nosotros" es lo mismo que decir: Que Él, que Dios, gobierne absoluta y soberanamente sobre nuestras vidas. Pero, para que eso sea verdad, la voluntad de Él tiene que hacerse en nuestras vidas. El "Venga Tu Reino" y el "Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el cielo" es una decisión madura y gozosa en la que se vive la realidad de: "Señor Mío: ¡Yo acato Tu voluntad para mi vida."
Amados: Entonces, cuando vivimos de esa manera, la vida eterna se nos descubre, se nos despliega como la vida de Dios ya ahora y aquí. De modo que estaremos en comunión y en relación con El Eterno. Desde luego, es el Señor quien lo habrá hecho posible y es el Señor quien establece la diferencia y se lo recuerda a Nicodemo: Juan 3, 6: "Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu." Es por eso, que Jesús concluye en: Juan 3, 5: que "…el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios."
Amados: Debo confesar que muchos y, algunas veces, yo mismo he atribuido el simbolismo del agua - tal cual aparece en la lectura - al Bautismo en las aguas. Pero cuando Jesús pronuncia estas frases a Nicodemo, Él aún no había dado a los discípulos Su mandato de que nos hiciéramos bautizar: Mateo 28, 19-20: "Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que Yo les he mandado. Y he aquí que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo." El Señor no pide, pues, que se cumpla algo que todavía no existe. Por tanto, debemos reconsiderar el sentido del texto: la mención del Espíritu Santo, significa que la acción del nacimiento nuevo, de arriba y del Espíritu es la iniciativa de Dios. Así escribe Pablo a Tito 3, 47: "Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y Su amor a los hombres, Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino según Su misericordia, por medio del baño de regeneración y renovación (nacidos de nuevo y de arriba) del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesús Cristo nuestro Salvador, para que, justificados por Su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna."
Es la definición del Espíritu como agua fecundante y regeneradora tal como Jesús enseñó a la Samaritana: Juan 4, 14: "... pero el que beba del agua que Yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna." En ambos casos se trata de un símbolo que tiene su complemento cuando la Sangre (el Amor manifestado), y el Agua (el Espíritu como amor comunicado), se unen en un testimonio definitivo. Esto lo vemos cuando en la Cruz uno de los soldados Le abrió a Cristo Jesús el costado con la lanza: Juan 19, 34: "…al instante salió Sangre y Agua."
Salmo 9, 2-3
Te doy gracias, Señor, de todo corazón
contando todas tus maravillas;
quiero festejarte y celebrarte
cantando en tu honor, Altísimo.
21 de julio de 2011
LA RESPONSABILIDAD DEL DISCIPULADO
Juan 3, 1-4:
1Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2Fue éste a Jesús de noche y le dijo: "Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él." 3Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios." 4Dícele Nicodemo: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?"
Amados: Nicodemo era parte de la autoridad legislativa y judicial en Israel. Era miembro de la Corte Suprema conocida como el Sanedrín, de la que se nos habla en Marcos 14, 55: "Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darLe muerte; pero no lo encontraban. También era uno de los 70 varones reconocidos y elegidos para examinar y juzgar las causas civiles y religiosas de Israel. Sin duda, era un rígido observante de la Ley, es decir del Pentateuco, Ley que era considerada como la suprema expresión de la Voluntad Divina para la humanidad y cuyo cumplimiento - según las enseñanzas de la Ley Judía - aceleraría la llegada del Mesías. Y con el Mesías, se aceleraría la llegada del Reino de Dios sobre la tierra.
A este Nicodemo - como ha sucedido con tantos - le habían impresionado las palabras de Jesús. Por tal razón, porque le impresionaron las Palabras de Jesús y la Persona de Jesús, por ello, ante sus colegas del Sanedrín, aunque tímidamente, argumenta a favor de Jesús: Juan 7, 50-51: "Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente a Jesús: "¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?"
Pero, amados, llegó un momento que para Nicodemo ya era demasiado tarde pues cuando mataron a Jesús, dice el Evangelio de Juan 19, 39: junto a José de Arimatea: "Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras." La historia de Nicodemo se parece tanto a la historia de muchos. Por un ratito, Le son algo fieles a Jesús y después llega el olvido. Lo mismo aconteció con Nicodemo pese a las historietas que de él se cuentan. La imaginación popular ha dado origen a muchas leyendas acerca del discipulado de Nicodemo y su fidelidad a Jesús Cristo. Pero todo ha sido leyenda y no hechos históricos. La verdad es que el supuesto discipulado y la supuesta entrega de Nicodemo es algo totalmente hipotético.
