Efesios 6, 14: “¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la VERDAD…”
Amados: El cinto era parte de la armadura romana que se empleaba en el combate. En el idioma de los romanos: el latín, se le conocía como “cingulum”: cíngulo. Parte de la función del cinto, del “cingulum”, era ayudar a sostener el peso de la coraza. La “coraza” (la palabra “cuero”, en español, es de la misma familia que la palabra “coraza”), la coraza era una armadura de busto, hecha de cuero, hierro o acero compuesta de peto (pecho) y espaldar.
El Espíritu Santo, por medio de Pablo, emplea el cinto como aplicación espiritual de la VERDAD. La palabra griega para la VERDAD es: “ALETHEÍA”: άληθεία. Sabemos que Jesús el Cristo, es: la VERDAD y tan solo eso debiera bastarnos para saber lo que es la VERDAD que es, Jesús Cristo.
Si Cristo Jesús es la VERDAD, entonces, será VERDAD y únicamente verdadero todo y únicamente lo que encuentre aceptación y aprobación, dentro de Jesús, todo lo que esté ceñido, por decirlo así, por Jesús Cristo el Señor quien es la VERDAD.
Cuando el Espíritu Santo nos manda a ajustarnos el cinto de la VERDAD, a que nos ciñamos con la VERDAD, el Espíritu Santo te está impulsando a que te dejes ceñir, ajustar, apretar y manejar por Cristo Jesús y a vivir una vida aceptable a Cristo Jesús quien es la VERDAD. Te está impulsando, el Señor, a vivir en delicada honestidad, pureza e integridad de carácter. Te está llamando el Espíritu Santo a vivir alejado, alejada de toda apariencia, engaño, fingimiento e hipocresía. Te está mandando el Señor a brillar – así como el soldado romano – en la batalla – brillaba ante el enemigo – te manda el Señor a brillar con santidad frente a todo este mundo oscuro y enfermizo y frente a los enemigos del Señor nuestro Dios.
Amados: La VERDAD lleva impresa el carácter del mismo Dios: del Dios Trino: El carácter de Dios Padre: Salmo 31, 6: “En tus manos encomiendo mi espíritu; rescátame, Señor, Dios de la VERDAD.” E Isaías 65, 16: “Quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén [ el Dios de la VERDAD ] y quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén[ el Dios de la VERDAD ]…” La VERDAD lleva impresa el carácter de Dios Hijo: Juan 1, 14: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de la gracia y la VERDAD.” En Juan 14, 6: “Le dice Jesús: “Yo soy el Camino, la VERDAD y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” La VERDAD lleva impresa el carácter de Dios Espíritu Santo: Juan 14, 17: “…el Espíritu de la VERDAD, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes le conocen, porque mora con ustedes.” Y en 1 Juan 5, 6: “…Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la VERDAD.”
Amados: El Padre Dios, es la VERDAD; el Hijo Dios es la VERDAD; el Espíritu Santo Dios es la VERDAD. El CINTO DE LA VERDAD deberá, por siempre, ceñir nuestra razón, nuestra conciencia, nuestra conducta y todo nuestro vivir. El Anti-Dios, el Anti-Cristo, el Anti-Espíritu Santo nos ha declarado la guerra y lo ha hecho de muchas formas y por medio de muchas personas: familiares y no familiares; amigos y enemigos; conocidos y extraños; nos ha declarado la guerra por medio de una sociedad corrupta y de una “religión” y “cristianismo” sin Cristo. Nosotros, sin embargo, nosotros que pertenecemos a la milicia de Jesús Cristo, llevamos las de ganar. Nuestra lucha es contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas y que actúan, con sus agentes humanos, sobre la tierra. No obstante, nosotros tenemos a nuestro favor que las armas nuestras son las del Señor nuestro Dios y venceremos y nos mantendremos firmes porque: “Si el Señor está por nosotros, a favor nuestro, ¿quién podrá estar contra nosotros?”
Amados: Los que seguimos y vivimos a Jesús Cristo somos receptores de la VERDAD que Cristo Jesús ha implantado dentro de nosotros. Y si somos receptores de la VERDAD, somos, por tanto, transmisores y heraldos de la VERDAD que apunta y señala hacia Jesús Cristo, el Señor que es la VERDAD, y el Camino y la Vida.