Jesús le dio su oportunidad a Nicodemo pero él tuvo miedo y no se atrevió a asumir el riesgo y la responsabilidad del discipulado, del seguimiento a Cristo Jesús hasta la sangre y hasta la muerte. Es de notar que, Nicodemo, estaba "teológicamente" mejor preparado que cualquiera de los discípulos de Jesús - con excepción de Pablo - de modo que hubiera podido llegar a ser un gran discípulo y un gran genuino seguidor de Cristo Jesús. ¡Hubiera podido!
Nicodemo le habla en plural a Jesús: Juan 3, 2: "…SABEMOS que has venido de Dios." Amados: Hay que temerle a la gente que gusta y acostumbra hablar en plural. Es como si estuvieran escondiéndose detrás de la muchedumbre. Por ejemplo: "tenemos que seguir al Señor." "Nosotros vamos a sacrificarnos por el Señor." "Nosotros vamos a dar la vida por el Señor." Pero sea cual sea la razón, Jesús acepta el reconocimiento en las palabras de Nicodemo: Juan 3, 2: "…Rabbí, SABEMOS que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que Tú realizas si Dios no está con él." Jesús acepta el reconocimiento de "maestro excepcional" y actúa en consecuencia echándole encima a Nicodemo un gran problema: verso 3: "Jesús le respondió: 'En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto: griego: "anothen": de nuevo, de arriba no puede ver el Reino de Dios'." En griego "anothen" puede significar "otra vez" o "de arriba".
Pero Nicodemo interpreta la expresión de Jesús de forma errónea y en sentido temporal. Nicodemo ignora el sentido de procedencia, es decir, nacer de Arriba, nacer de Dios, nacer del Espíritu que es el sentido que quiere darle Jesús. Ante lo radical y la "aparente absurdez" del Maestro, Nicodemo objeta y tiene "peros". Entonces las preguntas de Nicodemo se vuelven retóricas y se vuelven labiosamente tontas y, sin darse cuenta o sin querer darse cuenta de la gran afirmación de Jesús, Nicodemo Le señala a Jesús la imposibilidad de lo que Jesús le está diciendo: Juan 3, 4: "¿Cómo puede uno nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?"
Jesús le afirma a Nicodemo que: "¡No se trata de que vuelvas al pasado, al vientre materno otra vez! ¡Eso no viene al caso! ¡Al contrario! Lo que tú buscas - le recalca Jesús usando otras imágenes - no podrás jamás encontrarlo en ningún vientre materno o carnal; lo que tú buscas, no lo encontrarás si no es con un cambio de mente: un cambio en el sentir, pensar y en el obrar y asumir responsabilidad en la vida y tomar decisiones del agrado de Mi Padre del Cielo.!" Para Jesús Cristo el nacer de Arriba, de Nuevo, de Dios, del Espíritu no es resultado de un esfuerzo humano, sino que esa realidad es posible y surge, cuando el amor de Dios halla eco en el corazón humano y en la persona que es humilde. Ése es quien recibe la salvación de nuestro Dios.
Miqueas 2, 12-13
12Yo te reuniré todo entero, Jacob;
congregaré tus supervivientes, Israel;
los juntaré como ovejas en un corral,
como rebaño en la pradera,
y se oirá el barullo de la multitud.
13Delante avanza el que abre camino,
los demás lo siguen,
atraviesan la puerta y salen:
delante marcha su rey,
el Señor a la cabeza.
17 de julio de 2011
NICODEMO
12 de julio de 2011
ESPÍA DE DIOS
9 de julio de 2011
EL ESCUDO DE LA FE
13 “Por eso, tomen las armas de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, mantenerse firmes.