Salmo 3, 1-3
1 Señor, muchos son mis enemigos, muchos son los que se han puesto en contra mía, 2 ¡muchos son los que dicen de mí: "Dios no va a salvarlo"!
3 Pero tú, Señor, eres mi escudo protector, eres mi gloria, eres quien me reanima.
28 de junio de 2011
25 de junio de 2011
LA PANOPLIA ESPIRITUAL
Efesios 6, 10-17
10 “Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en la fuerza de Su poder. 11 Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Maligno. 12 Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. 13 Por eso, tomen las armas de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, mantenerse firmes.
14 ¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
17 Tomen, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…”
Amados: El Espíritu Santo, por medio de Pablo habla exclusivamente de la panoplia espiritual, del conjunto de armas espirituales de quienes queremos, en serio, vivir a Cristo Jesús.
La imagen que el Espíritu Santo utiliza por medio del apóstol Pablo, la toma del soldado romano ya dispuesto y preparado para ir al combate en el frente de batalla. En el tiempo en que el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribir la Carta a los Efesios, la mayoría de los adultos seguidores de Jesús Cristo y que leían o escuchaban leer la Carta a los Efesios, fácilmente se identificaban con ella en relación al combate espiritual que estaban – de seguro – teniendo en esos precisos momentos y que seguirían teniendo en contra de las fuerzas malignas del mundo. Al fin y al cabo, los verdaderos seguidores de Cristo Jesús siempre hemos estado rodeados de enemigos de por dentro y de enemigos de por fuera. ¿Acaso no es la verdad? Pero, estos seguidores de Jesús sabían que su Señor y Dios les había provisto de la armadura necesaria para vencer en el combate.
Amados: El día mismo de la batalla, los comandantes romanos exigían a sus soldados a mantenerse firmes, a no ceder en la lucha y, de ninguna manera, podían darse a la retirada, es decir, a retroceder sino más bien, a siempre, siempre, siempre, ir hacia adelante. Ahora entendemos mejor lo que el Espíritu Santo nos manda en los versos 10-11:
“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en la fuerza de Su poder. Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Maligno.”
En el seguir al Señor nuestro Dios, no hemos de ceder jamás en la lucha y, de ningún modo, podemos darnos a la retirada. ¡Nunca podemos ceder; nunca podemos darnos a la retirada; nunca! Mejor y más noble es morir, luchando por el Señor nuestro Dios y Su gloria que vivir por muchos años escondidos en nuestra cobardía.
Este mundo, en estos precisos momentos, está pasando por tiempos muy difíciles y por eso hemos de estar espiritualmente preparados porque es gran verdad que: como peces apresados en su red, como pájaros atrapados en la trampa, así se enredan y se trastornan los seres humanos cuando un mal momento les cae encima de repente. Por eso, en todo momento, hemos de estar preparados – con las armas del Señor nuestro Dios – preparados para el combate en el orden del espíritu.
Salmo 5, 11-12
11 Alégrense los que buscan tu protección; canten siempre de alegría porque tú los proteges. Los que te aman, se alegran por causa tuya, 12 pues tú, Señor, bendices al que es fiel; tu bondad lo rodea como un escudo.
10 “Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en la fuerza de Su poder. 11 Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Maligno. 12 Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. 13 Por eso, tomen las armas de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, mantenerse firmes.
14 ¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, 15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que puedan apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
17 Tomen, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…”
Amados: El Espíritu Santo, por medio de Pablo habla exclusivamente de la panoplia espiritual, del conjunto de armas espirituales de quienes queremos, en serio, vivir a Cristo Jesús.
La imagen que el Espíritu Santo utiliza por medio del apóstol Pablo, la toma del soldado romano ya dispuesto y preparado para ir al combate en el frente de batalla. En el tiempo en que el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribir la Carta a los Efesios, la mayoría de los adultos seguidores de Jesús Cristo y que leían o escuchaban leer la Carta a los Efesios, fácilmente se identificaban con ella en relación al combate espiritual que estaban – de seguro – teniendo en esos precisos momentos y que seguirían teniendo en contra de las fuerzas malignas del mundo. Al fin y al cabo, los verdaderos seguidores de Cristo Jesús siempre hemos estado rodeados de enemigos de por dentro y de enemigos de por fuera. ¿Acaso no es la verdad? Pero, estos seguidores de Jesús sabían que su Señor y Dios les había provisto de la armadura necesaria para vencer en el combate.