14 ¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre EL ESCUDO DE LA FE, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
Amados: El Poder del Mal, siempre está listo para atacarte con un sinnúmero de dardos y flechas: dardos de duda; dardos del desamor de los demás, aun en la propia familia; dardos de los insultos que vengan sobre ti; dardos de incomprensión; dardos de sufrimientos físicos y emocionales; dardos de desconfianza para impedirte confiar plenamente en el Señor; dardos de calumnia de los demás. Pero la defensa tuya es que coloques entre tú y el Maligno el Escudo de la Fe. Amado, amada: La Fe se fundamenta en la Palabra de Dios, en lo que Dios, el Señor es y en lo que Dios el Señor dice. La Fe no depende de revelaciones individuales extra bíblicas, ni de sensacionalismo religioso, ni de ninguna cultura pueblerina y supersticiosa. Tampoco depende del rezo de oraciones, ni de ningún otro acto mecánico como lo es recitar de memoria versos de la Biblia o persignarse como en un acto reflejo. La Fe depende de la Revelación Divina, es decir: Al escuchar la Palabra de Dios con corazón abierto y humilde, el Señor nuestro Dios te da Fe y produce – en ti – Fe.
Sigue el Espíritu Santo, utilizando la imagen del soldado en la batalla, del soldado vestido con su armadura y en posesión de sus armas. verso 16: “embrazando siempre el Escudo de la Fe…” El término griego empleado por el Espíritu Santo en la Palabra para referirse al “Escudo” es: thûreón: θυρεόν, y bien podría referirse a la forma como de “puerta” que los escudos tenían. En griego, “puerta” es “thûron: θυρων” y bien podría referirse a la forma rectangular u ovalada de “puerta” que los escudos tenían.
La base del escudo era de hierro o de madera, cubierto de capas de cuero. Antes de la batalla y – de ser posible – varias veces durante la batalla, el cuero – el escudo en su cubierta de cuero – se mojaba con agua y así empapado de agua el cuero del escudo, ayudaba a apagar las flechas encendidas que lanzaba el enemigo y las hacía resbalar sobre el cuero mojado del escudo. Amados: Hemos de estar siempre empapados con el Agua Viva del Espíritu Santo para que resbalen y se apaguen los dardos encendidos que lancen los enemigos y el Maligno.
El verso 16 nos manda a embrazar siempre el Escudo de la Fe. Pablo emplea el “escudo” como una aplicación espiritual de la Fe. La palabra griega para Fe es: písteos: πίστεως, e implica una “firme persuasión, una firme convicción en la Palabra y el Mandato del Comandante nuestro Jesús Cristo. Él es la Palabra que sana, levanta, transforma y da vida.
Amados: A veces, en la batalla, el soldado romano se ponía de rodillas para, con su escudo, defenderse del ataque enemigo. En ese momento, el escudo le cubría totalmente. La Fe tuya, la Fe entera como entero es un grano de mostaza, en otras palabras: Jesús Cristo, tu Escudo, cubre tu vida y cubre tu ser cual Escudo y, más aun, cuanto te pones de rodillas en frecuente oración y continua adoración.
El soldado romano mojaba varias veces en agua, el cuero que cubría su escudo, haciéndolo resistente a las saetas, a los dardos, a las flechas incendiadas por el enemigo. Tú, amado, amada: ¡Moja, empapa, constantemente, tu Fe en el Agua de la Palabra de Dios y en los ríos y mares del Espíritu Santo. Si haces eso, cuando el Maligno lance sus dardos de dudas sobre ti, resbalarán y no te harán daño.
Para que seas vencedor, vencedora, para que obtengas siempre la victoria, asegúrate de que el Escudo que levantas sobre toda tu vida no sea Escudo ni de los sentidos, ni de las emociones, ni del fervor pasajero, ni del razonamiento sino que levantes bien en alto: EL ESCUDO DE LA FE, de una Fe respaldada por una vida rendida a los pies de Jesús Cristo el Señor. Con el Escudo de una Fe invencible y, calzados tus pies con EL CELO POR JESÚS y la Buena Noticia, el Maligno huirá de ti y, por otra parte, los demás que vean tu celo por Jesús y tu Fe inconmovible, esos cambiarán el rumbo de sus vidas y, como tú, seguirán a Cristo Jesús, el Señor para volverse contigo: ¡PODEROSO EJÉRCITO DE JESÚS CRISTO, EL COMANDANTE EN JEFE, EL REY de Reyes y de Señores, EL ÚNICO GRAN SEŇOR!
Salmo 11, 5-7
5El Señor vigila a justos y a malvados, y odia con toda su alma a los que aman la violencia.
6El Señor hará llover sobre los malos brasas, fuego y azufre, y traerá un viento que todo lo quemará. ¡El Señor les dará su merecido!
7El Señor es justo y ama lo que es justo; ¡por eso lo verán cara a cara los sinceros!
5 de julio de 2011
LAS SANDALIAS DEL CELO POR EL EVANGELIO
14 ¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el Escudo de la fe, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
Amados: Las sandalias usadas por los soldados de la Antigua Roma se llamaban en latín: caliga: cáliga en español. Es un detalle – por demás interesante – que la palabra “caliga” igualmente significaba servicio militar. Era requerido al soldado romano, llevar sandalias o, más bien, botas: “caliga en latín”. Eran botas, no altas, más bien bajas y livianas para que el soldado pudiera avanzar hacia el enemigo sin mayor peso y sin ninguna preocupación, como bien nos insta y recuerda el Espíritu Santo en Hebreos 12, 1-2 cuando nos habla de que tenemos que correr la carrera de esta vida como seguidores de Cristo Jesús y hemos de correrla sin mucho peso encima: “…desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala; corramos con constancia la carrera que nos espera…fijos los ojos en Jesús.”
Amados: Tú y yo, a diario, tenemos que caminar los caminos de la vida y frente a nosotros – ciertamente – vamos a toparnos con tantos obstáculos. La mayoría de ellos serán invisibles, porque no sabrás tú ni yo ¿de dónde vienen, ni cuándo, ni por qué? Los soldados romanos, se amarraban las botas con tiras de cuero alrededor de la pierna. Amarrarse las sandalias, así como el ungimiento de los escudos, era parte del ritual ceremonial del soldado romano. Los soldados se ponían las botas y ungían sus escudos y, al hacerlo, se arrodillaban como diciendo: “Me amarro las botas y agarro el escudo ungido y sé que estoy preparado para la lucha y la victoria.” Tú -amado, amada- tienes que caminar por esta vida, liviano, liviana de cualquier peso que te estorbe y, si al caminar lo haces con el celo por anunciar a Cristo Jesús y Su Buena Noticia, entonces – te lo aseguro – entonces, no te harán daño alguno, los obstáculos que encuentres por el camino, porque el celo por dar la Buena Noticia y Su Evangelio te valdrá, siempre, para toda la protección que necesites.
Amados: Somos parte de la Milicia del Señor nuestro Dios, somos soldados en el Ejército de la “Ekklesía” militante aquí sobre la tierra. Cuando el Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo te dice: verso 15: “…calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz…”, el Espíritu Santo emplea la expresión “calzado” o “sandalias” para darte a entender el movimiento dinámico de la Palabra de Dios, de la Buena Noticia, de el Anuncio, del Evangelio por medio de ti y de mí. ¡La Palabra de Dios es poderosa y tiene un movimiento, un dinamismo que nadie lo puede controlar! De hecho, la palabra para “evangelio” en griego es: eúaggelíon: εύαγγελίον: eu: buen, buena y aggelion: noticia, notificar. La imagen es la de alguien que está corriendo para notificar, para anunciar algo hermoso y sin precedentes. Implica movimiento, implica la acción de traer, llevar, proclamar, notificar, anunciar la Buena Noticia que es Jesús Cristo, Salvador, Rey y Comandante en Jefe. Como ilustración, te doy un ejemplo: Alguien, en algún momento de tu vida, te anunció, te habló de Jesús Cristo, para que ahora tú le des esa Buena Noticia a otro, a otra y ese otro u otra le hablará a otro u otra y ese otro u otra le hablará a otro u otra y así multiplicándose hasta que todos caigan postrados ante Dios, el Señor en Su Hijo: Jesús Cristo.