Amados: El día mismo de la batalla, los comandantes romanos exigían a sus soldados a mantenerse firmes, a no ceder en la lucha y, de ninguna manera, podían darse a la retirada, es decir, a retroceder sino más bien, a siempre, siempre, siempre, ir hacia adelante. Ahora entendemos mejor lo que el Espíritu Santo nos manda en los versos 10-11:
“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en la fuerza de Su poder. Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Maligno.”
En el seguir al Señor nuestro Dios, no hemos de ceder jamás en la lucha y, de ningún modo, podemos darnos a la retirada. ¡Nunca podemos ceder; nunca podemos darnos a la retirada; nunca! Mejor y más noble es morir, luchando por el Señor nuestro Dios y Su gloria que vivir por muchos años escondidos en nuestra cobardía.
Este mundo, en estos precisos momentos, está pasando por tiempos muy difíciles y por eso hemos de estar espiritualmente preparados porque es gran verdad que: como peces apresados en su red, como pájaros atrapados en la trampa, así se enredan y se trastornan los seres humanos cuando un mal momento les cae encima de repente. Por eso, en todo momento, hemos de estar preparados – con las armas del Señor nuestro Dios – preparados para el combate en el orden del espíritu.
Salmo 5, 11-12
11 Alégrense los que buscan tu protección; canten siempre de alegría porque tú los proteges. Los que te aman, se alegran por causa tuya, 12 pues tú, Señor, bendices al que es fiel; tu bondad lo rodea como un escudo.
21 de junio de 2011
LAS ARMAS DE DIOS
Efesios 6, 14
14 “¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza...”
Amados: La “verdad” debe ceñir la vida, la conducta y el comportamiento de quienes nos consideramos – además de redimidos – discípulos del Señor Jesús. Somos producto de la Verdad que es la Persona misma de Jesús Cristo y, por ende, somos hijos de la Verdad. Si Le pertenecemos a Jesús Cristo, quien es el Camino, entonces gozamos de Jesús quien es la Vida verdadera por aquello de que: Vivimos en la verdad y estamos en la verdad, pues Jesús mismo afirmó:
Juan 14, 16: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
Amados: La vida tuya y mía en relación al Señor es una milicia: con sus enemigos, armas y aliados:
2 Corintios 10, 3-5: “Es cierto que somos humanos, pero no luchamos como la gente de este mundo.” ¡No!, las armas de nuestro combate no son las que usa este mundo, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas…”
[como diciendo: “como es la causa de Dios la que defendemos, por eso utilizamos las armas de Dios, que no son las de este mundo, pero al usar las armas de Dios, podremos derrumbar los muros más altos, conquistar la montaña más alta, lograr – en el Señor – lo que para otros es imposible.
La imagen que nos da el Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo es de una batalla contra enemigos aguerridos y peligrosos. Jefe enemigo es el “Poder del Mal”. Éste tiene a sus órdenes un ejercito de poderes subalternos de “espíritus diabólicos” que actúan en la atmósfera sublunar, es decir, que actúan aquí sobre la tierra. Aunque la panoplia, es decir: la descripción de la armadura completa – en la lectura que hicimos – no sea totalmente completa como pudiéramos pensar, no obstante, podemos sacarle, a ésta, una muy útil aplicación para nuestra vida de auténticos seguidores del Señor Cristo Jesús.
Amados: El Antiguo Testamento habla metafóricamente de las armas de Dios. Se habla metafóricamente como quien usa comparaciones, porque las armas de Dios y las nuestras no son ni pueden ser como las de los ejércitos de los seres humanos. El Antiguo Testamento habla de las armas de Dios, por ejemplo en el Salmo 7, 13, en el Salmo 18, 40 (39) y en Isaías 59, 17. Sin embargo, ell desarrollo más notable del tema de las armas de Dios en el Antiguo Testamento se lee en el libro de Sabiduría. El libro de Sabiduría, por cierto, es uno de los nueve libros en el Antiguo Testamento que no son aceptados, como “inspirados por Dios” por las religiones protestantes, evangélicas, pentecostales etc. Sin embargo, este libro de la Sabiduría y los otros ocho, de hecho, son aceptados por la religión católico-romana y todas las religiones ortodoxas. A favor de aceptar como libro inspirado este libro de la Sabiduría está el hecho de que el Apóstol Pablo, en la lectura de Efesios 6, 10-17 e inspirado por el Espíritu Santo, parece estar “citando literalmente” o, por lo menos, parafraseando con bastante exactitud, el texto en Sabiduría 5, 17-20:
“Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos; por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero, tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.”