Amados: Las suelas de las botas del soldado romano se amarraban al pie y a la pierna – como ya te mencioné – con tiras de cuero. Si, de veras quieres, tú, seguir al Señor como a Él Le gusta, debes tener, por decirlo así, tener esas “botas” del Evangelio amarradas con las tiras de la disposición y la disponibilidad; con las tiras del compromiso serio; con las tiras del celo por el Señor y por las cosas del Señor; con las tiras de la santa pasión de que todos los que están perdidos conozcan y vivan al Señor: Isaías 52, 7: “Cuán hermosos son sobre los montes los pies del heraldo que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “¡Ya reina tu Dios!”
Salmo 9, 1-2
1 Oh Señor, quiero alabarte con todo el corazón y contar tus muchas maravillas. 2 Oh Altísimo, por ti quiero gritar lleno de alegría; ¡quiero cantar himnos a tu nombre!
2 de julio de 2011
LA CORAZA DE LA JUSTICIA
14 ¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como CORAZA, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
17 Tomen, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…”
Amados: Para el soldado romano, la CORAZA era una defensa, sobre todo para el pecho. Consistía en una protección de cuero o de lona fuerte en la que se cosían o remataban placas de bronce y, posteriormente, de hierro; también se usaron con escamas y cotas de malla entrelazada. Los soldados romanos debían mirar siempre hacia el frente en la batalla, nunca hacia atrás, como nos recuerda la Palabra: Filipenses 3, 13: “Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante.” También, durante la batalla y en el frente de batalla, debía estar un soldado inmediatamente al lado del otro soldado, como formando una pared impenetrable frente al enemigo. Así debiéramos ser y vivir nosotros como Ekklesía: unidos como familia e intocables por el poder del mal, como guerreros santos del Comandante en Jefe: Jesús Cristo, armados con las armas del Señor y asegurándonos la victoria sobre cualquier enemigo. Si así vivimos, entonces se cumplirá, también, en nosotros lo de la Palabra de Dios en los Hechos de los Apóstoles que nos hablan de los seguidores de Jesús en la Primera Comunidad:
“…Todo el mundo estaba asombrado, pues los apóstoles realizaban muchos milagros y señales… La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos.
Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía.
Amados: Una de las palabras y realidades más bellas y que el ser humano ha deformado y violado es la palabra: JUSTICIA. En el nombre de la JUSTICIA se han cometido los crímenes más horrendos. Y esto siempre sucederá cuando estos conceptos como por ejemplo: el concepto de JUSTICIA o de lo que es Verdad: cuando esos conceptos parten no de Dios sino del hombre. Cuando es el ser humano quien decide lo que es JUSTICIA o lo que es VERDAD, vamos a tener “muchas formas de justicia” y “muchas versiones de verdad” y todas ellas serán mentira ante el Señor, nuestro Dios. Al fin y al cabo, las medias verdades resultan ser la peor mentira y la media justicia, el crimen mayor. Si queremos saber lo que es JUSTICIA, basta con mirar, ver, conocer y vivir a la Persona de Jesús Cristo. Jesús Cristo es la JUSTICIA de Dios y en Él está y se encuentra la JUSTICIA del Todo Poderoso Dios. Nos lo dice claramente el Espíritu Santo en: 1 Corintios 1, 30 cuando nos dice que Dios Padre nos dio a Jesús como JUSTICIA, santificación y redención: “De Él les viene que estén en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de origen divino, JUSTICIA, santificación y redención…”
Jesús Cristo es la JUSTICIA de Dios. Revístete, pues, de Cristo Jesús. Jesús Cristo es lo único y todo aceptable a Dios, el Señor. La JUSTICIA Divina ha de ser nuestra CORAZA. He ahí tu CORAZA; he ahí mi CORAZA: se llama: Jesús Cristo. La CORAZA para el soldado romano consistía de dos partes: una para la espalda y la otra para el pecho. Eran fabricadas a la medida anatómica de quien la llevaba – es decir: la CORAZA era hecha a la medida - y, entre los militares de rango elevado, era también: símbolo de autoridad y honor. Amado, amada: ¡TU CORAZA ES JESÚS CRISTO! Si lo llevas siempre puesto, la CORAZA tuya Jesús Cristo te hará salir vencedor y vencedora en todas tus batallas, en todas tus guerras.
Salmo 4, 1
1 Dios y defensor mío, ¡contéstame cuando te llame! Tú, que en mi angustia me diste alivio, ¡ten compasión de mí y escucha mi oración!