Desde luego, lo anterior que les leí en ese libro de la Sabiduría 5, 17-20 es una ampliación, a su vez, de Isaías 59, 17, uno de los tres textos en donde se habla metafóricamente de las “armas de Dios”. Aquí, en Isaías 59, 17: se describe a Dios, el Señor como un guerrero armado con Sus armas, hasta el tope:
“Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en Su cabeza. Se puso como túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto.”
14 “¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza...”
Amados: La “verdad” debe ceñir la vida, la conducta y el comportamiento de quienes nos consideramos – además de redimidos – discípulos del Señor Jesús. Somos producto de la Verdad que es la Persona misma de Jesús Cristo y, por ende, somos hijos de la Verdad. Si Le pertenecemos a Jesús Cristo, quien es el Camino, entonces gozamos de Jesús quien es la Vida verdadera por aquello de que: Vivimos en la verdad y estamos en la verdad, pues Jesús mismo afirmó:
Juan 14, 16: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
Amados: La vida tuya y mía en relación al Señor es una milicia: con sus enemigos, armas y aliados:
2 Corintios 10, 3-5: “Es cierto que somos humanos, pero no luchamos como la gente de este mundo.” ¡No!, las armas de nuestro combate no son las que usa este mundo, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas…”
[como diciendo: “como es la causa de Dios la que defendemos, por eso utilizamos las armas de Dios, que no son las de este mundo, pero al usar las armas de Dios, podremos derrumbar los muros más altos, conquistar la montaña más alta, lograr – en el Señor – lo que para otros es imposible.
La imagen que nos da el Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo es de una batalla contra enemigos aguerridos y peligrosos. Jefe enemigo es el “Poder del Mal”. Éste tiene a sus órdenes un ejercito de poderes subalternos de “espíritus diabólicos” que actúan en la atmósfera sublunar, es decir, que actúan aquí sobre la tierra. Aunque la panoplia, es decir: la descripción de la armadura completa – en la lectura que hicimos – no sea totalmente completa como pudiéramos pensar, no obstante, podemos sacarle, a ésta, una muy útil aplicación para nuestra vida de auténticos seguidores del Señor Cristo Jesús.
Amados: El Antiguo Testamento habla metafóricamente de las armas de Dios. Se habla metafóricamente como quien usa comparaciones, porque las armas de Dios y las nuestras no son ni pueden ser como las de los ejércitos de los seres humanos. El Antiguo Testamento habla de las armas de Dios, por ejemplo en el Salmo 7, 13, en el Salmo 18, 40 (39) y en Isaías 59, 17. Sin embargo, ell desarrollo más notable del tema de las armas de Dios en el Antiguo Testamento se lee en el libro de Sabiduría. El libro de Sabiduría, por cierto, es uno de los nueve libros en el Antiguo Testamento que no son aceptados, como “inspirados por Dios” por las religiones protestantes, evangélicas, pentecostales etc. Sin embargo, este libro de la Sabiduría y los otros ocho, de hecho, son aceptados por la religión católico-romana y todas las religiones ortodoxas. A favor de aceptar como libro inspirado este libro de la Sabiduría está el hecho de que el Apóstol Pablo, en la lectura de Efesios 6, 10-17 e inspirado por el Espíritu Santo, parece estar “citando literalmente” o, por lo menos, parafraseando con bastante exactitud, el texto en Sabiduría 5, 17-20:
“Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos; por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero, tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.”
Desde luego, lo anterior que les leí en ese libro de la Sabiduría 5, 17-20 es una ampliación, a su vez, de Isaías 59, 17, uno de los tres textos en donde se habla metafóricamente de las “armas de Dios”. Aquí, en Isaías 59, 17: se describe a Dios, el Señor como un guerrero armado con Sus armas, hasta el tope:
“Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en Su cabeza. Se puso como túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto.”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)